El Rubius, ¿la última víctima de las redes sociales?

Millennialsinfluencersyoutubers, etc. Jóvenes llamados a marcar -y depender de- las redes sociales en todas sus formas posibles y mediante ellas a su generación, son el mejor ejemplo de la sobreexposición a la que hemos decidido someternos como forma de vida. Una forma en la que las personas hemos decidido coger una poderosa herramienta tecnológica y en muchas ocasiones pervertirla negocio mediante.

Personalmente, no soy un usuario convencional de YouTube. Es cierto que entro varias veces a la semana en el portal de vídeos pero también lo es que no sigo canales personales (mi único placer confeso es el de las recetas de Jamie Oliver). Tengo claro que la videoteca de Google es exclusivamente eso: una videoteca. Igual que tengo claro que Instagram es un enorme catálogo de empresas y Facebook una forma “estupenda” para que recopilen información sobre nosotros y luego se vendan al mejor postor.

Probablemente a estas alturas muchos os preguntaréis que hace un tipo como yo publicando en un blog de tecnología. La clave está en el primer párrafo: la tecnología para mi es un medio no un fin. Y las redes sociales comenzaron bajo esta idea y han acabado justo al revés. Cosas del capitalismo más moderno y radical.

Toda una generación nos comportamos del mismo modo que lo hicieron los que vivieron las bondades de la Segunda Revolución Industrial. Hay que innovar, hay que tecnificar, hay que automatizar, hay que deshumanizarlo todo. Hasta las personas.

Volviendo al protagonista del titular del post, Rubius, el youtuber más importante de España ha decidido tomarse un descanso tras siete años “generando entretenimiento para millones de personas” (según Magnet). Es cierto que no he visto gran cosa sobre el entretenimiento que genera. Como mucho vídeos que me han compartido a través de WhatsApp. Pero, sinceramente creo que se está desvirtuando mucho el sentido de entretenimiento. Y eso que soy un fan confeso de Transformers -me conformo con poco para pasar un buen rato, ya veis-.

Rubius ha lanzado un mensaje a su millonaria audiencia -unos 30 millones de personas- en la que dice que necesita descansar por culpa de la ansiedad que le genera su trabajo. Ansiedad en una persona que vive de vendernos una vida feliz. Sí, más o menos realista, pero en YouTube ocurre exactamente lo mismo que en Instagram y en Facebook con las fotos y vídeos de felicidad absoluta en la que los usuarios tienen varias opciones de comportamiento: imitar a famosos que parecen felices -y probablemente lo sean por los miles de euros que ingresan por cada imagen que cuelgan-, demostrar a los demás que son felices -cuando sus vidas son iguales que las demás: con los altibajos que nos depara la realidad- o ser un “troll”: una persona en guerra con el mundo que solo tiene razón -la sociedad se equivoca-. ¿Hay términos intermedios? Por supuesto que sí. Sin embargo, por experiencia propia, no me cabe duda de que las redes sociales nos radicalizan ideológica y sentimentalmente. Y si no llegamos al estándar de felicidad que se espera de nosotros o los demás nos marcan somos unos fracasados sociales 2.0.

Y por eso, la generación más tecnológica de la Historia es también, según algunos estudios -también enlazados en Magnet- la más ansiosa. Un 12% de los nacidos después de 1981 la sufren y, según explican, las cifras van en aumento. Y eso incluye mejores diagnósticos y una desestigmatización de las enfermedades de este tipo, pero también un mayor índice de intentos de suicidio. Y es que lo que algunos estudios llaman el “perfeccionismo multidimensional” y Rubius define como querer hacer el 100% de las cosas y hacerlas al 100%, se ha agravado con las redes sociales.

Al fin y al cabo, son las que sirven para “medir” el éxito de las personas según unos estándares sociales -estos sí se han multiplicado con esas redes sociales- gracias a la pérdida de control paulatina que estamos teniendo de nuestra esfera privada y unos valores que, aunque suene manido, están cambiando la sociedad hacia una más materialista.

Es la era del narcisismo y el individualismo que, históricamente, han sido sinónimos de soledad. Y esta lo retroalimenta. Es la competición con uno mismo bajo unos parámetros supuestamente sociales que crean una brecha entre nuestra generación y la anterior. Hasta 2017 la depresión era la enfermedad mental más extendida del planeta. Desde hace unos meses lo es la ansiedad: afecta a nuestro sueño, afecta a nuestra memoria, afecta a nuestro apetito, afecta, en definitiva, a nuestra condición humana.

Rubius es una víctima de las redes sociales, sí, pero también de su éxito y de su incapacidad para gestionarlo. El éxito de YouTube, por desgracia, suele ir más unido a la cantidad de material que a la calidad del mismo. Rubius no ha bajado el nivel hasta sentir esa ansiedad porque durante muchas semanas ha ido aparejado a ingresos millonarios. Lo más curioso es que su sistema resulta interesante para miles de estudiantes en todo el mundo. Lo que se supone un trabajo “fácil” es al fin y al cabo un trabajo similar al de cualquier presentador televisivo que necesita enganchar a sus telespectadores para colocarles publicidad. Lo hemos dicho siempre, la generación más formada de la Historia no es capaz de entender que cuando no te cobran por un bien o servicio es porque ese bien o servicio eres tú. Tardaremos en entenderlo, probablemente. Mientras en Silicon Valley seguirán facturando.

YouTube, evolución hacia los contenidos responsables

Hace pocos días tuvimos la suerte de participar en el Palacio de Congresos Euskalduna en unas charlas enmarcadas dentro del Bizkaia Summer Jaia – Social Fest organizado, entre otros, por itresbilbao. En el evento pudimos ver de primera mano el tremendo poder de atracción que tienen las estrellas de las redes sociales entre nuestros jóvenes. Especialmente aquellos que se ganan la vida en YouTube.

La verdad es que las cifras de ésta última apabullan: en el mundo hay unos 7.600 millones de habitantes que poseen 3.000 millones de smartphones. También hay 1.500 millones de personas que se conectan al menos una vez al mes a YouTube para consumir o colgar contenidos (con lo que el resultado final es mayor) y, de media, consumen una hora de vídeo desde sus teléfonos. Unas cifras inalcanzables para su gran competidor: la televisión. Los datos, por cierto, los da Susan Wojcicki, consejera delegada de la empresa, en la última VidCon.

Todo esto enmarcado en el lanzamiento de un nuevo formato compatible de la red social: los vídeos de 180 grados. Aunque tienen una sensación de inmersión menor que los de 360 grados, son mucho más baratos de conseguir puesto que las cámaras de 360 aún siguen siendo muy caras. Asimismo, también anunciaron el acuerdo con LG, Lenovo y Yi para potenciar su llegada al mercado con tarifas competitivas.

La grabación se podrá realizar horizontal o verticalmente y la app (una de las más descargadas en todas las plataformas) se actualizará para dar un mejor soporte a los contenidos y, de paso, adaptarse al nuevo diseño que ha recibido la web.

A día de hoy YouTube es la primera fuente de contenidos para jóvenes, adolescentes y niños (aunque los padres no controlen todo el contenido al que acceden los pequeños) y es eso lo que hace que la empresa se esté centrando en una mejor gestión de lo que se ofrece a cada consumidor -habitualmente tiene que ver con el historial de reproducciones con lo que nos muestra lo más atractivo aunque sean vídeos inapropiados-.

Es cierto que existen opciones como YouTube Kids pero los legisladores aún no se han puesto manos a la obra para controlar determinados contenidos del mismo modo que están haciendo con las noticias falsas en Facebook. Para muchos es más complicado al tratarse de un soporte más similar a los medios de comunicación convencionales y, sobre todo, por el enorme volumen de contenido que se crea cada minuto (unas 300 horas).

La empresa se debate entre generar un sistema de selección de creadores más estricto -que rompería con el propio fin para el que fue creado este proyecto- o directamente dejar hacer a los legisladores y adaptarse a sus designios (la Unión Europea está comenzando a preparar legislación para regular la forma de emitir contenidos online). De momento, son los anunciantes los que están creando un marco puesto que no quieren ver cómo sus productos y marcas quedan ligados a contenidos poco adecuados.

En cualquier caso, como dijo Wojcicki, la propia YouTube sabe que tiene una importante responsablidad con la propia sociedad para convertirse en un entorno responsable y respetuoso.

Streaming, YouTube se quiere sumar a la guerra

El primer paso fue YouTube Red, un servicio de suscripción a vídeos que tenía como atractivo a sus principales YouTubers. La idea era ser el complemento perfecto a Google Music añadiendo como mejora a la competencia que su contenido era mucho más actual y, sobre todo, original. Esto suponía un reto, llenar el portal de clips y contenidos con buena calidad tanto en contenido como en forma. Algo nada sencillo y bastante caro.

Esto ha hecho que la empresa filial de Google haya decidido salir también al mercado a adquirir contenidos y la primera serie “tradicional” en pasar a formar parte de su catálogo se llama Step Up, una adaptación de la popular saga de baile que, por cierto, también ha sido convencional en cuanto a precio. La empresa ha pagado varios millones de dólares por capítulo.

Ahora, el reto, es que se sumen a su adaptación y formen parte del elenco de actores los rostros más conocidos de entre los youtubers. Puede parecer un movimiento arriesgado pero los vídeos de baile son los más populares en el portal y empezar con un contenido ya conocido en formato por el público puede ser sinónimo de éxito. No olvidemos que House of Cards, el gran éxito de Netflix es una adaptación de la serie homónima de la BBC.

La ventaja del gigante de internet a la hora de conseguir buenos proyectos, una vez más, está en la cartera. Lionsgate confirmó que el motivo por el que habían elegido YouTube para vender la serie es que a diferencia de los estudios tradicionales no exigen comprar solo un piloto y luego un paquete de episodios, el músculo financiero de Google les permite comprar la temporada entera “a ciegas”.

La estrategia no es nada habitual (de momento solo la aplica Netflix y suponemos que Amazon tendrá que adaptarse a ella si no quiere perder los contenidos más interesantes) pero coloca a las nuevas plataformas en ventaja respecto a los estudios tradicionales.

Nos surge la duda de cómo funcionarán los derechos de esta serie. YouTube Red solo está operativa en Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda y, aunque la empresa lleva tiempo planificando su llegada a Europa, podría verse tentada de ceder los derechos de la primera temporada a otra compañía para saber si sus propuestas se adaptan al mercado continental.

Como contrapartida, vemos que Netflix está luchando por recuperar derechos de sus series de bandera y que HBO Premium se estrenará en varios mercados sin contar con Juego de Tronos, entre otras. De momento YouTube Red no debería preocupar a los canales “clásicos” sea cual sea su formato ya que, aunque se trata de una plataforma global, tiene un público objetivo muy diferente. Sin embargo, la apuesta por los contenidos originales puede suponer un grave problema para las empresas que ofrecen paquetes domésticos así como para la hasta ahora intocable Netflix.

Humm, el puente entre Spotify y YouTube

A pesar de que haya artistas que sigan mostrando reticencias a las plataformas de música en streaming y que algunos inversores no estén muy seguros de su viabilidad (algunas de las más prestigiosas tienen pérdidas crónicas), éstas han demostrado ser la única vacuna contra la piratería y, sobre todo, la tecla que la industria llevaba más de una década intentando tocar para que el consumo volviera a subir.

Por eso no nos extraña que cada vez haya más plataformas en el mercado. Algunas encabezadas por titanes de Silicon Valley (como Apple y Music) y otras independientes que siguen siendo la referencia año tras año (Spotify, Pandora, Deezer, etc.). Todas ellas tienen algo en común: o bien son de pago o, si son gratuitas, incorporan publicidad e interrumpen la música cada cierto número de canciones.

La última en saltar a la palestra es Humm, una propuesta española que además de prometer música ilimitada de forma legal, totalmente gratis y sin anuncios. El servicio funciona tanto a través del navegador web como de en equipos Android. En su blog aseguran que pronto llegarán a iOS aunque dicen que podrían demorarse más de lo deseado.

Humm hace uso de la API de YouTube para exportar hasta nuestro navegador más de 50 millones de canciones (bastantes más que Spotify y Apple Music) que están colgadas en el catálogo del portal de vídeos en cualquier formato: desde videoclips hasta covers o grabaciones en directo.

Tirar de la base de datos de YouTube es lo que permite contar con toda la música que se quiera sin anuncios. Además, también permite que no tengamos que registrarnos para escuchar música. Basta con buscarla y reproducirla. Eso sí, si queremos acceder a las funciones de personalización tendremos que crear una cuenta. Como siempre funcionalidad y privacidad son opuestas.

Una de las ventajas que le vemos -aunque en otras páginas lo consideran una desventaja- es que siempre que creamos una lista o reproducimos una canción, a la izquierda del controlador aparece el vídeo de la canción que estamos escuchando. También aparece una lista de las próximas canciones que escucharemos. Del mismo modo que Spotify podremos marcar canciones favoritas y crear listas con ellas. Además, con nuestros gustos podremos generar una radio personalizada y una radio de descubrimientos para que aumentemos nuestra variedad musical.

Muy al estilo Apple Music -pero ciertamente mejor desarrollado- en el apartado de Ajustes podremos decirle a la plataforma los estilos musicales que nos gustan para que cada vez acierte más a la hora de hacernos propuestas. Como los principales streamers de música, no será difícil encontrar los artistas del momento y las leyendas de la industria. Como ventaja, el fondo de YouTube permite que, con mucha paciencia, se encuentren también rarezas y grupos fuera del mainstream.

Todavía en fase beta, el proyecto parece de lo más ambicioso. Permite conectar nuestras cuentas a las de Spotify -aunque haya que rebuscar bastante para hacerlo- y está abierta a terceros para que los desarrolladores generen nuevas funcionalidades tanto en Humm como en futuras aplicaciones para otros equipos. Con solo un 1% de la población dispuesta a pagar por la música en streaming y con una población que pasa poco a poco de estas opciones a los videoclips, Humm quiere posicionarse como el puente que una Spotify y YouTube. Tiene mucho camino por delante pero también tiene buenos mimbres para lograrlo.

China, ¿un universo paralelo en internet?

El mundo está más “unificado” que nunca (vayamos más allá del término económico, globalizado). Las tecnologías de la información se antojan -internet mediante- como un puente indestructible entre cualquier emisor y receptor del planeta. La primavera árabe es, probablemente, el ejemplo más social que hemos visto en este siglo. Sin embargo, más allá de este paradigma que nos venden las grandes firmas de Silicon Valley, la realidad indica que hay regiones del planeta en el que su forma de entender las redes y la tecnología es diametralmente opuesto al occidental.

El mejor ejemplo de lo que hablamos es, sin duda, China. El mercado más deseado por las empresas capitalistas. Un mercado con más de mil millones de clientes potenciales donde la publicidad -eje de los ingresos de Google y Facebook, por ejemplo- adquiere cifras mareantes. Donde hacerse con un 1% más del mercado -caso de Apple- dispara los beneficios y donde fidelizar clientes que compren en nuestra tienda (el sueño de Jeff Bezos) sacaría a Amazon de las pérdidas constantes.

El sistema de censura promovido por las autoridades de Pekín durante décadas se tradujo en una suerte de intento de poner puertas al campo (internet) y ante la imposibilidad de esta tarea se creó un mercado paralelo multimillonario de compañías “equivalentes” a las californianas.

Carlos Otto, de El Confidencial, hizo hace unos días un resumen perfecto de las principales empresas chinas en todos los ámbitos donde hay un gigante intocable en occidente. Equivalentes perfectos en el gigante asiático de Facebook, Twitter, Amazon, Youtube y Google.

El ejemplo más claro de equivalencia es, sin duda alguna, Baidu. El gran portal a la red de redes en China tiene un motor de búsqueda a la altura de los de Mountain View, Yahoo! o Bing. ¿Cuál es entonces la diferencia? No hay ningún contenido en él que atente contra los intereses del gobierno del país. Sin embargo, lo que hizo famoso al buscador fue la demanda que multitud de discográficas interpusieron contra la empresa porque ofrece búsquedas directas a archivos (y descargas) musicales. El Alto Tribunal de Pekín la protegió porque las descargas se hacen desde webs de terceros. El gran rival de Google cotiza incluso en Nasdaq donde es un valor recomendado y donde exhibe su fuerza en su mercado doméstico.

Como bien explica Otto, la vida digital china va mucho más allá del buscador. Weibo personaliza la evolución digital de la sociedad del país. Después de los disturbios de Urumch, Pekín se decidió a bloquear el acceso a ciertas redes sociales. Twitter, cómo no, fue una de las primeras. El resultado fue el nacimiento de esta plataforma de microblogging de la mano de SINA Corporation. Prácticamente calca a la red del pájaro azul: 140 caracteres por mensaje y más de 300 millones de usuarios que están continuamente bajo la lupa del censor. Todo este músculo de usuarios también la hace cotizar con éxito en Bolsa.

Y donde se puede copiar Twitter se puede copiar Facebook. Su nombre es Renren y su parecido con Facebook y todas sus herramientas es insultante. Solo hay algo en lo que no le hace sombra a los de Mark Zuckerberg: sus 160 millones de usuarios no están lejos de los más de 100 de sus dos rivales. El primero es Kaixin001 y el segundo Pengyou, una evolución desde un servicio de mensajería instantánea. Ninguno de ellos ha conseguido el éxito de Weibo y se han acabado compartimentalizando y buscando usuarios diferentes. Sin embargo, cualquier red social “minoritaria” occidental haría lo que fuera por conseguir sus clientes.

Un caso aparte parece Youku. Sobre el papel es el Youtube chino pero en la práctica lleva tiempo permitiendo a sus usuarios colgar vídeos de la duración y calidad que deseen y más allá de los vídeos domésticos han creado una plataforma que crece incesantemente dentro y fuera de china gracias a contenidos como películas o programas de televisión que hacen asociados con una cadena nacional.

El último caso que resalta el periodista de Teknautas es el de Alibaba. Es el mejor ejemplo de empresa que se ha “externalizado” desde China. Su salida a Bolsa es la mayor OPV de la historia (obtuvieron 25.000 millones de dólares). Sus acciones desde entonces crecen de forma sostenida y fiable gracias a su continua expansión por todos los mercados. Es cierto que Amazon sigue siendo la referencia en todo el mundo, pero también lo es que Alibaba crece mucho más rápido y que es el único rival al que Bezos teme (y con razón).

Nosotros añadiríamos más ejemplos como WeChat, el servicio de mensajería instantánea desarrollado por Tencent QQ que se ha convertido en el estándar absoluto en las comunicaciones del país. Incluso como identificador en las relaciones empresa-cliente de casi todos los ámbitos del mercado. Su evolución tecnológica es similar a la de Youku ofreciendo posibilidades que a día de hoy la referencia occidental (WhatsApp) no tiene. ¿Su talón de Aquiles? Ha sido puesta en cuarentena en multitud de ocasiones por ser la plataforma de lanzamiento de decenas de contenidos con spyware y malware.