Carta abierta a la alcaldesa de Leioa sobre la prohibición de llevar perros sueltos

Sra. alcaldesa:

Le presento mis respetos y le dirijo esta carta para manifestarle mi enojo y protestar por la permisividad de la autoridad municipal para con los dueños de los perros que campan a sus anchas por el parque de Artaza.

Soy incapaz de decir si me gustan los perros o si me disgustan. Unos me resultan simpáticos y otros antipáticos, no puedo generalizar al respecto. He tenido, eso sí, experiencias traumáticas con algunos aunque, en el fondo, esto es irrelevante a los efectos del asunto que me ocupa hoy.

Siendo un crío un perro gigantesco (con cinco o seis años casi todos lo son) me persiguió con saña hasta que mi padre consiguió, corriendo tras él y valiéndose de un sombrero, alejarlo de mi estela. Cuando era ya adolescente, uno de grandes dimensiones que participaba en una feria canina que se celebraba en Portugalete me lanzó un bocado; lo hizo sin inmutarse ni haber emitido antes señal intimidatoria alguna, como si su intento fuese la mera demostración de su talento o su casta. Solo me rozó la mano, pero el incidente dejó huella indeleble en mi ánimo. Desde entonces trato a los perros con prevención o, mejor dicho, mantengo una actitud de prevención ante ellos porque, de hecho, me abstengo de cualquier trato. El último trago lo pasamos cuando dos canes de gran tamaño salieron, en una zona rural de Asturias, al camino por el acabábamos de pasar y permanecieron allí impidiéndonos regresar a pie al lugar en el que residíamos; tuvimos que llamar a un taxi para que fuera a recogernos a la aldea en la que habíamos hallado refugio de la lluvia intensa que caía sobre nosotros.

Paseamos a menudo. Nos gusta hacerlo por lugares agradables: parques, jardines e itinerarios al borde del mar, a poder ser. Confieso que no somos en esto muy originales. O sea, no nos gusta caminar junto a carreteras; pasan coches y desprenden gases desagradables, además de nocivos; no es la actividad más saludable que hay. Tampoco nos gusta andar a paso rápido entre calles; hay mucha gente y semáforos que entorpecen la marcha. Y es que andamos por placer y también porque el médico así nos lo ha recomendado. La plaza peatonal de nuestro bloque se nos queda pequeña; recorrer todo su perímetro no nos lleva más de tres o cuatro minutos. Y el pasillo de nuestro hogar no es una opción.

Así que salimos de casa, subimos por la calle Estartetxe, accedemos a Basañese, atravesamos Neguri y llegamos a Ereaga. Al llegar al final de la explanada del Puerto Viejo de Algorta damos la vuelta y regresamos. Volvemos por el Antiguo Golf y entramos en Artaza. Como he dicho antes, no nos gusta caminar junto a la carretera y la de la Avanzada es una de las más transitadas del territorio. Pero en Artaza, en el parque de Artaza, hay perros. Perros sueltos, quiero decir. Lo digo porque en las entradas sendos letreros indican en vasco y en castellano que está prohibido tenerlos sueltos en el parque.

La prohibición existe desde hace tiempo. Supongo que desde que el parque es público. Hace unos años, sin embargo, unos cuantos dueños de perros se organizaron y protestaron contra la prohibición. Llegaron a manifestarse tras una pancarta. Pedían que se les dejase tener sueltas a sus mascotas en el parque. Tras unos tiras y aflojas el ayuntamiento accedió a que pudiesen soltar a sus perros en una zona delimitada a tal fin. De hecho, en diferentes lugares ajardinados del pueblo aparecieron, de un día para otro, unos postes de pequeña altura pintados de azul. Marcaban, al parecer, las zonas en que se podía soltar a los perros. También en Artaza aparecieron los postes, en una parte de su zona alta, para ser precisos. Un espacio amplio, despejado, y de fácil acceso. La consecuencia de aquel acto permisivo fue la que cabía esperar: desde entonces, corretean a su antojo por el parque, por todo el parque, casi todos los perros que entran en él. Son excepción los que van atados. Y no los hay en mayor número en la zona habilitada para su solaz; se distribuyen de forma uniforme por todo el recinto.

En cierta ocasión, en un paseo de madrugada se me abalanzó un perro y posó sus extremidades anteriores en mi camiseta, a la altura de mis pectorales. Increpé a los dueños, pero la discusión se saldó con amenazas por su parte. Nos ha ocurrido más veces en Artaza; hace un par de años, en otro paseo matutino, el dueño de un gran perro a quien recriminamos que lo llevara suelto nos ofreció (literalmente) “unas hostias”; declinamos el ofrecimiento, por supuesto, y nos largamos raudos de allí. Pero el susto no nos lo quitó nadie; se puso muy agresivo.

Hemos sufrido más episodios desagradables. Los perros sueltos no siempre saben con quién pueden jugar y con quién no. Tampoco suelen tener demasiado cuidado cuando se lanzan a la carrera a por la rama de turno. Y los dueños no suelen reaccionar con mesura cuando se les recuerda que no está permitido hacer lo que hacen. Si llegan a ofrecer alguna justificación para su comportamiento, lo primero que dicen es que su perro es inofensivo, que solo quiere jugar o que no molesta a nadie. Pero al insistir y señalar que si no es aconsejable confiar en el criterio de un homínido, menos lo es confiar en el de un cánido, suelen reaccionar con enojo, defendiendo la calidad “cuasi-humana” o bondad de su animal de compañía y acusándonos de intolerantes e incomprensivos. No sirve de nada recordarles que hay una norma, que las normas suelen existir por buenas razones, y que están para ser cumplidas.

En algunas de estas tesituras hemos llamado por teléfono a la policía local. Con efectos nulos, he de decir. La última ocasión en que lo hice, hace cosa de un mes, la persona que respondió al teléfono me dijo que tomaba nota y que enviaría un coche cuando quedase libre alguno. Debe de ser la respuesta estándar para tales demandas. Lo cierto es que estuvimos cerca de una hora en la terraza del bar (la casa del guardia en la puerta principal) y no apareció ningún coche. Ni nadie. Los perros siguieron corriendo a su antojo.

Sra. alcaldesa, mi queja no es banal. Lo más probable es que en la vida de un ayuntamiento haya grandes asuntos por abordar: planes urbanísticos, lucha contra la exclusión social (es un suponer), mantenimiento de las infraestructuras viarias, ordenanzas varias y otros de similar o mayor calado. Al lado de esas cosas, que los perros anden sueltos o atados quizás le parezca baladí o, si acaso, algo menor.

Para mí no lo es. Por dos razones. La primera es que me hago mayor y con la edad –nos pasa a muchos- cada vez soy más cascarrabias. Y el caso es que este asunto de los perros sueltos hace que me ponga como una hiena cada vez que paseo por los parques o que me acuerdo de ello. Porque el incumplimiento de la norma, en la práctica, me expulsa de ciertas zonas a cuyo acceso no tengo por qué renunciar: limita injustificadamente mi libertad y mis derechos. Y la segunda es más importante: una norma cuyo incumplimiento se tolera no solo es inútil sino que, además, constituye un mal ejemplo. ¿Por qué habría de respetar otras normas quien sabe que puede vulnerarlas impunemente? ¿Por qué habría yo de respetar las que me desagradan? ¿Por qué habría de bajar la basura a las horas establecidas? ¿Por qué habría de abstenerme de tirar peladuras de plátano en las aceras? En fin, no hace falta que siga: si no se cumplen, las normas están para hacer que se cumplan[1]. O al menos, a mí así me lo parece.

Respetuosamente, se despide su convecino.

Juan Ignacio Pérez

[1] Aunque pueda parecer absurda como conjetura, no lo es; esta proposición de tan simple enunciado es la conjetura de hoy.

21 comentarios sobre “Carta abierta a la alcaldesa de Leioa sobre la prohibición de llevar perros sueltos”

  1. Me gustan los perros, de hecho tengo uno, pero estoy absolutamente de acuerdo con esta “conjetura”, ya que hace un tiempo , al pasear por Artaza (y sin niños) lo había estado pensando. Creo que con bebés es aún más delicado el tema.

    Respecto a las llamadas a la policía local, me gustaría que fueran tan eficientes en este caso de los perros como cuando acuden “raudos” a la llamada de cualquier vecino aburrido por un par de minutos aparcado para un comercio ,(ejemplo Bº Iturribide). Y no una vez, sino muchas veces.

  2. Buenos días.
    Soy también vecino de Leioa y estoy totalmente de acuerdo con lo expuesto por J. Ignacio.
    Leioa es uno de los municipios que conozco con más áreas para que los perros puedan estar sueltos, lo cual solo sirve para que al final estén sueltos por todos sitios. Respecto a lo de recordar a los dueños de los canes la obligación de llevarlos atados lo normal es cuanto menos que no hagan ni caso, malas miradas y malas contestaciones.

    Tengo una hija de cuatro años y yo no tengo que hacer actos de fe en que determinado perro no hace nada y es muy bueno como dice su dueño. El perro tiene que estar atado y yo no tengo porqué meterme entre mi hija y el perro (obviamente lo haré siempre), estos algunas veces de raza peligrosa.
    Espero se tomen medidas por parte del Ayuntamiento de Leioa, pues lo que está claro es que los dueños no suelen tomarlas y ante los recordatorios además no reaccionan muy bien.
    Saludos

  3. Completamente de acuerdo. Me gustan los perros, pero no tengo por qué aguantar que un perro muy inofensivo y simpatico me rompa las medias, ni que se me cruce por delante cuando voy con la bici. No digo nada de los grandes, que esos lo siento, pero me asustan. Y los dueños, efectivamente, se comprotan como si no se puediera decir nada.

  4. Opino exactamente lo mismo.En más de una ocasión que me he quejado a los dueños se me han echado encima.
    Yo he tenido vivencias con niños pequeños y lo que he oído en más de una ocasión al decir que atender al perro (tanto en Artaza como en Pinosolo!) ha sido que lo que hay que hacer es enseñar a los niños a no temer a los perros.No les temo, les respeto,ante un bebé, un perro es una posible amenaza ya que es más fuerte.
    Opino que se debería vigilar mucho más este aspecto y que todos respetasemos la normativa.

  5. Me solidarizo con esta misiva de Juan Ignacio, y la hago extensiva al Ayuntamiento de Getxo, por cuyas playas, plazas y parque abundan perros sueltos.

    Me declaro defensor de los animales, y de sus “derechos”,… y por ello mismo espero y confío que más pronto que tarde las “mascotas” se prohíban (como los toros), porque las ciudades no son para que puedan vivir los benditos animales.

    Mis antepasados tuvieron perros pastores que campaban por el Gorbea. Llegamos a tener un inolvidable perro callejero, que recogió mi padre de Bilbao, pero que llevamos a vivir al campo, a Ubide. Nunca lo volvimos a traer a Bilbao, pero cuando no pudimos atenderlo un pariente lo llevó a Vitoria-Gasteiz de los años ’60, donde Txin murió atropellado al cabo de unos años.

    Por supuesto que lo que siempre se oye es que “mi perro no ladra, no muerde, recojo sus excrementos”,… pero la realidad (y lo sé de fuentes muy cercanas) es que TODOS los días se producen graves mordeduras de perros, a niños sobre todo (pregunten en Bruces o Basurto), las deposiciones no recogidas abundan,…

    Confío que las autoridades hagan respetar las normas, y recuerden que somo muchos más quienes las cumplimos (con mascotas o no) que quienes tienen a gala suponerse con patente de corso.

    Saludos cordiales y enhorabuena por este blog.

  6. Estamos sufriendo una transformación de prioridades. Antes, lo principal era la salud y bienestar de las personas, ahora en cambio esa preocupación ha derivado hacia todo tipo de animales en cautividad que se usan como acompañamiento y se denominan mascotas. Ellos son los importantes, el resto de los humanos pasamos a un segundo o tercer plano, en función de la afección del dueño hacia el animal. Si tanto significa para ellos sus mascotas, lo lógico sería que se uniesen, adquiriesen un terreno acotado, acondicionado para las necesidades de esos seres tan queridos y le hiciesen un mantenimiento adecuado evitando así un gasto al Consistorio que sufragamos entre todos y una serie de incomodidades que nos genera a los que no compartimos sus gustos.
    Espero que estas líneas hagan reflexionar a los dueños de los animales y les animo de nuevo a organizarse y a la vez respetar a los que deseamos poder pasear sin sobresaltos, en este caso, caninos

  7. Yo también me sumo y solidarizo con lo que cuenta Juan Ignacio. Vivo en Bilbao y desde que han arreglado y peatonalizado los alrededores del metro de Matiko, junto a la calle de Artasamina, algunos dueños sueltan a los perros en la zona, dejando que ladren y hagan sus necesidades en los jardines. No estaría mal un poco de vigilancia (y unas cuantas multas) por parte de la policía municipal.

  8. Totalmente de acuerdo con Jose Ignacio y lo hago extensivo a la gran mayoría de lugares de Bizkaia, por no ir más allá. Pero estamos en decadencia generalizada de respeto de normas y de hacerlas cumplir, ya sean perros, tirar basura a las calles, sacudir alfombras, hacer ruidos, ocupar aceras,… y por supuesto las policías jamás actúan de oficio para hacer respetar las normas.

  9. La dejadez de algunos municipios en el control de quienes tienen comportamientos incívicos y habitualmente son transgresores de las normas, en este caso, sobre tenencia de animales, está tan extendida que seguramente afecta a todos los municipios. En algunos parques de Bilbao en los que estaba prohibida la presencia de perros simplemente arrancaron las señales y “ya está permitida” y en el principal parque bilbaíno (Casilda de Iturrizar), aunque existe una zona reservada, ya campan sueltos por toda su extensión. Y no pasa nada salvo las broncas habituales cuando les afeas su conducta.

  10. Madre mía llega el fin del mundo donde la civilización humana sers sustituida por fieros canes carentes de sentimientos, los cuales corren libremente por las calles haciendo peligrar la legitimidad humana sobre el planeta tierra…. Cada vez estamos peor eh… Lo que hay que leer…

  11. Pues lamento ser una voz discordante pero los miedos, que son difíciles de corregir, yo también fui atacado por un perro de crío, no son escusa para cargar contra los perros y sus paseantes. Cuando paseo por otras zonas, centro de la población incluido, veo como personas poco civilizadas arrojan sus chicles y cigarrillos, esputos y otras cosas a la vía pública. Y no por eso pediría que se prohíba andar por las calles a semejantes ensuciadores. Independientemente de eso, considero que los dueños de animales de compañía también tienen derechos, pagan impuestos como los demás. Y los perros tienen , cómo seres vivos que son, tienen necesidades de esparcimiento, por lo que se deberían de establecer zonas para que puedan correr a su gusto. A mí que afortunadamente logré quitar los miedos hace tiempo no me molesta ver a un can cuando corretea y pasa junto a mi. Existen, aunque a algunos les cueste creerlo, dueños de perros que son extremadamente respetuosos con las normas y otros que no, y no por eso se debe clasificar a todos por el mismo rasero.

    1. Que razón tienes,más de uno que scribe aquí y sobre este tema debería mirarse el ombligo,país de marranos yo no veo a ningún policía multar por ello.Los que hablan de gastos….cuanto cuesta que una brigada de barrederos limpien lo que manchan los marranos?…ustedes viajan…?..suiza,Alemania …etc..cuanta chorrada hay que leer.

  12. Yo no tengo miedo a la mayoría de los perros, pero ante una persona que los tiene miedo y un perro suelto, yo me pongo en el lado de la persona. Los perros no son los culpables, sus dueños deben de tener en cuenta que no a todos nos gustan y es más, que les tienen miedo, hay que tener empatía y así todos podremos convivir, no obstante me he dado cuenta que quizás tenemos perros encerrados en casas pequeñas que no es su lugar ideal y deberíamos pensar en su bienestar

  13. Cómo dueña de un perro faldero de 72 kg he de decir varias cosas.

    1. No conozco el parque, así que no haré una defensa de lo que allí pasa.
    2. Yo me siento agobiada y atosigada, lo normal es que quejas cómo está lleguen a los ayuntamientos y éstos suelen actuar piano piano contra “los perros”, lo que intuyo 1ue pasó para que una asociación de dueños de perros dé el paso y proteste pública y notoriamente.
    3. Al final, las buenas gentes, que “no tienen nada contra los canes” consiguen que haya poblaciones dónde no exista ningún, repito NINGÚN sitio donde puedas soltar a los perros. Y lo que es peor, les importa un pito, porque como tú dices, te gusta pasear por un sitio bonito. Lo malo es que eso les ocurre a todos lo que termina cerrando el paso a que haya “algún” sitio donde poder dejar que los bichos corran, jueguen y se distraigan. De ahí, muchos de esos malestares y malas miradas de dueños de perros cuando se les interpela.
    4. Mi solución? Qué haya parques dónde se pueda ir con perros y parques a los que no, así sabemos a qué atenernos todos. Si resulta que el parque que te gusta es pro… Pues se siente. Si resulta que el parque que me gusta es contra, pues se siente también (en este caso yo). Pero lo que no se puede hacer, es ir acotando y estrechando dónde cuanto, soltar al perro.
    5. Para ponerlo en otros términos, los que se suelen quejar de los perros son como el estudiante aquel en la uni de Valencia, que no quedando clases por la mañana de su materia en castellano, se matriculó en una en valenciano y luego montó un poyo hasta que consiguió que toda la clase fuera en castellano. Al no entender la necesidad de los perros y de sus amos y pensando sólo en si mismos, demuestran una egolatría, muchas veces involuntaria.
    6. Con el tamaño de mi perro, os puedo asegurar que mi mayor preocupación es que Laister no moleste a nadie. Y suelo estar pendiente de él siempre que lo tengo suelto, pero me he encontrado con verdaderos cafres, maleducados, e incluso alguno que ha querido pegarle. Muy listo él, cogió un palo y mi perro creyó que quería jugar… En fin…
    7. Los parques “a medias” no funcionan. Salvo que la zona de perros esté vallada. Y eso de que haya personas con sus perros atados, es lo más contraproducente que puede haber en una zona donde hay perros sueltos.

    1. Gracias por tu comentario.
      Mi postura es muy simple: quiero que se cumplan las normas.
      En mi pueblo, Leioa (Bizkaia) hay muchos espacios ajardinados y en casi todos los de la periferia (a no más de 10 min del lugar céntrico más alejado) hay espacios delimitados para perros. No tendría ningún inconveniente en que hubiera parques en los que todo el espacio fuera de uso libre por los perros y parques de uso exclusivo de personas. Bastaría con que unos y otros estuviesen bien señalizados y luego, eso sí, las normas se hiciesen cumplir.
      El caso que me ocupa es escandaloso. En la zona a la que me refiero hay dos parques, uno al lado del otro. En ambos está prohibido que anden los perros sueltos, salvo en las zonas habilitadas al efecto en uno de ellos. En este (Artaza), además, hay carteles que indican la prohibición, en el otro (Pinusolo) no. Pues bien, hoy, sin ir más lejos: En Artaza 10 perros sueltos y uno atado; en Pinusolo: 6 perros sueltos y 4 atados. Esa ha sido mi contabilidad hoy. Hace una semana fue; 10 sueltos y ninguno atado en Artaza, y 6 sueltos y 4 atados en Pinusolo.

      1. Entonces te doy toda la razón, solo comentarte por si ese fuera el caso, lo que sucede en Madrid, en el parque del Retiro, sin ir más lejos. Tiene un parque de perros (de los más apañados que he visto, que luego a cualquier cosa le llaman eso). Pero la normativa municipal dice que los perros pueden ir sueltos en los parques desde las 8 de la tarde hasta las 7 de la mañana en invierno y desde las 9 en verano.

        En cuanto a lo de los perros sueltos y atados, a mí por ejemplo, que haya un perro atado me obliga a coger el mío, esté en una zona permitida o no. La manera de relacionarse los perros cambia mucho si están atados o no (cada perro atado considera su territorio la circunferencia de su correa y dependiendo del carácter del perro puede ocasionar problemas)

        Un placer y espero que se solucione pronto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *