Hay una subcultura femenina y una masculina

Es casi una estampa habitual: varios hombres sentados en el exterior de un bar a las diez de la mañana de un domingo mirando una pantalla al otro lado del cristal. En la pantalla, coches o motos, o pilotos en un podio. Más habituales son las escenas en las que un nutrido grupo, hombres en su mayoría, siguen con interés un partido de fútbol, también en una pantalla que se ve desde fuera del bar. No es necesario que sea el equipo local, aunque si los es, los espectadores son más y siguen el partido con mayor atención.

Sí, hay mujeres a las que interesan los deportes televisados, pero los varones son bastantes más.

Es posible que muchas mujeres lean revistas de chicachismes, pero no son menos los hombres que leen prensa deportiva (perdón por el eufemismo).

La mayoría de los aficionados a juegos de rol, o de ordenador, son chicos. También a los juegos de la play o como quiera que se llamen esos aparatitos. Los chicos dedican mucho tiempo a jugar y siguen con interés canales de Youtube dedicados a los juegos.

Ayer vinimos de Bilbao en el último autobús a Leioa. Viajaba poca gente; en su mayoría eran señoras que venían del cine. Al teatro o a la ópera van hombres, sí, pero van más mujeres.

La literatura es, cada vez más, una afición femenina. Es abrumadora la diferencia en hábitos de lectura entre hombres y mujeres.

La cultura elevada (sí, llamémosla así, prefiero errar al utilizar esa expresión antes que caer en la confusión de considerar una carrera de motos un hecho cultural equivalente al bolero de Ravel) es cada vez en mayor medida cosa de mujeres. Los hombres se entretienen cada vez más con juegos y deportes televisados, o con juegos que reproducen deportes televisados.

No sé si la brecha académica entre hombres y mujeres ha aumentado en los últimos años, pero existe y no es pequeña. Las chicas obtienen mejores resultados en los estudios. Sacan mejores notas y van en mayor proporción a la universidad. En las carreras en las que es más difícil entrar hay muchas más chicas, con pocas excepciones; las diferencias en la proporción de mujeres que cursan unas y otras carreras obedecen en parte a eso.

Además, también es más probable que completen con éxito sus estudios.

Creo que esto es el resultado de la existencia de –sin excluir la de otras- dos grandes subculturas en nuestras sociedades, una masculina y otra femenina. Creo que los chicos se aficionan a los deportes y los juegos porque esas son las aficiones que se espera de ellos que cultiven. Son también las de los hombres adultos; los chicos adquieren de sus pares lo mismo que ven en los grupos de varones adultos. Además, ser buen estudiante seguramente cotiza a la baja en sus cuadrillas.

Lo propio ocurre con las chicas. Solo que ellas leen y son más aplicadas en la escuela. Y de ahí, seguramente, se deriva todo lo demás.

Sí, claro, hay chicas jugonas y aficionadas a los deportes televisados y chicos que leen y estudian. Pero creo que las tendencias generales son las que he descrito antes.

Ya no me asombra que esto sea así. Lo que me asombra es que no parezca preocupar a nadie.

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