Confinamiento, ideología y moralidad

En esta anotación quiero desarrollar una tesis, que se puede formular de la siguiente forma:

Considerando el espectro ideológico, cuanto más a la izquierda está una persona, más favorable es a las medidas de confinamiento y, en general, a la cautela a la hora de recuperar la actividad normal”.

Pero vamos por partes. Empezaré dando un pequeño rodeo; espero no aburrirles.

Cada vez que se da un paso hacia un régimen más abierto afloran preocupaciones y protestas. Muchos preferirían mantener las medidas restrictivas o, cuando menos, avanzar más lentamente hacia los niveles normales de actividad. Temen que se pierda en poco tiempo lo que “tanto esfuerzo ha costado conseguir”. En los países en que se ha implantado el confinamiento ha salvado muchas vidas, de momento (véase, al respecto de ese «de momento» el comentario de Masgüel). Y en general, cuanto antes se implantó mejores han sido los resultados. Sin duda.

Pero como ya he señalado antes de ahora, las restricciones no se pueden mantener de manera permanente. Antes o después debe recuperarse el ritmo vital de pueblos y ciudades. Quienes se inclinan por un proceso más cauteloso oponen salud a economía y dicen optar por la primera. Pero ya hemos visto que las cosas no son tan sencillas. Limitar la actividad tiene “efectos colaterales”.

Hoy se han hecho públicos los datos de Momo actualizados y corregidos para incorporar miles de muertes que, por retrasos en su comunicación, no habían figurado en los registros civiles. El panorama que emerge de esas cifras es tremendo. Entre el 13 de marzo y el 22 de mayo se han producido en España 120.851 muertes. El número esperable, a partir de los valores medios de años anteriores, era de 77.817. Por lo que se ha producido un exceso de 43.034 muertes. El número oficial de muertes atribuidas a Covid19 es de 27.117, por lo que durante estos meses se han producido 15.917 fallecimientos que, o bien han sido causados por Covid19 pero no han sido contabilizados, o se han debido a otras causas, muy probablemente derivadas de la pandemia o de las medidas de confinamiento.

La línea negra representa el número de muertos diarios tal y como constan en los registros civiles; la azul representa el número de muertes que cabría esperar a partir de los datos de años anteriores. Fuente: Momo.

En España hay médicos que manifiestan su inquietud por la situación de los pacientes que están dejando de acudir a consulta o, incluso, a los servicios de urgencias durante estas semanas. Porque para algunos de ellos, esa situación puede acabar resultando fatal. También en Inglaterra temen que haya pacientes de cáncer que puedan morir por retrasos en el tratamiento. Y una nota publicada en The British Medical Journal advertía de que parte importante del exceso de fallecimientos registrado durante la pandemia en el Reino Unido no era atribuible a covid19, sino que se debía a otras causas.

Me cuesta creer que aquí podamos llegar a vivir situaciones como las que sufren la India o Sudáfrica, o las que pueden darse en países en desarrollo. Pero la diferencia es cuantitativa. En esos países, millones de personas se encuentran a una distancia mínima del hambre y la enfermedad. Nosotros estamos mucho más lejos. Pero no a salvo. Si en esos países los cierres solo han podido mantenerse durante un mes o mes y medio, en el nuestro serían algunos meses más, pero no por tiempo indefinido. Los servicios de salud consumen recursos; y esos recursos solo los puede proporcionar una sociedad económicamente productiva. Aunque no dependa solo de ellos, la esperanza de vida tan larga de que gozamos tiene mucho que ver con la calidad de nuestros sistemas asistenciales.

Según una encuesta en Castilla y León conocida esta semana, cuanto más a la izquierda se encuentra en el espectro ideológico una persona, más partidaria es de las medidas de “desescalada” aprobadas por las autoridades autonómicas. El porcentaje de acuerdo se eleva desde el 38% de los votantes de Vox, hasta el 84% del de los de Podemos.

Dado que en Castilla y León esas medidas retrasan la recuperación de la actividad normal en comparación con otras comunidades, entiendo que el mayor acuerdo de las personas de izquierda se refiere a ese retraso. Ese dato es coherente con la observación personal de que, en general y con las excepciones que nunca faltan, las personas de derechas son menos partidarias que las de izquierdas de las medidas de confinamiento, limitaciones al movimiento y a la actividad económica en general. Y creo que si nos fijamos en los gobiernos del mundo, también los líderes más de derechas han sido más renuentes a poner en práctica esas medidas o, sencillamente, en la medida en que de ellos ha dependido, no las han implantado.

Me pregunto si esa diferencia obedece a que los de izquierdas den mayor valor a la vida o teman más a la muerte que los de derechas. O quizás, a que los de izquierda estén dispuestos a afrontar un futuro de mayor pobreza.

Formulé la pregunta en tuiter a ese respecto, tratando de indagar acerca de las razones posibles de ese fenómeno. En las respuestas identifiqué dos ideas principales. Una es que los de izquierdas valoran más la salud y los de derechas la economía, atribuyendo a estos en algún caso, intereses económicos particulares (por suponérseles más pudientes, entre otras cosas). La otra es la relativa al valor que, supuestamente, la izquierda otorga a lo colectivo, lo comunitario. Creo que las cosas no van por ahí.

Cuando leí en su día The Righteous Mind, de Jonathan Haidt, descubrí un modelo que relaciona la ideología con las fuentes de moralidad; se enmarca en la denominada Teoría de los Fundamentos Morales. Y al constatar la diferencia reseñada, me vino a la cabeza aquel modelo. De acuerdo con los hallazgos de un grupo de investigadores, hay diferencias en lo relativo a la importancia que las personas de distinta adscripción ideológica conceden a diferentes fuentes de moralidad. Los proponentes de la teoría han identificado cinco fuentes, que son las siguientes:

  • Cuidado (opuesta a daño), refleja la importancia que se da al cuidado de los demás.
  • Justicia/proporcionalidad (opuesta a engaño/trampa), referida al acuerdo en relación con las normas de funcionamiento.
  • Lealtad/comunidad (opuesta a traición), relativa a la importancia que se da a la familia, el grupo o la nación.
  • Autoridad (opuesta a subversión/rebeldía), relativa al respeto a la autoridad legítima.
  • Santidad/pureza (opuesta a degradación), relacionada con la aversión a actos, alimentos o hechos desagradables.
  • Jonathan Haidt, a las anteriores, añadió la libertad (opuesta a la opresión).

Lo interesante es que esas fuentes de moralidad, al hacer cuestionarios a miles de personas de múltiples procedencias, se pueden agrupar en dos asociaciones, la de quienes tienen al individuo como referencia, y dan más importancia al cuidado y la justicia, y los que tienen al grupo como referencia, y dan más importancia a la lealtad/comunidad, la autoridad y la pureza. A los primeros los denominaríamos “progresistas” y a los segundos “conservadores”. Entre nosotros prácticamente no hay libertarios (o liberales, en la acepción continental del término); la fuente principal de estos es la libertad.

A la vista de esos agrupamientos de fuentes morales, me atrevo a proponer que la razón por la que los “progresistas” (izquierdas) se muestran favorables a preservar las medidas de protección frente a contagios es por lo importante que es para ellos la primera fuente, la del cuidado. Mientras que los “conservadores”, más proclives a la recuperación de la actividad y al funcionamiento normal de la sociedad, estarían influidos por la importancia que conceden al grupo, a la comunidad, a la nación (que cada uno ponga el nivel donde le parezca).

Este puede parecer un esquema simplista y probablemente lo es. Con toda seguridad no recoge toda la casuística y la diversidad de preferencias y opciones que hay en la sociedad. Pero la teoría de las fuentes de moralidad tiene soporte empírico (aunque por supuesto hay quienes no comparten esa teoría ni sus conclusiones), y desde que lo leí me convenció porque se ajusta bastante a mi propia experiencia.

Para terminar, me gustaría recordar a unos que sin atender el bienestar de las personas ahora no hay grupo ni nación que tal nombre merezca. Y a los otros, que no deben identificar la salud de hoy con la de mañana, y que sin un grupo o comunidad cohesionada, la salud y la vida de sus miembros se encontrará siempre en peligro.

5 comentarios en «Confinamiento, ideología y moralidad»

    1. Gracias.
      No se trata de estar de acuerdo, sino de pensar. Y si es el caso, como digo en la presentación del blog, de tratar de refutar mi conjetura.
      Salud.

  1. La teoría de los fundamentos morales me parece otro derrape de la psicología evolucionista, pero entrando al juego y aunque no importe a nadie, en ese esquema yo sería una excepción liberal progresista reacio al confinamiento. Porque puestos a refutar la conjetura, lo que cuestiono es lo que explícitamente afirma “sin duda”: Que el confinamiento, para este virus concreto, salva vidas. Como ya se ha señalado en muchos sitios, una cosa es salvar vidas y otra retrasar muertes. La inmensa mayoría, en buena medida por culpa del confinamiento, aún no se ha contagiado. Y quien entra en la unidad de cuidados intensivos, a pesar de los cuidados intensivos, sabe que tiene muchas papeletas para no volver a despertar.

    1. Hola, Masgüel.
      (1) Dentro de las teorías que tratan de categorizar las posiciones ideológicas, la TFM tiene la virtud, a mi modesto entender, de que cuenta con respaldo empírico. Se podrá estar en desacuerdo con los fundamentos, la forma en que se hacen esos trabajos, o las conclusiones a las que llegan sus autores, pero al menos es una teoría refutable. Las otras categorizaciones que conozco, por mucho crédito que me merezcan o por más que me agraden, no tienen ese respaldo, hasta donde yo sé. Por otro lado, incluir a Jonathan Haidt y colegas en la subdisciplina de la psicología evolucionista, no me convence. No porque no sean evolucionistas, sino porque estos son muy diferentes de los Cosmides, Thooby, Pinker, y cía.
      (2) Golondrina no hace primavera. Ya puestos, yo también sería una excepción. Y sospecho que hay muchas. La TFM no establece categorías absolutas.
      (3) Tiene usted razón en lo de «sin duda». No debí incluirlo. Al escribirlo no reparé en el hecho de que las vidas salvadas pueden serlo solo de momento. En algunos de mis escritos anteriores me he referido, precisamente a esa contradicción. Serían vidas salvadas si sirve para ganar tiempo al desarrollo de vacunas o tratamietos eficaces. Pero no lo serían en caso de que esos tratamientos no se llegasen a conseguir.
      Gracias por su comentario.

  2. He leido el mismo libro y llegado a las mismas conclusiones (casi mejor diría que creencias).
    Ignoro si la definición tan exquisita que allí se da sobre la moral es previa a la afinidad ideologica, o si es posterior. Pero el mensaje de comprensión y necesidad de entendimiento (del libro) me parece fundamental. Me parece una gran necesidad de nuestros días. Quizás la mayor.

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