El complejo de Medea

Tras publicar ayer mi conjetura sobre la maldad, tuve dos respuestas críticas en twitter con algunos aspectos del texto. Yo había escrito esto: “En España, en los últimos 8 años han sido asesinados 39 hijos o hijas por parte de padres (y alguna madre) que han querido de esa forma causar un dolor insoportable a quien fuera su pareja.” Los dos lectores coincidieron en criticar la referencia a las madres, porque pensaban que esa forma de expresarlo no reflejaba la realidad. Pensaban que el número de mujeres que habían asesinado a sus hijos para hacer daño a su pareja podía, de hecho, ser lo suficientemente alto como para merecer un tratamiento más equilibrado en la expresión. Ambos pensaban que al decir “alguna madre” se daba a entender que se trataba de excepciones.

Efectivamente, eso es lo que yo pensaba, que se trataba de un comportamiento sobre todo masculino, y que en las mujeres era excepcional. Había llegado a esa conclusión tras hacer un repaso por noticias de prensa y hallar un único caso de mujer homicida, mientras que había encontrado seis o siete homicidios cometidos por hombres.

Uno de los lectores críticos con mi artículo de ayer me proporcionó una referencia reciente. Se trata de una publicación de febrero de este mismo año en la que se ofrecen los datos del estudio de 62 casos procedentes de 9 países, de los que se dispone de suficiente información. Más adelante haré una síntesis de ese estudio, pero déjenme, primero, poner el fenómeno en su contexto.

Los filicidios -así se llaman en la literatura especializada los homicidios de hijos o hijas- representan porcentajes pequeños del total de homicidios, aunque cualquier porcentaje ya nos parezca altísimo, dado el tipo de crimen que es. En los Estados Unidos son un 2,5%, mientras que en Australia representan un 7%. No creo que los padres australianos sean más crueles, sino que en los Estados Unidos se producen muchos más homicidios de otra índole y de ahí los diferentes porcentajes. En todos esos casos hombres y mujeres cometen filicidios en proporciones similares, según las referencias enlazadas.

De los once motivos de filicidio identificados, uno era el cometido por venganza del padre o la madre del hijo asesinado. Se trata, en todo caso, de un motivo muy infrecuente; dependiendo del país, representa un 4% (EEUU) o un 9% (Australia). El motivo es infrecuente, pero lo cierto es que cualquier frecuencia me parece altísima.

En la investigación publicada el pasado mes de febrero, como antes he dicho, se analizaron en detalle 62 casos procedentes de 9 países. Y la documentación analizada consistió en registros psiquiátricos y judiciales. Del total de los casos, 33 homicidas (53%) fueron hombres y 29, mujeres (47%). Por lo tanto, y dado que no creo que en este aspecto España sea sustancialmente diferente de los países incluidos en el estudio citado, yo estaba equivocado, porque el número de hombres y mujeres que cometen filicidio por venganza es similar. Sospecho que no soy el único.

En mi descargo debo aclarar que los 39 casos a que hice referencia en mi escrito de ayer son los que recogen las estadísticas de violencia contra las mujeres, por lo que corresponden a homicidios cometidos por padres para hacer daño a la madre. No son un censo del total de casos en los que padres y madres han acabado con la vida de sus hijos para hacer daño al otro miembro de la pareja. Desconocía que se trataba de una estadística que no recoge los casos en los que la homicida es la madre, porque esos casos, sencillamente, no se recogen o, hasta donde alcanzan mis averiguaciones, no se publican. Mis dos lectores críticos tenían razón.

No solo estaba equivocado en ese aspecto de la cuestión, porque sin desestimar como causa del filicidio la maldad, entendida esta en los términos en que la expresé en la anotación anterior (como la manifestación extrema de comportamientos malvados que en sus formas moderadas son normales), del orden de la mitad o algo más de los homicidas sufrían algún desorden mental.

De todos los casos analizados en el estudio publicado en febrero, en diez alegaron los defensores trastorno o enfermedad mental (aunque solo en uno se rebajó la pena por responsabilidad disminuida). Sin embargo, a 35 filicidas (56%) se les diagnosticó un desorden mental de algún tipo. Los más comunes lo fueron de personalidad (21 casos), pero también se diagnosticó depresión a 13 filicidas, y desorden por consumo de estupefacientes a 6. Además, 22 tenían historial por violencia física hacia su pareja, 18 hombres y 4 mujeres.

En los textos especializados, a esa forma de homicidio se la denomina filicidio en venganza, lo que aquí se ha venido en llamar homicidio vicario o violencia vicaria. Y se han identificado cuatro motivos principales que impulsan a los homicidas: rechazo (de la pareja), disputa sobre la custodia o régimen de visitas, infidelidad o celos, y discusiones y peleas. Tras cometer el crimen, 39 (un 63%) intentaron quitarse la vida, y 20 (un 32%) lo consiguieron. No hay apenas diferencias entre hombres y mujeres en esto.

Resumo: los filicidios en venganza los cometen en proporciones similares hombres y mujeres, y alrededor de la mitad de los perpetradores sufren algún trastorno mental, aunque no sea considerado atenuante en los tribunales. ¿Cómo diferenciar la maldad del trastorno? ¿Dónde termina una manifestación extrema, por criminal, de comportamientos inmorales y empieza el trastorno? Supongo que la respuesta está en el conocimiento acumulado por psicólogos y psiquiatras. Yo la desconozco.

Estas tragedias no son de ahora. A lo largo de la historia han quedado recogidos casos de filicidio. Es más, en la mitología hay frecuentes alusiones a la venganza como motivo de filicidio, hasta el punto de que a esta forma de homicidio se la ha denominado “complejo de Medea” (por la tragedia de Eurípides). Medea asesinó a dos de sus hijos para vengarse de su esposo, Jasón, por querer abandonarla para casarse con Glauce, la hija del rey Creonte.

Los griegos, siempre los griegos.

3 comentarios en «El complejo de Medea»

  1. Bueno, Juan Ignacio, siempre se agradece la “humildad bien entendida” de una mente científica. No es muy habitual. Como dices “los griegos, siempre los griegos”. Dicho en roman paladino, esto es más viejo que “mear contra la pared”. Hay gente mala, hombres y mujeres. Lo que tal vez tendríamos que preguntarnos es porqué, como dices: “ Desconocía que se trataba de una estadística que no recoge los casos en los que la homicida es la madre, porque esos casos, sencillamente, no se recogen o, hasta donde alcanzan mis averiguaciones, no se publican. Mis dos lectores críticos tenían razón.”
    ¿Porqué se oculta desde las instancias del PODER esta realidad” ALGO HUELE A PODRIDO EN DINAMARCA.

  2. Yo creo que no es muy políticamente correcto decir que las mujeres matan a sus hijos tanto como los hombres y por ello la mayoría de la prensa no saca noticias sobre ello. Alguien sabrá por qué no se sacan estas noticias. Prefiero no especular.

    En cualquier caso yo tengo una teoría al respecto. Cuando una persona se ve frustrada por la razón que sea y tiene una cierta tendencia a la violencia lo pagará siempre con alguien mas débil que él. Y si la violencia es física buscará una persona o ser más débil físicamente: su pareja, sus hijos, el perro, el vecino, la vecina pero siempre con alguien más débil. Aunque sean repugnantes especímenes, siguen siendo humanos y su cabeza les dice que si lo intentan con alguien más fuerte van a acabar mal parados.

    En caso de los hombres, que por regla general a misma constitución y altura son más fuertes que las mujeres, estos lo pueden pagar con las mujeres o los hijos, de ahí la protección que se les da a ellas por la ley de violencia de género.

    En el caso de ellas, como por regla general no pueden con el marido (aunque también ha habido asesinatos de hombres por su pareja) pero si que pueden con los hijos, estos pueden ser su objetivo.

    En la página del INE tienen un buscados muy poco específico y habla solo de condenas y no se puede especificar la edad de los asesinados (o al menos soy incapaz de encontrarlo), y al contar condenas tampoco cuentan los asesinos que luego se han suicidado.

    Me imagino que aparte de las estadísticas del ine que los ‘mortales’ podemos mirar en su página web tienen millones de datos y estadísticas más que manejaran a nivel interno.

    He encontrado dos noticias en las que parece que no solo están a la par sino que el que género femenino es mas dado al infanticidio y el masculino a asesinar a su pareja.

    Como digo no he podido contrastarlo:

    https://confilegal.com/20180430-sobre-los-102-ninos-asesinados-en-espana-en-los-ultimos-cinco-anos/

    https://www.elconfidencial.com/espana/2020-01-13/filicidios-doce-menores-asesinados-madres-padres_2400572/

    Si no pudieran enviarse links en el comentario házmelo saber y los elimino.

  3. Me resultan muy interesantes sus reflexiones sobre este tema. Doy muchas vueltas intentando comprender porqué los psiquiatras insisten en que no son enfermos mentales, sino malvados. No termino de comprender como puede existir la maldad sin trastorno porque sería aceptar que el comportamiento dañino es excepcional por educación y no por motivos biológicos.
    Los humanos estamos programados para proteger nuestra descendencia que, además, nace con rasgos que lo fomentan. Esas caras mofletudas, esos ojos redondos y grandes, son para provocar ternura e impulso de protección. Hablo de memoria, pero leí que el llanto del recién nacido es un sonido imposible de obviar para un adulto, una medida de seguridad natural.
    Asumiendo mi falta de formación en estos temas, entiendo un trastorno que desvirtúa la realidad y hace creer a un padre o una madre que el sufrimiento de sus hijos solo puede paliarse acabando con sus vidas. Como entiendo que una depresión puede hacer pensar a un progenitor que sus hijos estarían mejor sin él. Pero la maldad pura, el hacer daño a un niño sea cual sea la motivación, no consigo comprenderla. Me resulta antinatural y como tal, una aberración.

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