Cuídate de los estúpidos y trabajadores

Kurt von Hammerstein-Equord

“Siempre divido a mis oficiales en cuatro grupos. Hay oficiales inteligentes, trabajadores, estúpidos y vagos. Normalmente suelen coincidir dos de esas características en una misma persona. Algunos son inteligentes y trabajadores; su lugar está en el Mando General. Otros son estúpidos y vagos; en todos los ejércitos representan el 90% y son adecuados para desarrollar tareas rutinarias. Cualquiera que sea a la vez inteligente y vago está cualificado para ocupar los puestos de más alto liderazgo, porque posee la claridad intelectual y la compostura necesarias para tomar decisiones difíciles. Pero debemos tener mucho cuidado con los que sean, a la vez, estúpidos y trabajadores; no debe confiárseles ninguna responsabilidad porque no dejarán de causar problemas.“

Hans Magnus Enzensberg atribuye esta cita al general Kurt von Hammerstein-Equord[1].

Hammerstein-Equord llegó a ser comandante en jefe del ejército alemán en 1930, pero fue obligado a renunciar a su cargo el 31 de enero de 1934, un años después del acceso de Hitler al poder. Murió de cáncer en Berlín en 1943. Su familia rehusó los honores militares para que el ataúd no fuese envuelto en la bandera con la esvástica. Hitler envió una corona de flores al funeral en Steinhorst pero ésta nunca fue exhibida porque la familia se la «olvidó» en el tren.


[1] Aunque hay quien la atribuye a otro general, Erich von Manstein.

Rechazamos a los emigrantes, aunque no deberíamos hacerlo

Centenares de personas, quizás miles –me temo que esa macabra contabilidad no es practicable con garantías – mueren cada año intentando llegar a las costas meridionales de Europa.

En 2018 alrededor de 260 millones de personas vivían en países distintos de los que nacieron; nunca en la historia de la humanidad había ido tanta gente a vivir lejos de su lugar de nacimiento. De esos 260, más de 70 millones han tenido que abandonar su lugar de origen huyendo de conflictos, violencia o vulneraciones de derechos humanos. Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) hay 26 millones de refugiados (el 10% del total de emigrantes). Y 3,5 millones de los desplazados son solicitantes de asilo.

Esas cifras no han dejado de crecer ni dejarán de hacerlo en las próximas décadas. Los emigrantes soportan el rechazo, más o menos intenso, de los naturales de los lugares en que se asientan. Por eso es conveniente caracterizar las razones de la hostilidad, las ideas que anidan en la mente de las personas, que hacen que se produzca y que lleguen a convertirlo en un factor decisivo en la vida social y política.

Existe una causa primordial, básica, para el rechazo. Como indiqué en una conjetura anterior, experimentamos un sentimiento “que nos conduce a rechazar al otro, al que no forma parte de nuestro grupo. Es un sentimiento universal; es parte de nuestra naturaleza y tiene hondas raíces evolutivas. Las mismas tendencias prosociales que favorecen la cohesión del grupo al que pertenecemos provocan el rechazo de quienes no forman parte de él. En nuestra historia los otros han sido normalmente fuente de peligros más que de beneficios. Y hemos generado mecanismos de rechazo.”Tendemos a justificar ese rechazo de formas diversas. Los psicólogos que lo han estudiado han encontrado que, por norma, los grupos socialmente dominantes tienden a creer que el suyo es un grupo superior y con derecho, por lo tanto, a disfrutar de ciertos privilegios. Por esa razón, si creen que han de sacrificar parte de sus recursos o si ven peligrar su forma de vida, reaccionan rechazando a quienes ven como una amenaza.

En esas actitudes tiene mucha importancia la creencia generalizada en la noción de la “suma cero”. Los que creen en esa noción piensan que el volumen de recursos disponibles es constante y que, por lo tanto, un aumento en el número de personas que compiten por ellos, conlleva necesariamente el riesgo de ver disminuir “su” parte. El argumento de “suma cero” carece de justificación, porque los recursos no se encuentran en cantidades fijas y constantes. Pero es una idea muy extendida en las sociedades occidentales y muy promocionada, por cierto, por las organizaciones de izquierda. Por esa razón, los extranjeros pobres se enfrentan al dilema de “maldito si lo logra, maldito si no”: cuando les va bien, se les acusa de haber reducido los trabajos y oportunidades a que tienen acceso los naturales; pero si les va mal, se les reprocha el aprovecharse de los recursos de todos para el socorro social.

Los juicios erróneos en relación con los recursos disponibles, así como sobre la amenaza que suponen los emigrantes, se exacerban en tiempo de recesión económica o cuando aumenta la incertidumbre acerca de lo que deparará el futuro. Bajo esas circunstancias, la demanda de igualdad de derechos para todos actúa, incluso, aumentando la hostilidad hacia los foráneos por parte de los naturales más reacios a su aceptación.

No es solo el factor económico. Las violaciones que sufrió la pasada semana en Bilbao una joven de 18 años han provocado, como es natural, una indignación comprensible, la exigencia de que los violadores sean castigados por las atrocidades cometidas, y que se tomen medidas para minimizar el riesgo de que atentados como esos se repitan. Pero ha habido más. En ciertos medios de prensa (no los enlazo para no alimentar a la bestia) y en redes sociales de internet (muy especialmente el estercolero que es la red de redes), se pone el foco en el origen étnico de los presuntos violadores.

Es ese un camino muy peligroso. No sé si hay estadísticas fiables al respecto. Pero no me extrañaría que jóvenes de procedencia magrebí cometan, por comparación a su proporción en la población, más delitos, en general, y más agresiones sexuales y violaciones, en particular, que los naturales del país. Pero si así fuese, eso no anularía el hecho de que entre nosotros viven en paz y trabajan honradamente miles de emigrantes magrebíes, y que su contribución enriquece nuestra sociedad de diferentes formas. Y tampoco anularía el hecho de que las razones por las que unos u otros cometen delitos nada tiene que ver con su pertenencia a un grupo étnico determinado y mucho con factores que igualmente pueden afectar a jóvenes -y no tan jóvenes- compatriotas.

Se engaña –en algunos casos creo que conscientemente, incluso- quien pretende justificar su rechazo a los emigrantes pobres sobre la base de factores económicos o sociales como los citados. Los rechazamos porque estamos programados para ello y los consideramos una amenaza a nuestro estatus y modo de vida. Pero merece la pena hacer el esfuerzo de racionalizar esos sentimientos y someterlos al cedazo de la prueba. Nos va mucho en ello, tanto en el orden moral como en el social y económico.

Dicho lo anterior, no hay recetas simples para neutralizar o minimizar la hostilidad hacia los emigrantes pobres. Pero está claro que la mera reivindicación de igualdad de derechos para todos no es suficiente. Es preciso implantar políticas de inmigración que tengan en cuenta la capacidad de la sociedades para integrar gentes procedentes de otros países, evitando el riesgo de formación de guetos marginales. Pero eso es difícil.

Es necesario, también, reconocer a los extranjeros los mismos derechos que a los nacionales en cuestiones básicas, como salud y educación. Pero eso tiene costes y hay que saber explicar a la gente que esos costes se ven de sobra compensados por beneficios sociales y económicos muy superiores.

Y por último, es muy importante hacer pedagogía: el argumento de la “suma cero” es peligrosamente falaz. La llegada de personas con empuje y determinación, como suelen ser los emigrantes, puede ser motor de progreso económico. Pero eso deja de ser cierto si el fenómeno migratorio propicia la formación de guetos, con los problemas de marginación social y de alteración de la convivencia que comportan. También eso ha de ser tenido en cuenta y evitarse.

Y por supuesto, hay que hacer lo posible para evitar los centenares o miles de muertes a los que me he referido al comienzo de esta nota. Por compasión.

Nota: Esta es, muy retocada, la anotación El rechazo al inmigrante que publiqué hace exactamente cuatro años en mi blog personal de entonces Un tal Pérez.

Somos herederos de la Ilustración

[Texto de mi intervención en la ceremonia de entrega del premio Eusko Ikaskuntza-Caja Laboral; he omitido el apartado de agradecimientos del comienzo y traducido al castellano los fragmentos en euskera.]

Txomin García (Laboral Kutxa), servidor e Iñaki Dorronsoro (Eusko Ikaskuntza) (Foto: Iker Azurmendi)

En la carta en que me comunicaron formalmente la concesión del premio, Txomin García (presidente de Caja Laboral) e Iñaki Dorronsoro (presidente de Eusko Ikaskuntza) decían –citando literalmente la resolución del jurado- lo siguiente: “El jurado ha querido subrayar su trabajo de promoción de la cultura científica, también en euskera, y la difusión del conocimiento y la ciencia, en especial a la sociedad vasca.”

Ha llegado, pues, el momento de hablar de ciencia, pero no solo de ciencia.

Cuatro siglos atrás la revolución científica abrió el camino a la Ilustración. Isaac Newton y John Locke, cada uno en su ámbito, fueron protagonistas principales de aquella Ilustración temprana. Cada uno de ellos influyó en las ideas del otro. Newton puso orden en la imagen que teníamos del universo. Locke, por su parte, tomando como punto de partida las leyes de la naturaleza –las de Newton, por supuesto-, llegó a la conclusión de que no hay derechos divinos. Defendió, por el contrario, que hay derechos naturales y declaró que de acuerdo con esos derechos, los seres humanos hemos nacido libres e iguales. Por cierto, tanto el principio de la división de poderes como el sistema de equilibrios conocido como checks and balances que implantaron más adelante los fundadores de los Estados Unidos en su ordenamiento jurídico, tienen similar inspiración.

La ciencia, como la entendemos hoy, y las ideas en que se sustenta la democracia nacen en el siglo XVII. Surgen en el espacio público en que se produce el contraste de ideas consustancial a esas dos esferas. Ciencia y democracia tienen carácter tentativo, porque ambas están basadas en la consciencia de la imperfección humana. Sin posibilidad de crítica, ni ciencia ni democracia son posibles.

Los países más libres son los que más y mejor ciencia hacen; los más desarrollados científicamente son los más prósperos; y también los más democráticos. Progreso, conocimiento y libertad conforman una triada virtuosa. Somos herederos de la Ilustración.

De los ilustrados proviene también el proyecto de emancipación de la humanidad basado en la razón. En eso consiste el ideal cosmopolita, un ideal con contradicciones que tienen su origen en rasgos fundamentales de la naturaleza humana y que están en la base de las amenazas que pueden comprometer su realización.

Somos seres grupales. En el grupo compartimos una cultura y el grupo conforma nuestra comunidad moral básica. Porque las normas morales y sociales se heredan y transmiten en el marco de tradiciones que son las narraciones mediante las que damos sentido a nuestra relación con el mundo. Por ello, la pertenencia a la comunidad es parte de nuestra naturaleza íntima.

Todos los seres humanos compartimos una estructura racional común; sobre ella se articulan las diferencias personales y culturales. Pero no hay una razón única que sea patrimonio de una persona, cultura o proyecto de convivencia. En demasiadas ocasiones, sin embargo, se ha utilizado el ideal cosmopolita para tratar de imponer esa supuesta única razón. Cuando se ha pretendido, sobre esa base, eliminar la pluralidad en el seno de una sociedad o asimilar comunidades diferentes, el ideario ilustrado se ha encontrado con la resistencia de quienes lo han visto, con razón, como parte de un proyecto uniformizador.

Por otra parte, nuestro carácter grupal tiene un lado oscuro: la xenofobia. El rechazo a los otros es casi consustancial a la querencia por los nuestros. En la historia humana, los individuos ajenos a la comunidad propia han quedado, casi siempre, fuera de la esfera moral.

Pero frente a las tendencias que propician la xenofobia, la ciencia ha reafirmado la igualdad esencial de todos los seres humanos. El germen de esta idea, según Karen Anderson, surgió en la Era Axial, cuando las grandes figuras espirituales de Oriente y los profetas bíblicos empiezan a promover la compasión por los desamparados. En el Nuevo Testamento esa igualdad se formula de modo explícito. Pero hasta la Ilustración no se dotó a ese principio de significado político. A partir de entonces a todos los seres humanos se les empieza a considerar sujetos de iguales derechos. El círculo moral se ha ampliado, y las intuiciones han dejado paso, si bien de forma incompleta y con retrocesos ocasionales, a razonamientos morales en beneficio también de los otros, de los extraños.

Es preciso, pues, estar en guardia frente a esas dos amenazas –la pretensión de uniformidad y la xenofobia-, dos peligros vinculados, ya que ambos se justifican en una supuesta superioridad de lo propio. Los ideales ilustrados para ser realizables han de ser compatibles con la esencial igualdad de todos los seres humanos y con el pluralismo, tanto en el interior de los grupos humanos como entre las comunidades.

Podemos condensar en dos datos el progreso de los últimos siglos: Todos los países tienen hoy mayor esperanza de vida que la que tenía en 1800 el país con la esperanza más alta. Y nunca había habido menos regímenes autoritarios en la comunidad de naciones.

Pero eso no es suficiente. La región en que nace una persona condiciona demasiado la vida que tendrá. Las mujeres no tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Los recursos naturales puede estar siendo víctima de una tragedia de los comunes de alcance planetario. Y, también entre nosotros, la calidad y esperanza de vida depende más del código postal que de la información del ADN cifrada mediante el código genético.

Para encontrar solución a estos problemas es esencial seguir ampliando el círculo moral, hemos de sentirnos cada vez más concernidos por la suerte de nuestros semejantes.

Ciencia y democracia han experimentado avances grandes, sí, pero se encuentran en peligro. Los populismos emergentes en América y Europa, las potencias petroleras del Golfo Pérsico, el fundamentalismo islámico y la China comunista, por citar las más poderosas, son hoy sus principales amenazas. Hechos y razones retroceden frente a deseos y emociones. Y queda mucho para ejercitar un cosmopolitismo respetuoso con las diferencias y que ayude a extender la democracia y el bienestar hasta los últimos rincones del planeta.

Necesitamos más ciencia, más libertad, y altas dosis de benevolencia, generosidad y compasión.

Se me ha concedido este premio –son palabras del jurado– por mi trabajo de promoción de la cultura científica, también en euskera, especialmente a la sociedad vasca. He dedicado mi vida a crear y transmitir conocimiento, en el laboratorio, en el aula, en el despacho y también en la esfera pública, presencial y virtual. Lo he hecho en castellano, en euskera y en inglés. Siempre he pensado que lo hacía al servicio de la sociedad vasca, pero sin limitar a esta el ámbito de actuación. La ciencia no tiene fronteras y su extensión tampoco debe tenerlas. La difusión social del conocimiento científico promueve una sociedad culta, con criterio bien fundado para tomar decisiones. El ejercicio de la ciudadanía es así más responsable y, por lo tanto, más libre. Pues bien, se me concede este premio por trabajar, desde mi posición modesta, para hacer realidad los ideales que he desgranado aquí. Pocas cosas pueden proporcionarme mayor satisfacción. Pocas cosas pueden suscitar una gratitud como la que siento. Estoy emocionado y profundamente agradecido.

Semillas en número innúmero

En primer lugar, no hay para nosotros ningún límite en todas las direcciones por doquier, y de uno y otro lado, por arriba y por abajo a través del universo, como demostré, y la propia realidad por sí misma lo proclama, y la naturaleza de lo inmenso se manifiesta clara. De ninguna manera ya hay que pensar que sea verosímil, dado que en todas direcciones hay infinito espacio vacío y que las semillas en número innúmero y en universo ilimitado revolotean de muchos modos agitadas por eterno movimiento, que solo este ciclo y orbe de tierras se haya creado, que nada hagan afuera aquellos cuerpos de materia tan numerosos; sobre todo porque a este mundo lo ha hecho la naturaleza, y las semillas mismas de las cosas por su propio impulso chocando casualmente, tras haberse reunido de muchas maneras, al azar, sin resultado y en vano, al fin se combinaron estas que congregadas de pronto pasarían a ser los principios por siempre de grandes realidades, de tierra, de mar y cielo y de la especie de los seres vivos.

Tito Lucrecio Caro (99 aec-55 aec), La naturaleza de las cosas.

Tuiter está lleno de expertos en fisiología y medicina deportiva

Esta historia empezó con la lectura de un artículo en la revista Physiology, de la Sociedad Americana de Fisiología (una buena revista científica). Se trata de una revisión firmada por Herman Pontzer, de Duke University, en Estados Unidos. El artículo se titula «Energy Constraint as a Novel Mechanism Linking Exercise and Health» (La limitación energética como un nuevo mecanismo que vincula el ejercicio y la salud). En él, además de lo que dice el título, Pontzer explica que el organismo se adapta al ejercicio físico y mantiene relativamente constante el gasto de energía diario total aunque se haga más actividad física. La consecuencia práctica es que el ejercicio ayuda poco a quienes quieren perder peso.

Me pareció interesante. Además, lo que cuenta se ajusta a mi experiencia personal y a la de otras personas que conozco. Así que, ni corto ni perezoso, me puse y escribí un artículo de divulgación que envié a The Conversation España. De acuerdo con los editores del medio, decidimos titular el artículo «El ejercicio ayuda poco a adelgazar: es más efectivo comer menos«.

Antes de seguir quiero aclarar que me utilicé a mí mismo como sujeto experimental al objeto de hilar una historia más personal que facilitase el acercamiento a los lectores. Quizás no debería haberlo hecho.

Tras su aparición en The Conversation, el artículo fue republicado por numerosos medios digitales, de manera que dos días después de su publicación ya tenía más de 80.000 lecturas.

Comento a continuación algunas reacciones al artículo.

Me gustaron las de Dani Álvarez y Pedro Ugarte. Ambos hicieron lecturas «filosóficas» de mi historia. Las comparto porque me hicieron gracia, pero fueron puro espejismo.

A partir de esos «filosóficos» comentarios amables, la mayoría de los que vinieron después fueron puro despropósito. Incluyo algunos a continuación.

Mr. Vecino remacha una de las ideas del artículo:

Me extrañó, así que le pregunté:

Como sospechaba:

Eso sí, le agradecí haber reconocido no haber leído el artículo; otros, que tampoco lo leyeron, afirmaron vehementemente haberlo hecho.

También hubo quienes debieron de leer otro artículo:

Otro me aconseja no prescindir de apoyo profesional:

Entonces me percaté de que el tema del artículo había dejado de ser la adaptación metabólica y había pasado a ser un servidor y sus conflictos con la báscula y la bici estática.

Pero las respuestas verdaderamente surrealistas llegaron cuando el artículo lo republicó eldiario.es

El remate (por ahora) ha sido este despropósito:

Veremos qué nos deparan las próximas horas.

Además de estas reacciones, he recibido mensajes por correo electrónico en los que, además de indagar acerca de mis circunstancias fisiológico-deportivas, me ofrecen consejos para adelgazar. Y hasta se ha recibido una llamada en el despacho de un lector bienintencionado. A la sazón, me encontraba de viaje en Madrid.

Toda esta secuencia me ha llevado a algunas conclusiones:

(1) Mucha gente que opina, lo hace sin leer. Ya lo sabía; pero constatarlo enternece.

(2) O, si lee, se queda solo con los aspectos que contradicen nociones firmemente arraigadas. La indignación que les produce hace que sus sistemas cognitivos omitan (borren) todo lo demás.

(3) Prescinden completamente de los enlaces a los medios originales sobre los que se sustentan los argumentos del artículo (quizás no sepan inglés, pero tampoco creo que eso importe). Creen estar leyendo meras opiniones.

(4) En tuiter hay más fisiólogos y médicos deportivos de lo que me imaginaba. Eso sí: no han pasado por las aulas ni tienen título oficial.

Y (5) el ejercicio físico y toda la parafernalia y verborrea que lo adorna es como una enfermedad. Se ponen como si hablásemos de política.

Y Deborah aporta una sexta conclusión:

Entimema

Entimema, del griego eνθύμημα o enthumēma [en + thumos (mente)- “que ya reside en la mente”, es como se denomina a un silogismo en el que se ha suprimido una de las premisas o la conclusión, al darse por obvias o considerarse implícitas en el enunciado. Es decir, la premisa o conclusión ya reside en la mente del auditorio (de ahí su etimología), por lo que no es necesario que sea enunciada. También recibe el nombre de silogismo truncado.

Pero al contrario que el silogismo completo, no es un recurso lógico, sino retórico. Esa diferencia es muy importante. Al omitir una de las premisas o la conclusión, se priva a la audiencia de uno de los elementos necesarios para hacerse un juicio cabal de lo que se afirma. Y no es casual, de hecho, que se preste a equívocos, malinterpretaciones o, directamente, trampas o falacias lógicas.

Muchas veces se recurre al entimema con esos propósitos. Por eso hay que estar en guardia frente a ese tipo de fórmulas. «Blanco y en botella…. »  es un entimema inocuo, pero los hay que no lo son tanto. Y el problema es que una vez enunciado, es muy difícil argumentar en sentido contrario, puesto que en la audiencia se ha instalado ya una falacia interesada.

La historia del aldeano y la vaca ejemplifica visualmente el falso entimema. El aldeano quiere ordeñar la vaca pero ésta le incordia con el rabo. Cuando, subido en una tajuela, intenta atárselo con su cinturón sujetándolo desde atrás, se le caen los pantalones. Y en ese momento asoma el vecino por la puerta de la cuadra. Ante su cara de estupefacción, el aldeano le dice: “Es lo que estás pensando, porque si te digo la verdad no te la vas a creer”.

Fuente: Creo recordar que mi primera noticia acerca de la existencia de esta figura retórica la recibí de Rafael Castellano, en su «Erotismo vasco«, en el que contaba la anécdota del aldeano y la vaca para ilustrar un falso entimema; no obstante, no sé si esa anécdota es vasca porque he visto referencias en funtes latinoamericanas.

Es muy difícil convencer a alguien de que ha dicho una tontería

Una entrevista de J. Fernández para Deia y demás diarios del Grupo Noticias

Fotografía de Oskar González

BILBAO– El acreditado galardón que Juan Ignacio Pérez Iglesias (Salamanca, 1960) recibirá a mediados de julio -en su vigesimoquinta edición- reconoce saberes que van más allá de los puramente científicos. Es, de hecho, una especie de agradecimiento a su talento y su disposición especiales para contactar con la ciudadanía. ¿Su objetivo? Compartir todo tipo de conocimientos, cultura en definitiva, que permitan a la ciudadanía desplegar todas sus habilidades sociales. En palabras del jurado, “acercar la universidad vasca a la sociedad, elevando el nivel de conocimiento y la perspectiva crítica de la sociedad”.

¿Por qué es tan importante que la ciencia y los avances tecnológicos tengan proyección social?

– Es interesante que todas las formas de conocimiento estén a disposición de la gente. El conocimiento enriquece desde un punto de vista cultural, forma parte de la cultura humana. Y porque el conocimiento más aplicado proporciona criterios a la hora de tomar decisiones. Las personas tomamos muchas más decisiones de las que creemos. Cuando votamos, por ejemplo. Ese partido tomará decisiones que tienen que ver con asuntos de carácter científico: abrir o cerrar centrales nucleares, autorizar transgénicos o no, permitir ingeniería genética en humanos o no…

Nucleares, transgénicos, ingeniería genética… Me queda lejos.

– Pero sí decides qué yogur comprar. Y en esa decisión estás influyendo en el mercado, en el éxito de una empresa o no. Y si no te importa dar pábulo a mensajes engañosos que muchas veces hay en la publicidad de los yogures, estás favoreciendo una práctica que en el fondo es fraudulenta.

¿Cómo?

– No hay hongos o microorganismos que estimulen el sistema inmunitario…. Es complicado explicar por qué lo pueden decir porque siempre hay una añagaza detrás. Pero no es verdad. Si compras un lácteo pensando que vas tener el sistema inmunitario mejor que tomando otro, te estás equivocando. La gente no es consciente de hasta qué punto alguien que compra tiene poder.

Y si lo sabemos nosotros, también lo sabrán las multinacionales, las clases políticas…

– Sí. Y cada vez se regula mejor, pero siempre hay un zirrikitu, una puertecita de atrás… Por eso es tan importante la información y la cultura de calidad. Te permite ser conocedor de este tipo de cosas. Una sociedad en la que sus ciudadanos tienen este tipo de conocimientos funciona mejor.

¿Es difícil conectar con la sociedad?

– No es fácil. La capacidad de recabar la atención es limitada y hay que competir con muchas fuentes que también recaban la atención de la gente. Y la gente tiene una capacidad limitada de atender.

Claro, vivimos en una sociedad hiperinformada.

– Más que hiperinformada está hiperbombardeada por unidades de información. Es un problema, pero a la vez también es una oportunidad: con una oferta tan amplia puedes escoger aquello que te interese más. Pero con una oferta muy amplia, también es muy difícil escoger con buen criterio.

¿Se puede explicar ciencia en diez minutos?

– El otro día en Murcia, en una charla de veinte minutos, conté cuatro casos de adaptaciones humanas a condiciones extremas. Expliqué por qué razón los inuit pueden vivir en el Círculo Polar Ártico, los tibetanos a más de 4.000 metros de altura, los pigmeos en la selva y los bajau -de Indonesia- son capaces de sumergirse durante diez minutos a pulmón libre.

Pues a ver qué sabemos o aprendemos a hacer nosotros para poder sobrevivir…

– La principal adaptación humana es siempre cultural. Un inuit no sobreviviría en el Ártico si no supiera hacer iglús y kayaks.

¿Alguna vez se ha visto obligado o con ganas de intervenir en alguna conversación ajena en la que se decían barbaridades científicas?

– Me suelo quedar con ganas. No tengo ese descaro, pero la razón más importante es que es muy difícil convencer a alguien de que ha dicho una tontería.

Entonces, ¿cómo hacerlo?

– Con mucho cuidado. Si le dices a alguien: “¿Cómo puedes pensar que si te ponen las manos en la tripa te vas a curar…?”. No se lo puedes decir directamente a alguien que cree que se cura…

Blogs, YouTube, redes sociales, colaboraciones con medios de comunicación como su columna ‘con_ciencia’ en DEIA… ¿son más necesarios que nunca?

– Sí, porque vivimos en una sociedad más científico-tecnológica que nunca. Creo que fue Carl Sagan quien dijo aquello de que “vivir en una sociedad tan dependiente de la ciencia y la tecnología cuando sus integrantes tienen muy poco conocimiento de ciencia y tecnología es la mejor receta para el desastre”. Por eso es conveniente tener criterio para tomar decisiones.

Las falsas creencias y las ‘fake news’ se han cebado desde siempre con la ciencia…

– Es que muchas cosas que no tienen carácter científico, quienes las practican, reclaman esa condición científica porque la ciencia tiene un prestigio social. Pero también hay un cierto movimiento de rechazo de la racionalidad. De reivindicar lo irracional, lo emocional, las tripas… Y claro, la ciencia es el paradigma de lo racional…

Pero los científicos son personas y tienen emociones…

– Somos tan pasto de las emociones como el resto del mundo. Hay gente que me dice que rechazamos el misterio. Y yo les digo, “¿dónde está la frontera entre el misterio y la ignorancia?, ¿por qué lo llamamos misterio cuando lo podríamos llamar ignorancia?”. Claro que rechazamos la ignorancia. ¿Rechazamos el misterio? No. Nos encanta desentrañar misterios.

Pues ahí va uno como el del huevo y la gallina: retornar talento o retenerlo. ¿Qué es primero?

– No hay un primero. No fue antes el huevo que la gallina ni la gallina que el huevo. Todos los organismos procedemos por evolución de un antepasado común al que hasta le hemos puesto nombre: LUCA (Last Universal Common Ancestor). Y de la misma forma, no cabe hablar de retornar o retener. Es la misma cosa. Es hacerte atractivo para el talento. Y la mejor manera de hacerlo es generar las condiciones idóneas para cultivarlo.

¿Y las tenemos?

– Las tenemos mejores que antes. Pero en este campo las afirmaciones nunca son absolutas. Depende con qué te compares… La clave en todo esto es aspirar a mejorar. Siempre. De lo que se trata es de hacerse atractivo para ser elegidos por los mejores.

Ahí va otra: generar conocimiento o compartirlo, ¿qué es más importante?

– Un conocimiento que no se comparte no es conocimiento. En ciencia es clave someter a contraste lo que haces. Así que si alguien dice, tal persona sabe mucho pero no se lo dice a nadie, es que no sabe nada. A lo mejor resulta que lo que sabe son tonterías…

‘Amazings’, ‘Naukas’, todo lo que toca la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU que usted dirige se convierte en un éxito. ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

– Si me dicen hace nueve años, cuando la UPV y la Diputación de Bizkaia decidieron crear la Cátedra, que íbamos a tener 2.000 personas en Euskalduna asistiendo a charlas de ciencia no me lo hubiera creído. Y se retransmiten en streaming. El blog de la Cátedra con más audiencia tiene 550.000 sesiones al mes…

¿Y la gente es consciente de este prestigio?

– No soy particularmente complaciente con mi entorno, pero creo que estamos consiguiendo marcar tendencias y que la gente quiera venir.Naukas empezó en Bilbao y ahora hay festivales de ciencia similares en A Coruña, Donostia, Gasteiz, Iruñea, Valladolid, Burgos, Murcia…

¿Próximos proyectos?

– El año que viene cumplimos diez años y creo que deberíamos ganar más en referencialidad tanto dentro de Euskadi como fuera. A lo mejor, uno de nuestros retos principales es ser más conocidos en Bizkaia… Los vizcainos no somos conscientes de la proyección que tiene la Cátedra, de su impacto fuera de aquí…

Es parte activa de Jakin-Mina, el programa de Jakiunde para ‘desenrollar’ el conocimiento en general entre los estudiantes de Cuarto de la ESO. ¿La cultura se cuenta de manera atractiva en edades escolares?

– Es muy fácil decir que habría que mejorar. Pero ojo, no nos confundamos, porque una cosa es el aprendizaje formal y otra el informal. La parte informal ha de ser atractiva y amena, la formal ha de ser efectiva. No podemos confundir la enseñanza con la divulgación. Y a veces se es injusto con el sistema educativo.

¿Hacen falta científicos o humanistas?

– De entrada, la realidad exige gente muy formada. Y una sociedad sana necesita de todo.

Y en el mundo académico, ¿están reconocidos los divulgadores o se piensa que se han alejado de la docencia, que son unos comediantes?

– En el mundo académico hay una especie de esquizofrenia. Una parte tiene claro que la tarea de difundir socialmente el conocimiento general es vital. Pero hay reductos, y no pequeños, que entienden que nos tenemos que limitar a generar conocimiento y que la sociedad allá cuidaos, y que quienes nos dedicamos a esto de la divulgación es porque nos va la farándula.

Pues de algún modo, es una forma de empezar a cambiar el mundo, porque la divulgación llega a más gente, más allá de las aulas…

– No me dedicaría a esto si pensase que no es una actividad positiva con carácter general. Cambiar el mundo es ampuloso, pero suelo decir que nuestra principal aspiración es dejar un mundo mejor del que encontramos: mayor confort, mayor felicidad, más bienestar, más salud, más conocimiento… Y este tipo de actividades contribuyen a eso. Y antes, cuando me has preguntado lo de los diez minutos, más importante que enseñar es el interés que despiertas. Esa es la clave.

Convendrá en que también se corre el riesgo de trivializar y que la gente piense ‘me siento inteligente’…

– Sí, claro. Pero eso quiere decir que tenemos que tratar de ser lo más rigurosos posibles. Y cuando no lo hacemos bien, no está mal que se nos critique. La gente de divulgación científica somos muy estrictos. Referencias, fuentes… Hay quien dice que hay que ser rigurosos y otros que dicen que hay que tener cuidado con el rigor porque puede convertirse en rigor mortis.

¿Y usted?

– Yo ante la duda prefiero el rigor.

La Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU ¿obtiene retorno en forma de ‘likes’ o de financiación?

– La financiación es estable. La Diputación apostó desde el primer momento por la Cátedra y luego hay colaboraciones privadas y públicas. No nos planteamos vamos a hacer esto porque necesitamos financiación… Y el like, pues es muy peligroso porque te puede dar una idea muy engañosa de tu verdadero alcance… Para nosotros la medida, lo fundamental, es la participación en las actividades que organizamos y el grado de aceptación. Y te diré que hay dos temas que llenan las salas: la cosmología, los orígenes del universo, de dónde viene todo, y la evolución humana, de dónde venimos. A la gente le interesan las grandes cuestiones. No queremos aceptar de ninguna manera que esto es un accidente cósmico.

¿El populismo también amenaza a la ciencia y a la investigación?

– Por supuesto. El populismo se basa en la transmisión de emociones muy simples como fórmula para resolver problemas complejos. Ya sean de izquierdas o de derechas comparten eso. Al populismo la ciencia y el conocimiento le estorban. Y a los seguidores del populismo también, porque la ciencia te pone ante el espejo, te retrata. De hecho, tengo una teoría abstrusa de por qué ganó Donald Trump, el Brexit….

Pues no se la guarde.

-Además de porque los finales de las crisis económicas son duras de digerir, tiene que ver con el triunfo de una mentalidad posmoderna en filosofía que sostiene que no hay verdades y que todo vale, que los hechos los construimos… Esto ha dado respetabilidad a los mentirosos, les ha hecho creíbles. Puede haber interpretaciones alternativas, pero los hechos no lo son.

La Humanidad ha evolucionado gracias a los descubrimientos científicos y tecnológicos, pero estará conmigo en que la ciencia también está detrás de…

– … grandes desastres, efectivamente. Y esto no lo podemos olvidar. Por eso es exigible a los científicos que seamos conscientes de las implicaciones sociales, éticas y morales de los descubrimientos científicos y de sus posibles aplicaciones. Nunca es posible ser consciente de todo, pero sí es muy conveniente estar en guardia ante posibles usos que se pueden hacer de descubrimientos y de nociones…

¿Por ejemplo?

– Ahora hay un tema muy candente. Las técnicas de edición genómica, de ADN, el Crispr. Un corta y pega. Puedes hacer casi lo que te dé la gana, pero ojo, porque si metes la pata puedes organizar un follón de mucho cuidado. Y porque tienes que tener muy claro cuáles son los casos de aplicación y cuáles no. Parece legítimo usarlo para resolver problemas médicos. Las enfermedades raras por ejemplo. ¿Pero sería moralmente legitimo utilizar el Crispr para producir seres humanos más inteligentes?, ¿al alcance de quién?, ¿al servicio de quién?, ¿de qué manera?…

¡Vaya!

– Tampoco hay que dramatizar porque esto ha ocurrido con todos los avances del conocimiento y aquí estamos. Pero hay que ser conscientes de todo ello.

Un reciente informe de la ONU en el que han tomado parte investigadores del instituto vasco BC3, alertaba sobre la sexta extinción de especies. Hay que ponerse las pilas…

– La situación tiene muy mala pinta. El problema es que la cuestión se ha planteado en términos de conflicto ideológico. Y es muy difícil reconducirlo a un debate racional porque dependiendo de qué lado estés, la gente está dispuesta a negar la evidencia. La derecha niega la realidad del cambio climático, las pruebas, las evidencias… Y hay otros asuntos en los que es la izquierda la que niega evidencias en cuestiones ambientales como los transgénicos. Su cultivo no ha generado más problemas de salud ni ambientales que cualquier otro macrocultivo…

Una curiosidad ahora que estamos en año de celebraciones: ¿Llegó el ser humano a la Luna?

– Sí, hombre. Hay pruebas fehacientes. Los objetos que dejaron allí quienes fueron se pueden fotografiar, pero la más contundente es que las rocas que trajeron están en la Tierra. Y no hay ninguna posibilidad de que no sean de origen lunar.

¿Y por que no se ha regresado?

– No hay incentivos. Qué vas a hacer allí. Salvo que te plantees la Luna para dar un salto posterior no tiene sentido ir allí. O explotarla para obtener minerales, y eso se hará también con asteroides…

Los límites del conocimiento

El pasado mes de diciembre se celebró la quinta edición de Desgranando Ciencia, un evento de divulgación científica de gran formato, basado sobre todo en charlas breves. Tuve la fortuna de ser invitado para impartir una conferencia allí, y preparé una breve charla con el título “Los límites del conocimiento”. Mi intervención fue una versión resumida de una ponencia de una hora que expuse en julio de 2017 en el curso de verano de la UPV/EHU “Una aventura científica: de las partículas elementales al conocimiento” y de una conferencia que impartí en Bilbao en octubre pasado en una sesión de Enigmas y birras del Círculo Escéptico que no se pudo grabar..

Aquí puedes ver “Los límites del conocimiento”. Si tienes un cuarto de hora, quizás te interese.

En El universo es incognoscible traté algún aspecto de este mismo tema. Me absorbe.

Parece que sí, que los estereotipos influyen

Es sabido que el porcentaje de chicas que escogen ingenierías o ciertas carreras de ciencias (física) cuando van a la universidad es muy bajo; las chicas representan en torno a un 25 o 30% del número total de matriculados. A cambio, ellas son muy mayoritarias en las carreras de ciencias de la salud, educación y otras; en esas son alrededor de un 75% del total. Pocos son conscientes, sin embargo, de que tampoco los estudios de filosofía se encuentran entre los preferidos por las mujeres o de que los de biología molecular sí lo son.

Ante esas diferencias nos hacemos muchas preguntas: ¿son innatas o son el resultado de la influencia del ambiente en que se crían los chicos y las chicas? ¿nos deben preocupar? ¿debemos animar a las chicas a que consideren la opción de estudiar ingenierías y a los chicos a que sean enfermeros? ¿hacemos bien tratando de corregir esos porcentajes? ¿son efectivas las medidas que se toman para corregirlas? ¿elegirían unas y otros con libertad en caso de que los animásemos en una u otra dirección? Son todas ellas preguntas legítimas, pero adelanto que no tengo una respuesta nítida para todas. Eso sí, conforme pasa el tiempo más me inclino a pensar que las diferencias no son innatas, que no es bueno que sean tan marcadas, y que es posible y conveniente actuar para corregirlas si pensamos que actuando así contribuimos a que chicos y chicas gocen en la vida de las mismas oportunidades.

Son meras opiniones; no voy a tratar de sostenerlas ahora. Habrá ocasión. Sí quiero, no obstante, aportar unos datos para la reflexión. Están extraídos de una investigación y los publicó hace cuatro años la revista Science. Quienes hicieron la investigación se hacían preguntas muy parecidas a estas que me he hecho yo. Partieron de la base de que el talento y la brillantez intelectual son rasgos que se suelen atribuir a los hombres. Y plantearon la hipótesis de que esa asociación puede conducir a que las mujeres descarten optar por disciplinas de las que piensan que exigen grandes dotes intelectuales. Esto es lo que se suele denominar un estereotipo.

Como hipótesis alternativas para explicar las diferencias, consideraron tres posibilidades. La primera fue que hubiese entre hombres y mujeres diferentes disposiciones a o capacidades para trabajar durante horarios laborales más prolongados; esta hipótesis tendría sentido si las mujeres valoran en mayor medida que los hombres una dedicación más equilibrada a otras facetas de la vida, como de hecho se ha sugerido en algunos trabajos. La segunda hipótesis alternativa se basó en la posible existencia de diferencias entre hombres y mujeres en los niveles extremos superiores de ciertas aptitudes, incluso aunque las aptitudes medias no difieran. La tercera concernió a la suposición de que ciertas carreras exigen una mayor capacidad para el pensamiento sistemático y abstracto, mientras que otras requieren o priorizan la capacidad para empatizar; según esta tercera hipótesis, a las mujeres les iría mejor y preferirían las carreras para las que la capacidad para empatizar constituye una ventaja, en perjuicio de las que, supuestamente, exigen más capacidad de abstracción y sistematización.

Los investigadores caracterizaron 30 carreras universitarias con arreglo a esas características diferenciales. Y cuantificaron cada uno de los rasgos considerados como hipótesis posibles (grado de brillantez requerida para cursarla con éxito, grado de dedicación a cursar la carrera, nivel de selectividad de la carrera, y capacidad de abstracción/sistematización vs. capacidad para empatizar).

La conclusión de la investigación fue que el grado de brillantez intelectual necesaria que se atribuye a cada carrera para poderla cursar con éxito resultó ser la única variable que se correlacionaba de forma significativa (y negativa) con el porcentaje de mujeres que obtienen el doctorado en cada campo del saber. El resto de variables consideradas no se correlacionaban de forma significativa con la presencia femenina en los diferentes campos.

Como todos los estudios, este tendrá problemas, estoy seguro; habrá quien esgrima, con razón, que correlación no implica que haya una relación causal entre las variables. Y no dudo de que se le podrán poner otras pegas. Además, como he comentado en alguna ocasión, no hay observación exenta de la influencia de las ideas preconcebidas de quien la hace.

Pero en mi opinión este estudio respalda la idea de que en la base de las diferencias entre chicos y chicas en lo relativo a sus opciones académicas ciertos estereotipos ejercen un efecto importante.

Por hoy, esto es todo; ya habrá más.

Referencia: Sarah-Jane Leslie, Andrei Cimpian, Meredith Meyer, Edward Freeland: Expectations of brilliance underlie gender distributions across academic disciplines Science16 Jan 2015 : 262-265

La agencia SINC publicó un buen resumen en español aquí.

La fuerza de las ideologías cambia con el tiempo, pero no todas cambian igual

Hace unos meses reflexioné aquí acerca de la importancia de las ideas como motores de la humanidad. Los valores que inspiran el ordenamiento jurídico, la forma en que se organizan las sociedades, o el modo en que se articula la actividad económica y las relaciones entre los países se basan en ideas que, aunque pueden tener orígenes diferentes, se debaten en la esfera política.

El tiempo no pasa en balde, tampoco para las ideas. Por una extraña casualidad muy propia de las redes sociales me he encontrado con unas figuras muy interesantes que reflejan cómo han cambiado las preferencias políticas en los países más avanzados del mundo durante el último siglo y medio. Son figuras basadas en resultados agregados de diferentes opciones electorales a lo largo del tiempo. No sé cómo se han elaborado; desconozco qué criterios se han seguido para decidir qué países se consideran los más avanzados, aunque supongo que se refiere a los países democráticos del Occidente (político). Ignoro cuál es la fuente original ni en qué contexto se presentan y se han debatido esos datos. Solo sé que han sido difundidas desde la cuenta de Taylor Mann. (al final del texto está enlazado el hilo en Twitter). Y me ha parecido interesante traerlas aquí. Asumo que, en lo esencial, reflejan una realidad, y por eso las traigo y las comento. No tengo pretensión alguna respecto a su valor empírico. Y lo que haré a continuación no es sino conjeturar, que para eso se llama este blog como se llama.

El repaso empieza en el momento en que surgen las ideologías de lo que hoy llamamos “izquierda” (variantes del socialismo), en una época en la que las opciones mayoritarias eran, aparentemente, liberales, aunque de fuerza muy pareja a la de la agregación de las diferentes “derechas” (conservadores y democristianos, principalmente). A grandes rasgos se podría decir que a mediados del siglo XIX ser liberal era ser progresista y no serlo era ser reaccionario.

Pero entonces surgió el socialismo y en su primer medio siglo de vida llegó a arrebatar al liberalismo la mitad de su electorado. Ya no estaba tan claro qué era ser “progresista”. Ese medio siglo de vida del socialismo es el tiempo en que tardó en aparecer el comunismo. Tuvo este su máxima influencia tras la II guerra mundial en los países aquí considerados, pero desde entonces ha ido perdiendo fuelle para remontar ligeramente coincidiendo con la gran crisis económica que se inició en 2008.  La socialdemocracia alcanzó su máxima relevancia alrededor de 1960 pero desde entonces la ha ido perdiendo poco a poco (lo indica con claridad la siguiente figura), al menos en parte por la aparición del ecologismo político en la década de los setenta.

El liberalismo, entre tanto, ha mantenido un porcentaje relativamente constante durante los últimos 80 años. El declive que experimentó en beneficio del socialismo y otras ideologías de izquierdas, no se prologó tras la II guerra mundial.

El bloque de derechas, considerado en conjunto, se ha mantenido más o menos constante a lo largo de todo el periodo. Esto da que pensar. También la proporción entre conservadores y democristianos se ha mantenido estable. Lo que llama la atención de ese bloque son los tres (o cuatro) episodios de emergencia de opciones de extrema derecha. Y lo más inquietante es el crecimiento, lento pero constante, que ha experimentado esa tendencia política desde entonces. Se produce, sobre todo, desde comienzos de los noventa, y no creo que sea demasiado aventurado relacionarla con la mayoría de edad de las generaciones nacidas unos cuantos años después de la II guerra mundial. Podría ser que la pujanza de la extrema derecha se produzca cuando ya se han olvidado los horrores que nos trajeron los extremismos y las ideologías totalitarias en el pasado o cuando quienes los vivieron han desaparecido. Una visión alternativa de los brotes totalitarios puede leerse aquí, donde traté del efecto de las crisis económicas sobre los extremismos políticos.