Se aprende más del error que de la confusión

Sir Francis Bacon
Sir Francis Bacon

Aprendí en las aulas universitarias que, normalmente, cuando alguien recurre a expresiones enrevesadas y oscuras, es porque no tiene muy claro lo que explica. He comprobado que en el resto de esferas de la vida la norma también suele valer. Esa norma es aplicable cuando alguien se ve obligado a explicar o dar cuenta de algo acerca de lo que no tiene suficientes conocimientos. Pero también funciona cuando lo que se quiere transmitir es un mensaje sin contenido real, o sea, cuando, de hecho, es humo, no hay nada, sólo palabras y, sin embargo, esa ausencia de nociones o ideas coeherentes quiere hacerse pasar por pensamientos profundos.

Lo anterior no quiere decir que no haya también ideas complejas, de difícil expresión. Las hay, por supuesto, sobre todo si nos adentramos en campos muy especializados del saber. Para empezar, hasta la misma terminología puede constituir una seria dificultad, pues es preciso dominarla para poder articular un discurso con contenido. Pero incluso en esos casos no es necesario recurrir a formas oscuras de lenguaje. No es lo mismo oscuridad y dificultad. La oscuridad esconde, confunde, impide la comprensión. La dificultad exige un mayor esfuerzo, pero no tiene por qué ser expresada de forma enrevesada, oscura.

Por eso, las imposturas intelectuales se reconocen fácilmente porque suelen ir envueltas en un lenguaje enrevesado y oscuro. Las nociones realmente valiosas, por el contrario, suelen expresarse de forma sencilla y clara. Y si requieren una cierta extensión, se enuncian de forma ordenada.

Ese principio está relacionado con una idea formulada hace cinco siglos por el político y filósofo inglés Francis Bacon, quien sostuvo que la verdad surge más fácilmente del error que de la confusión. Confusión es lo contrario de claridad; una proposición confusa es difícil de rebatir porque para poder hacerlo, es preciso que se entienda, y para eso ha de formularse de forma clara. Por esa razón, una idea errónea pero expresada con claridad, puede rebatirse y a partir de ahí llegar a la idea correcta. Pero una proposición confusa resulta muy difícil de entender y, por lo tanto, de refutar. Y así no es fácil –o ni siquiera posible- llegar a la verdad. Por eso es tan confuso el discurso de los impostores intelectuales. Recurren a la táctica del calamar: la tinta que expulsan no permite comprobar si la idea que enuncian es verdadera o falsa, si lo que proponen es conveniente o no. Ni siquiera permite ver si hay alguna idea o, por el contrario, no hay nada, salvo palabrería carente de contenido.

Por eso, cuando leo u oigo expresiones confusas, discursos enrevesados, enunciados oscuros, textos desordenados, desconfío. Y aplico el principio precautorio de que cuando no entiendo algo, ese algo o no es bueno o ni siquiera existe.

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P.S.: Los impostores intelectuales suelen ser pomposos y pedantes. Y aclaro: entiendo por pedante quien recurre a palabras y expresiones elevadas de forma impropia o las utiliza en contextos o niveles de lenguaje inadecuados, no a quien las utiliza de forma adecuada y donde corresponde.

Sobre PISA 2015

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En la anotación anterior presenté un gráfico sintético en el que se mostraban los resultados de la evaluación de PISA 2015 relacionados con el valor del Estatus Social, Económico y Cultural de las diferentes comunidades autónomas. La difusión de ese gráfico provocó que el pasado día siete pasase, literal o telefónicamente, por cuatro emisoras de radio y cinco programas de televisión para hablar de los resultados de PISA2015. Apareció, además, un breve texto en un periódico y el día ocho apareció otro más extenso aquí:

http://www.deia.com/2016/12/08/opinion/columnistas/un-tal-perez/pisa-2015-toca-ponerse-las-pilas

Sirva lo anterior de introducción y puesta en contexto de lo que sigue, que se refiere a un conjunto de opiniones que no comparto en absoluto y que valoro a continuación. Son, a todos los efectos, unas conjeturas:

1. No comparto el rechazo a PISA por el hecho de que evalúe competencias y eso esté, al parecer, orientado a formar trabajadores y satisfacer las necesidades de las empresas y el orden neoliberal. A quienes opinan de esa forma no parecen importarles dos cosas: 1) Los resultados de distintas evaluaciones -también las que valoran conocimientos- tienen un alto grado de coincidencia; de hecho, nuestra evaluación de diagnóstico ya anticipaba lo que venía en PISA. 2) Los regímenes no-neoliberales también necesitan que la gente se forme para trabajar [es un fastidio, soy consciente, pero la sociedad no-neoliberal también necesita que alguien haga algo, aunque lo haga gratis et amore].

2. No comparto la pretensión de que los retrocesos obedecen a los famosos «recortes», sin reparar en el hecho de que nuestra comunidad autónoma invierte mucho en educación, es la que más gasta en España, y una de las que más gastan en Europa, pero a pesar de ello, eso no parece servirnos de mucho. Tampoco reparan en el hecho de que en las demás comunidades autónomas ha habido (más) recortes y sin embargo en esas otras han mejorado.

3. No comparto la actitud sistemática de búsqueda de culpables (como si hubiera tal cosa); y el culpable no sólo se busca, también se encuentra y siempre es -¡qué casualidad!- el adversario político.

4. No comparto la idea de que los malos resultados obedezcan a la acción o inacción de algún responsable político y que, por lo tanto, los buenos resultados vayan a venir por el mismo camino.

No comparto nada de lo anterior. He repetido hasta hartarme que, descartados los factores socio-económico-culturales (que explican el 65% de la variación entre ccaa españolas), los resultados escolares dependen sobre todo de la valoración social, familiar y personal de la cultura y la formación. Y muy en particular de la importancia que se atribuye a la formación como factor de movilidad y progreso social. Si en el entorno social y familiar del estudiante, y si él mismo creen que el grado de bienestar del que disfrutan está garantizado, ¿qué le impulsará a esforzarse y aprender? Ese es, a mi juicio, el principal problema. Ninguna decisión administrativa lo resolverá.

 

Notas:

(1) Sobre esto último escribió un tal Pérez hace unos meses, aquí.

(2) Entrevista en Radio Euskadi: Un sistema educativo mediocre nos convenció de que era muy bueno.

(3) Euskadi Irratian: PISA txostena: zuhurtziaz hartu beharrekoa eta kezkagarria (Hasieran Felix Etxeberria eta berehala, ni).

(4) Entrevista en Radio Vitoria: El informe PISA suspende a la educación en Euskadi (a partir del min 8).

Los resultados de las pruebas PISA2015 en su contexto

PISA2015

La magnitud del desaguisado educativo vasco se aprecia en toda su dimensión si se tiene en cuenta el ESEC (Estatus Socio-Económico y Cultural) que corresponde a cada comunidad autónoma. La distancia de nuestra puntuación con respecto a la línea de tendencia (recta de regresión en términos técnicos) es la mayor de todas las comunidades.

Los resultados son malos. No sólo descienden, y mucho, con relación a 2012, sino que en términos comparativos son penosos. Los de competencia científica son especialmente malos.

No faltarán excusas e interpretaciones interesadas. Y tampoco faltarán quienes asignen a los actuales o anteriores gobernantes la responsabilidad del problema. Pero se equivocarán quienes así hagan. Estamos ante un problema de primera magnitud, un problema que nos concierne e interpela a todos, agentes educativos, familias, ciudadanos y, por supuesto, responsables políticos.
Es imperativo que abandonemos la autocomplacencia en la que solemos bañarnos, nos pongamos las pilas, y afrontemos el que para mí es nuestro problema principal.