Codorniz: buen día para enmendar las prisas

Tras la apertura en la jornada de ayer de la codorniz en Castilla y León, la etapa de hoy puede resultar aún más productiva gracias a la corrección de errores

AÚN es pronto para realizar un balance de la temporada tras la pequeña migradora africana después de disfrutar ayer de la primera jornada, un día siempre cargado de prisas tanto para dueños como para canes en una modalidad en la que, principalmente, se requiere calma y tenacidad. Por supuesto que este año el mayor protagonismo lo adquieren la sequía peninsular y la cosecha adelantada, que para estas fechas han dejado esquilmados muchos campos en los que no ha quedado ni siquiera rastro de las hileras de paja que pudieran dar un mínimo refugio a las codornices.

Muchos cazadores vascos se vieron obligados ayer a pasear por antiguas piezas de cereal, en la que incluso ya han empezado a crecer las hierbas, en busca de algún milagro en forma de codornices. Después de revisar los solares más querenciosos, habrán buscado luego en las linderas y las zonas más húmedas o por sus proximidades algún rastro de la cotúrnida, la mayoría de veces en vano.

Pero volviendo a quienes han podido disfrutar de una zona más o menos con cierta paja, principalmente en las zonas más al norte de las provincias de Burgos y Palencia, donde la cosecha ha llegado más tarde, la de hoy puede ser una buena jornada para enmendar muchas de las cosas hechas ayer a la carrera. La primera, la prisa; hoy ya sabemos a qué atenernos más o menos y el nerviosismo inicial de todo comienzo de temporada se irá modelando. Algo que agradecerán el perro o perros, contagiados muchas veces por el estado de ánimo de sus conductores.

Si ayer la idea era revisar todas las piezas que la vista nos alcanzaba, hoy pautaremos con más calma las zonas en las que calcularemos y podremos mirar con ciertas garantías. Si la víspera no se ha abusado de la condición física de los perros, dando por supuesto que estaban bien preparados para el esfuerzo y el calor, hoy los canes estarán mucho más centrados en su tarea porque ya saben a qué salen. Y las prisas nunca son buenas consejeras en esta modalidad de caza.

Las codornices normalmente se aplastan y se quedan inmóviles sobre el terreno hasta que pase la amenaza en forma de perro que delata su presencia. Ello implica a su vez que el perro o perros deban ser tenaces en la búsqueda y ante la mínima emanación, regresar a la zona detectada, porque el pájaro habrá variado de ubicación como mecanismo de huida. Ese mínimo rastro es el que diferencia a los mejores perros, que sabrán salvar todas las triquiñuelas del ave hasta decirle a su amo dónde está exactamente. Y para eso hace falta tiempo. Dejar al perro hacer su trabajo, algo que ayer se hizo a un ritmo mucho más acelerado.

Doble filo

Seguramente también sabremos las zonas en las que más pájaros hubo, pero ello tiene su doble filo; los cazadores que ayer se toparon con esa zona querrán hoy acabar la tarea con los pájaros escapados, lo que también concentrará las ansias de otros cazadores que deseen recorrer esos mismos parajes.

Salvo que se trate de zonas muy codorniceras, esto es, espacios muy cuidados y normalmente para contadas escopetas, otra ventaja añadida de la segunda jornada es que casi siempre suele haber menos cazadores y por tanto menos perros, lo que implicará algunas oportunidades más de cazar mejor; siempre a sabiendas de que habrá menos pájaros en el campo, ya que el primer día es, lógicamente, cuando más aves se pueden encontrar, si bien su carácter de pájaro migratorio pueda deparar sorpresas, aunque muy contadas, ya avanzada la campaña, allá por septiembre.

Por lo demás, seguiremos vigilando las patas de los canes y con la vista atenta al calor de estos días en los páramos castellanos. La solución es fácil: disponer de agua abundante y a mano, tanto en el cazadero como en el coche e, incluso, a cuestas, en algún botellín o cantimplora, que nos vendrá bien y el perro, ese fiel aliado, siempre nos agradecerá.

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