El peor adversario para la sorda

 

El perro de muestra se convierte en el auténtico protagonista durante estas largas jornadas por los montes en busca de la anhelada oillagorra o becada

Mientras los aficionados al pase siguen mirando las previsiones climatológicas europeas, en espera de que nuevos temporales empujen otras remesas de pájaros hasta nuestras costas y montes, los que sí están en plena faena son los sorderos, que aún recuerdan la buena entrada de hace dos semanas, pero a los que también se les ha estancado el número de oillagorras en nuestros montes.

En esta modalidad, el concurso del perro no solo resulta obligatoria, sino fundamental para poder tener éxito detrás las escurridizas becadas. Hay un montón de tópicos al respecto, de perros y dueños, y la casuística crece en cada jornada, amén de las bromas, cuando no exageraciones, en el mundillo de los sorderos. Pero no se puede decir que sobre perros esté todo inventado porque este complejo mundo siempre está abierto a las nuevas teorías.

Como ejemplo de esto último, en internet aparecen incluso ciertos postulados para desechar en directo a aquellos canes procedentes de los concursos por unas cuantas razones, más o menos discutibles, apostando solo por los perros que demuestren su buen hacer en el día a día en el monte y tras largas jornadas de caza.

Algo que no será nada bien recibido por algunos criadores y adiestradores, que precisamente perseveran en su trabajo con la vista puesta a largo plazo en busca de perros cada vez mejores en el desarrollo de sus cualidades y tareas, no solo en concursos. Su objetivo es la mejora de la raza, no el lucro inmediato. Un debate que seguro durará muchas horas y más vueltas entre aficionados.

Especialista

El buen perro para las sordas deberá mostrar una gran pasión por la búsqueda de este pájaro basada en una afición a prueba de bombas, una resistencia de auténtico deportista de élite para no desfallecer en la búsqueda, y cabeza para saber dónde buscar a la becada, todo ello aderezado con una buena nariz que delate al pájaro.

A veces, son complicadas de ver las líneas que separan a un buen perro de sordas de un excelente becadero. El primero correrá y correrá con mayor o menor fortuna dando más o menos pájaros, pero el segundo seguro que sabrá exactamente dónde y cómo sorprender y bloquear al pájaro que se aplasta o mostrar al que lleva varios revuelos sin dejarse siquiera arrimar, guareciéndose en los sitios más complicados.

Al final, resulta difícil incluso evaluar a estos perros, porque su formación y conocimientos también dependerán de muchos factores. El primero, dando por hecho un adiestramiento mínimo de por medio, tiene que ver el número de horas de monte y el contacto con las sordas.

Un buen perro que apenas salga a cazar una o dos mañanas por semana poco o nada tendrá que ver, seguramente, con otro can quizás menos avezado pero que lleve a cuestas mucho monte y muchos más pájaros levantados, puestos y cobrados.

Los tiempos no perdonan y si hace unos lustros era relativamente fácil enseñar a un perro a cazar sordas, hoy en día no resulta sencillo. Entre la creciente falta de sitios por la progresiva urbanización de nuestros montes, añadiendo el alto número de aficionados a la especialidad, resultan factores que no facilitan el contacto del perro con el ave.

Muchos deberán recurrir a visitar acotados en los que siempre habrá menos cazadores que en lo libre y donde se presume la presencia de sordas, e incluso en los últimos años se está poniendo de moda visitar lugares de los confines de Europa donde se garantiza la presencia de becadas y el consiguiente contacto para los perros, a unos precios cada vez más asequibles.

Todo sea por despertar en el can esa afición que lleva latente en la sangre para buscar, parar y mostrar ese pájaro tan anhelado y que tantas triquiñuelas se sabe. Las modas también evolucionan y cada vez son menos los perros que van con cencerro y a tiro de escopeta de su amo; pero esa es otra historia.

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