El balance cinegético del ejercicio ya concluido deja un amargo sabor

EN los últimos años hablábamos durante las fiestas navideñas con un denominador común: la ausencia total de pájaros que hacían que la mayoría de escopetas se quedaran en casa en fechas tan señaladas. Estas últimas fiestas no han sido una excepción, con vientos del sur y temperaturas inesperadamente altas que han borrado cualquier rastro de aves de nuestros montes, con la salvedad de alguna becada ya «enmontada»; esto es, con las querencias muy señaladas y revoladas tantas veces que a la mínima desaparecen del bosque. Y nada más.

Algunos chubascos en Noche Vieja y Año Nuevo que apenas han mojado los montes y que han hecho más aparentes las salidas de los más valientes con sus canes. Este panorama tan desolador permite echar la vista atrás para ratificar el mal balance que nos ha dejado el ya pasado 2012 en lo que a la caza menor respecta. Una sequía impresionante en la meseta complicó y mucho la pervivencia de las perdices, eje de la caza a nivel estatal y que sigue en un imparable declive.

A su vera, la liebre no termina de remontar por ejemplo en la vecina Castilla y León, y el conejo, aunque apunta mejores síntomas, donde está desborda previsiones, pero también hay muchas zonas donde se le ha perdido el rastro. A comienzos de verano volvieron a crecer las expectativas con las codornices, pero desde mediados de agosto se constató que tampoco era año nada bueno para la pequeña cotúrnida africana. Salvo muy contadas excepciones, la media veda de codorniz fue mala o pésima.

De la tórtola en nuestras costas, también mejor pasar página porque volvieron a brillar por su ausencia. Así que nos plantamos en la apertura general, allá por el lejano 12 de octubre, con todas las esperanzas puestas en las migradoras. Pues tampoco. Apenas un par de días o tres de malvices, menos que otros años, y no con grandes días de esos en los que empiezan a pasar a media luz y no cesan en toda la jornada. En palomas, sí que pasaron, y muchas; así lo reflejaron los datos de «palombe», donde se reflejan los conteos que se realizan desde Iparralde de las grandes bolsas de azuladas hacia el interior peninsular.

Y entre semana

Pero las torcaces pasaron altas y normalmente fuera del alcance de las escopetas. Tres grandes golpes de pasa que apenas se reflejaron luego en positivo en las líneas de paso vascas y navarras en cuanto al número de capturas se refiere. Y encima ninguno coincidió en fin de semana, condenando a muchísimos cazadores de a pie a verlas pasar y a escuchar los relatos de quienes sí pueden subir al puesto entre semana. Ya entrados en noviembre, las sordas comenzaron poco a poco a llegar fieles a su cita anual. Los becaderos sin duda recordarán el puente de La Inmaculada porque su entrada regaló pájaros a zonas donde hacía tiempo que no se veían, y otras muchas resultaron bien afortunadas durante unos días.

Y como decíamos, la llegada de vientos del sur para acabar el año vació los montes de pájaros de todo tipo. Resulta curioso, porque en Europa o en algunas zonas españolas se cree que por nuestros lares se caza de forma continuada durante cuatro meses cuando la realidad es muy distinta. En Euskadi solo se caza cuando pasan y llegan estas aves, normalmente por delante de temporales en el centro y norte europeos, y su duración rara vez supera la jornada o las dos, dejando un cómputo anual de días hábiles que provocarían la risa en las fincas del centro y sur peninsular, donde por cierto esta temporada sí que han llegado y se han quedado muchas malvices y palomas torcaces.

Y donde se las caza con mucha más frecuencia en pasos desde los dormideros a los comederos sin apenas tregua. Así que para los cazadores vizcainos, y vascos en general, este 2013 que estrenamos va a ser difícil que nos depare un año peor que el pasado 2012. Así que bienvenido sea.

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