En plena pretemporada canina ante la media veda

Bilbao. LA media veda cuenta con un protagonista claro, el perro, con permiso de los tortoleros que se dedican a la pequeña paloma en esta época, principalmente en zonas de costa. Haya o no codornices, de lo que no se debe dudar es de la entrega de nuestro más fiel aliado, el perro; incluso desde la primera salida, en la que intentará dar lo mejor de sí mismo en busca de la pequeña africana y será el dueño quien deba regular ese esfuerzo. Pero no adelantemos acontecimientos.

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A falta de dos semanas, la mayoría de dueños ya habrán tomado las medidas pertinentes de cara al estado físico del perro. Los más tardones, que cada vez son menos, aún cuentan con unos días para enmendar el estado adecuado del perro o perros. Si muchos deportistas se encuentran en plena puesta a punto, en pretemporada, nuestros atletas caninos no lo son menos y necesitan una cierta preparación para evitar sorpresas al comienzo de la campaña.

El problema general más frecuente suele ser la de un cierto sobrepeso, provocado precisamente por la falta del necesario ejercicio continuado, una vez solventados los aspectos sanitarios que ya tratamos el otro día. Así que la fórmula de solución no debe ser demasiado compleja: paseos y salidas, cuantas más mejor y de una forma progresiva para ir retornado al estado ideal de actividad del can.

A estas alturas a nadie le pasa por la cabeza que podremos sacarle dentro de quince días, a mediados de agosto, con intensos calores y bajo un creciente sol de justicia y que el perro rinda a tope si previamente no ha habido un proceso de adaptación y de recuperación de sus principales y portentosas cualidades físicas. Por supuesto que la afición y la nariz del perro seguirán ahí, pero durante el largo paréntesis de seis meses sin cazar, apenas con algunos paseos más bien puntuales o salidas muy esporádicas, quizá a alguna a caza «de granja» y poco -o nada- más, ahora toca recobrar las capacidades de trabajo y de resistencia de nuestro fiel aliado canino.

Entrenar Para ello idearemos un programa de entrenamiento y de adaptación específico. Se trata de evitar que el perro se vea desbordado el primer día por la pasión propia o por la exigencia del cazador y que cualquiera de ambas dos tengan como consecuencia quedarse sin perro desde la primera hora de calor, o peor aún, con las almohadillas plantares lesionadas, aspeadas, por falta de adaptación y estar sin perro luego durante una semana o más días. Por tanto, las salidas serán a poder ser sobre un terreno cuyo piso «endurezca» las susodichas almohadillas plantares, y de principio se evitarán las horas de mayor calor para entrenar.

A medida que el esfuerzo físico se incremente, también adecuaremos la dieta a la nueva situación. Evitaremos los cambios bruscos, aconsejándose una transición paulatina entre la dieta de mantenimiento a la dieta de trabajo, generalmente basada en alimentos de alta energía. Hoy en día el mercado ofrece excelentes piensos para salir exitoso en estas lides. Y vigilaremos su evolución: el estado de ánimo del perro, su vitalidad, el aspecto general y consistencia de las heces para ver si la composición de la dieta es adecuada para la digestión del can.

En estas fechas no olvidaremos la necesidad de tener siempre abundante agua a su disposición. Y aprovecharemos para recordar lo más básico del adiestramiento: obediencia a la llamada, muestra, parada, si se puede el respeto al vuelo y por supuesto el roce y contacto con el amo. Unas simples caricias, siempre educando desde los refuerzos positivos, serán agradecidas por nuestro aliado, todo un ejemplo de lealtad ejemplar y cariño sin límites, incluso para los dueños que menos méritos hacen. Nuestro fiel compañero se lo merece. Y ya queda menos para la apertura, solo dos semanas.

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