{"id":162,"date":"2022-01-17T12:45:19","date_gmt":"2022-01-17T12:45:19","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/?p=162"},"modified":"2022-01-17T12:46:17","modified_gmt":"2022-01-17T12:46:17","slug":"el-fuego-de-san-anton-en-el-camino-frances","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/2022\/01\/17\/el-fuego-de-san-anton-en-el-camino-frances\/","title":{"rendered":"El Fuego de San Ant\u00f3n en el Camino Franc\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"320\" height=\"240\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2022\/01\/Convento-de-San-Anton-1.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-159\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2022\/01\/Convento-de-San-Anton-1.jpeg 320w, https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2022\/01\/Convento-de-San-Anton-1-300x225.jpeg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 320px) 100vw, 320px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Cuentan que<\/strong>&nbsp;a la entrada de Castrojeriz en el Camino Franc\u00e9s se estableci\u00f3, por mandato de Alfonso VII de Castilla, hacia el a\u00f1o 1146 la Orden Hospitalera de San Antonio&nbsp;&#8212;los monjes Antonianos&#8212; que se dedicaban a cuidar a los peregrinos y peregrinas, sobre todo por una rara enfermedad que entonces se &nbsp;llam\u00f3&nbsp;\u00abEl Fuego de San Ant\u00f3n\u00bb. Nadie ten\u00eda conocimiento de por qu\u00e9 enfermaba la gente siendo la creencia, en aquellos a\u00f1os de la Edad&nbsp;Media, que era &nbsp;\u00abcastigo divino\u00bb&nbsp;por lo cual los enfermos&nbsp;emprend\u00edan la peregrinaci\u00f3n a Santiago de&nbsp;Compostela, Roma o Jerusalen para expiar sus pecados. La enfermedad era atroz, pues las personas afectadas padec\u00edan&nbsp;alucinaciones, espasmos, dolores&nbsp;abdominales y una fuerte quemaz\u00f3n que terminaba en una gangrena y la necrosis de sus extremidades para, finalmente, despu\u00e9s de una horrible agon\u00eda, la muerte.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\" \/>\n\n\n\n<p>Fue en 1095 cuando Girondo, joven noble de la regi\u00f3n francesa de Auvernia, contrajo la enfermedad. Por entonces el centeno era el cereal con el que, en muchas regiones de Europa, se hac\u00eda pan, llamado&nbsp;\u00abpan de los pobres\u00bb, infectado por el hongo del cornezuelo, que contaminaba los cultivos del centeno. As\u00ed, Gast\u00f3n de Valloire, padre del muchacho&nbsp;enfermo, hizo voto de ofrecer sus bienes si San Ant\u00f3n curaba a su v\u00e1stago, cosa que ocurri\u00f3 a los pocos d\u00edas. Padre e hijo cumplieron su promesa y, a partir de ese d\u00eda, vestidos con un h\u00e1bito negro con la letra tau azul en el pecho se dedicaron a curar los enfermos aquejados por&nbsp;\u00abEl Fuego de San Ant\u00f3n\u00bb. As\u00ed nac\u00eda una de las \u00f3rdenes religiosas m\u00e1s enigm\u00e1ticas y desconocidas de la cristiandad; la Orden de los Caballeros de San Antonio, cuya constituci\u00f3n fue aprobada por el papa Urbano II, llegando a extenderse por los caminos de peregrinaci\u00f3n de toda Europa &#8212;con m\u00e1s de 370 hospitales&#8212; y siendo, adem\u00e1s, los encargados de la salud dentro de la curia vaticana.<\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes de San Antonio lograban \u00e9xito sanando esta rara enfermedad en muchas ocasiones porque lo que realmente suced\u00eda era que&nbsp;\u00abEl Fuego de San Ant\u00f3n\u00bb no era una enfermedad infecciosa, sino una intoxicaci\u00f3n por comer el pan elaborado con centeno infectado por el hongo que atacaba las cosechas, epidemia muy extendida, principalmente, a lo largo de los pueblos del norte de Europa, pues ten\u00edan como base de su alimentaci\u00f3n el pan de centeno. Al contrario que en la Europa meridional, donde se nutr\u00edan con el pan de trigo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los peregrinos y peregrinas infectados ped\u00edan a los cl\u00e9rigos antonianos que tocasen sus extremidades con su b\u00e1culo en forma de Tau (letra hebrea y&nbsp;griega utilizada por la iglesia por parecerse a una cruz y, tambi\u00e9n, empleada por San Francisco como su firma); aunque la realidad era que los cuidados de los monjes cuando, por ejemplo, llegaban enfermos&nbsp;por&nbsp;\u00abEl Fuego de San Ant\u00f3n\u00bb&nbsp;al convento de Castrojeriz en el Camino Franc\u00e9s, se limitaban a alimentarles con pan de trigo, de modo que los contagiados dejaban de comer el perverso hongo y pod\u00edan recuperarse,&nbsp;aunque tiempo despu\u00e9s al regreso a sus lugares de origen pod\u00eda repetirse la enfermedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy el d\u00eda del Convento de San Ant\u00f3n en Castrojeriz s\u00f3lo mantiene sus muros y columnas, sin techo, aunque en los \u00faltimos 20 a\u00f1os la Fundaci\u00f3n San Ant\u00f3n se ha encargado de dar vida a las ruinas y abrir un albergue, el cual ha acogido a m\u00e1s de 15.000&nbsp;peregrinos y peregrinas, manteniendo el&nbsp;esp\u00edritu de los monjes antonianos; dando cama, cena y desayuno sin contraprestaci\u00f3n econ\u00f3mica&nbsp;alguna.&nbsp;http:\/\/fundacionsananton.org<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuentan que&nbsp;a la entrada de Castrojeriz en el Camino Franc\u00e9s se estableci\u00f3, por mandato de Alfonso VII de Castilla, hacia el a\u00f1o 1146 la Orden Hospitalera de San Antonio&nbsp;&#8212;los monjes Antonianos&#8212; que se dedicaban a cuidar a los peregrinos y peregrinas, sobre todo por una rara enfermedad que entonces se &nbsp;llam\u00f3&nbsp;\u00abEl Fuego de San Ant\u00f3n\u00bb. &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/2022\/01\/17\/el-fuego-de-san-anton-en-el-camino-frances\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">El Fuego de San Ant\u00f3n en el Camino Franc\u00e9s<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":121,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[166230,47557,166177,166143,166232,166235,166233,166135,166231,166234],"class_list":["post-162","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-caballeros-de-san-antonio","tag-camino-de-santiago","tag-camino-frances-2","tag-camino-santiago","tag-castrojeriz","tag-chemin-saint-jacques","tag-convento-de-san-anton","tag-cuentos-peregrinos","tag-el-fuego-de-san-anton","tag-pan-de-los-pobres"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/162","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/121"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=162"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/162\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":164,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/162\/revisions\/164"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=162"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=162"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=162"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}