{"id":429,"date":"2023-08-01T19:32:55","date_gmt":"2023-08-01T19:32:55","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/?p=429"},"modified":"2023-08-01T19:32:56","modified_gmt":"2023-08-01T19:32:56","slug":"el-lamento-eterno-del-papamoscas-de-la-catedral-de-burgos-es-el-amor-imposible-del-rey-enrique-iii-el-doliente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/2023\/08\/01\/el-lamento-eterno-del-papamoscas-de-la-catedral-de-burgos-es-el-amor-imposible-del-rey-enrique-iii-el-doliente\/","title":{"rendered":"El lamento eterno del Papamoscas de la Catedral de Burgos es el amor imposible del rey Enrique III, el Doliente"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/07\/Papamoscas-1-1018x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-428\" width=\"461\" height=\"464\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/07\/Papamoscas-1-1018x1024.jpeg 1018w, https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/07\/Papamoscas-1-298x300.jpeg 298w, https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/07\/Papamoscas-1-150x150.jpeg 150w, https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/07\/Papamoscas-1-768x772.jpeg 768w, https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/07\/Papamoscas-1.jpeg 1386w\" sizes=\"auto, (max-width: 461px) 100vw, 461px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuentan que<\/strong>\u00a0en el Camino Franc\u00e9s a su paso por Burgos, en la Catedral de Santa Maria, se expone el Papamoscas, un afamado personaje que abre excesivamente la boca, cuando suenan las horas, lanzando,\u00a0al mismo tiempo, un lamento chill\u00f3n y estrepitoso que, habitualmente, provoca una sonora carcajada a los que le contemplan. Esta ingeniosa leyenda del grotesco Papamoscas narra el amor imposible del rey castellano, Enrique III, el Doliente; llamado as\u00ed a causa de su precaria salud, pues, seg\u00fan parece, hab\u00eda nacido con un exiguo sistema inmunitario que le hac\u00eda\u00a0\u00abpresa f\u00e1cil\u00bb de enfermedades contagiosas. En joven y enfermizo monarca hab\u00eda venido al mundo en Burgos en el a\u00f1o 1379 y,\u00a0puesto que era muy devoto,\u00a0todos los d\u00edas acud\u00eda, en secreto, a la seo burgalesa a rezar, por su salud. Este rey pertenec\u00eda a la Casa de Trast\u00e1mara y fue rey de Castilla y Pr\u00edncipe de Asturias durante pocos a\u00f1os ya que falleci\u00f3 en Toledo en 1406 a la edad de 27 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo a la leyenda del Papamoscas, una ma\u00f1ana de&nbsp;\u00abinvierno burgal\u00e9s\u00bb&nbsp;el devoto Enrique III se encontraba rezando en la Catedral de Burgos cuando qued\u00f3 paralizado por la presencia de una joven y bella muchacha, que&nbsp;tambi\u00e9n se hallaba orando en una capilla continua a la que \u00e9l estaba. El monarca qued\u00f3 enamorado de la lozana doncella y, cuando esta sali\u00f3 del&nbsp;templo, la sigui\u00f3 sigilosamente hasta descubrir la casa donde viv\u00eda.&nbsp;La escena se repiti\u00f3, una y otra vez,&nbsp;durante algunos meses sin que mediara palabra entre los dos j\u00f3venes, pero la muchacha decidi\u00f3 un d\u00eda&nbsp;\u00abtomar la iniciativa\u00bb y poco antes de llegar a su casa dej\u00f3 caer su pa\u00f1uelo, que Enrique recogi\u00f3, pero que no hizo entrega, pues, prefiri\u00f3 guardarlo y ofrecer uno de los suyos. La muchacha y el t\u00edmido rey, sin mediar palabra y cruzando entre ellos una vergonzosa mirada, tomaron&nbsp;el camino de sus respectivas residencias, pero, de pronto, Enrique escuch\u00f3 a su espalda un lamento comparable a un quejido que, a partir de ese momento, ya nunca olvidar\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, la doncella no apareci\u00f3 por la Catedral y el rey sali\u00f3 a buscarla a la casa donde la hab\u00eda visto entrar, pero, cuando pregunt\u00f3 por sus residentes, recibi\u00f3 como respuesta:&nbsp;\u00aben esa casa hace tiempo que ya no vive nadie\u00bb.&nbsp;Enrique qued\u00f3 aturdido y afligido&nbsp;mientras en su mente se repet\u00eda el lamento de la chica, por lo que decidi\u00f3 encargar a un taller de relojeros venecianos una figura acompa\u00f1ada de un reloj con el fin de perpetuar el gemido de su amada en cada toque de campana; aunque, la verdad, el resultado logrado por el incompetente constructor del robot se alej\u00f3 demasiado del deseo del monarca, el cual se encontr\u00f3 una grotesca imagen que lanzaba,&nbsp;abriendo exageradamente la boca, m\u00e1s&nbsp;un graznido que un grato suspiro cuando sonaban las horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los feligreses que entraban en la Catedral burgalesa descubrieron la talla, que bautizaron como Papamoscas, pues, cuando sonaba la campana con las correspondientes horas, no pod\u00edan evitar una carcajada al verle abrir la boca. &nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuentan que\u00a0en el Camino Franc\u00e9s a su paso por Burgos, en la Catedral de Santa Maria, se expone el Papamoscas, un afamado personaje que abre excesivamente la boca, cuando suenan las horas, lanzando,\u00a0al mismo tiempo, un lamento chill\u00f3n y estrepitoso que, habitualmente, provoca una sonora carcajada a los que le contemplan. 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