{"id":454,"date":"2023-10-19T13:28:07","date_gmt":"2023-10-19T13:28:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/?p=454"},"modified":"2023-10-19T13:28:09","modified_gmt":"2023-10-19T13:28:09","slug":"antonio-de-oquendo-y-zandategui-el-almirante-guipuzcoano-al-que-nunca-el-enemigo-vio-las-espaldas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/2023\/10\/19\/antonio-de-oquendo-y-zandategui-el-almirante-guipuzcoano-al-que-nunca-el-enemigo-vio-las-espaldas\/","title":{"rendered":"Antonio de Oquendo y Zandategui, el almirante guipuzcoano al que \u00abnunca el enemigo vio las espaldas\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"400\" height=\"599\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/10\/Antonio-Oquendo-2.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-455\" style=\"aspect-ratio:0.667779632721202;width:333px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/10\/Antonio-Oquendo-2.png 400w, https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/files\/2023\/10\/Antonio-Oquendo-2-200x300.png 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuentan que<\/strong>\u00a0en el Camino del Norte al pasar por Donostia San Sebasti\u00e1n, en la plaza de Okendo, los peregrinos y peregrinas encuentran la estatua del navegante guipuzcoano Antonio de Oquendo y Zandategui,\u00a0\u00abGran Almirante, experto marino, heroico soldado y cristiano piadoso\u00bb, seg\u00fan se indica en el pedestal, al que\u00a0\u00abnunca el enemigo vio las espaldas\u00bb, el cual, adem\u00e1s, supo mantener el honor a la patria en cien combates. Su vida transcurri\u00f3\u00a0vinculado a la mar, entre los a\u00f1os finales del siglo XVI y la mitad del XVII; al recibir de su padre Miguel de Oquendo, una s\u00f3lida vocaci\u00f3n a la Corona y la Mar Oc\u00e9ano. El monumento fue realizado por Marcial Aguirre Lazcano y promovido por el ayuntamiento donostiarra y costeado en 1894 por suscripci\u00f3n popular y siendo fundida la escultura en bronce mediante los ca\u00f1ones viejos aportados por el Ministerio de la Guerra. Antonio de Oquendo con apenas 16 a\u00f1os comenz\u00f3 su recorrido vital en el mar Mediterr\u00e1neo,\u00a0en las galeras de N\u00e1poles capitaneadas por Pedro Garc\u00eda de Toledo,\u00a0como\u00a0\u00abentretenido\u00bb sin ninguna experiencia previa,\u00a0<em>enchufado<\/em>\u00a0y recomendado, al rey Felipe III como consecuencia de la brillante\u00a0trayectoria de su padre que hab\u00eda sido general de la escuadra de Gipuzkoa.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Por entonces, Antonio de Oquendo y Zandategui era un&nbsp;joven&nbsp;barbilampi\u00f1o,&nbsp;de peque\u00f1a&nbsp;estatura, y de rostro moreno, el cual se adapt\u00f3 con diligencia a la vida en el mar y que, adem\u00e1s, aprendi\u00f3 con celeridad los detalles y particularidades de la navegaci\u00f3n, demostrando valor en el combate a la hora de batallar contra los&nbsp;piratas; hasta lograr, al de pocos a\u00f1os, el primer mando de los galeones el&nbsp;<em>Delf\u00edn de Escocia<\/em>&nbsp;y la&nbsp;<em>Dobladilla<\/em>&nbsp;para buscar y destruir a dos corsarios ingleses que saqueaban las costas y pueblos del Golfo de C\u00e1diz. Finalmente, Antonio de Oquendo sali\u00f3&nbsp;vencedor capturando una de las&nbsp;naves inglesas y haciendo huir a la otra.&nbsp;Este \u00e9xito le signific\u00f3 el nombramiento de jefe interino de la Escuadra de Vizcaya, que navegaba por el mar Cant\u00e1brico y las costas portuguesas, escoltando a los barcos mercantes de la Flota de Indias.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A partir del a\u00f1o 1611 comienzan sus viajes&nbsp;transoce\u00e1nicos como general de la Flota de Nueva Espa\u00f1a, continuando con las labores de vigilancia de los mercantes que transportaban metales preciosos desde Am\u00e9rica y atesorando un gran prestigio siendo nombrado por el rey Caballero de Santiago. Es en estos a\u00f1os cuando contrae matrimonio, por poderes, con Mar\u00eda de Lazcano, perteneciente al linaje de los O\u00f1acinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los a\u00f1os pasan y tras diversas vicisitudes en la vida de Antonio de Oquendo, los holandeses&nbsp;amenazan las costas del Caribe, adue\u00f1\u00e1ndose de puertos estrat\u00e9gicos, ocupando&nbsp;la regi\u00f3n brasile\u00f1a de Pernambuco,&nbsp;productora de ca\u00f1a de az\u00facar, con el fin de instaurar el monopolio de este comercio entre sus dominios, adem\u00e1s, del tr\u00e1fico de esclavos entre \u00c1frica y Am\u00e9rica.&nbsp;Pero el rey Felipe IV puso al mando de Antonio de Oquendo una flota compuesta por un total de diecis\u00e9is&nbsp;galeones espa\u00f1oles y cinco portugueses acompa\u00f1ados de doce carabelas con 3.200 soldados de refuerzo para recuperar Pernambuco.<\/p>\n\n\n\n<p>La flota holandesa estaba compuesta por&nbsp;diecis\u00e9is&nbsp;buques y 1.500&nbsp;hombres al mando de Adrian Hans-Pater que&nbsp;\u00abplant\u00f3 batalla\u00bb en la Bah\u00eda de Todos&nbsp;Los Santos a la armada espa\u00f1ola capitaneada por el gale\u00f3n Santiago de 700 toneladas gobernada&nbsp;por Antonio de Oquendo. Despu\u00e9s de siete horas de ca\u00f1onazos entre las naves de los l\u00edderes, el buque de Hans-Pater se prendi\u00f3 fuego quedando el almirante guipuzcoano vencedor de la contienda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima batalla de Antonio de Oquendo lleg\u00f3 en la Guerra de los Treinta A\u00f1os cuando tuvo que v\u00e9rselas en el Canal de la Mancha con la armada de Tromp,&nbsp;quien impuso una nueva estrategia en las batallas navales al evitar el cl\u00e1sico abordaje, que empleaba el almirante vasco, eludiendo el combate directo; cuatro naves holandesas mortificaron, sin \u00e9xito, con m\u00e1s de mil quinientos ca\u00f1onazos el gale\u00f3n Santiago, que se resisti\u00f3 a flote. El almirante guipuzcoano se mantuvo firme sin entregar el estandarte real, aunque, finalmente, gravemente enfermo pudo llegar a La Coru\u00f1a para morir acompa\u00f1ado de su esposa e hijo. Antonio de Oquendo y Zandategui est\u00e1 enterrado en el Monasterio de Las Bernardas de Lazcano.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuentan que\u00a0en el Camino del Norte al pasar por Donostia San Sebasti\u00e1n, en la plaza de Okendo, los peregrinos y peregrinas encuentran la estatua del navegante guipuzcoano Antonio de Oquendo y Zandategui,\u00a0\u00abGran Almirante, experto marino, heroico soldado y cristiano piadoso\u00bb, seg\u00fan se indica en el pedestal, al que\u00a0\u00abnunca el enemigo vio las espaldas\u00bb, el cual, &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/2023\/10\/19\/antonio-de-oquendo-y-zandategui-el-almirante-guipuzcoano-al-que-nunca-el-enemigo-vio-las-espaldas\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Antonio de Oquendo y Zandategui, el almirante guipuzcoano al que \u00abnunca el enemigo vio las espaldas\u00bb<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":121,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[167664,167665,166138,47557,166137,166235,166135,167662,167663,167666],"class_list":["post-454","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-adrian-hans-pater","tag-antonio-de-oquendo-y-zandategui","tag-camino-de-la-costa","tag-camino-de-santiago","tag-camino-del-norte","tag-chemin-saint-jacques","tag-cuentos-peregrinos","tag-donostia","tag-pernambuco","tag-san-sebastian"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/454","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/121"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=454"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/454\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":456,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/454\/revisions\/456"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=454"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=454"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/cuentos-peregrinos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=454"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}