{"id":1011,"date":"2019-10-22T07:30:45","date_gmt":"2019-10-22T05:30:45","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/?p=1011"},"modified":"2019-09-27T14:46:26","modified_gmt":"2019-09-27T12:46:26","slug":"viaje-por-camboya-2-de-ratanakiri-a-kompung-cham","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/2019\/10\/22\/viaje-por-camboya-2-de-ratanakiri-a-kompung-cham\/","title":{"rendered":"Viaje por Camboya (2): De Ratanakiri a Kompung Cham"},"content":{"rendered":"\n<p>Seguimos en Banlung, la capital de Ratanakiri, donde dejaba el relato la pasada semana. Hoy nos toca un d\u00eda diferente, pues uno de los atractivos de los alrededores son las cascadas, mucho m\u00e1s si visitamos este territorio con los \u00faltimos coletazos del monz\u00f3n. La m\u00e1s espectacular es la de Cha Ong, situada a 10 km al oeste, con su espectacular ca\u00edda de 18 metros. Para llegar a ella hay que dar un corto pero agradable paseo entre selva y plantaciones. Accedemos a ella desde una aldea Kreung, donde encontramos a un ni\u00f1o \u00abdisfrazado\u00bb, para ganarse unas monedas. Situado a 5 km al este de Banlung, el lago de Yeak Lom es el \u201cpulm\u00f3n\u201d de la capital de Ratanakiri, un lugar de esparcimiento para los habitantes de la ciudad y el lugar de celebraci\u00f3n del final de la fiesta budista de octubre, con la que la casualidad hizo que coincidi\u00e9ramos. El lago estaba repleto de personas que acud\u00edan a ba\u00f1arse y a realizar una comida campestre, disfrutando especialmente los ni\u00f1os. Este lago, que es el cr\u00e1ter de un volc\u00e1n apagado, tiene forma redonda, un di\u00e1metro de 800 metros y una profundidad de 47. Como estamos en el final del monz\u00f3n, el acceso a \u00e9l en coche resulta complicado, ya que la arcillosa pista est\u00e1 completamente embarrada.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"686\" height=\"346\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/11.-Cascada.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1014\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/11.-Cascada.jpg 686w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/11.-Cascada-300x151.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 686px) 100vw, 686px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Los tres siguientes d\u00edas los pasamos cortejando al r\u00edo Mekong, regresando primero a Stung Treng, ciudad que se encuentra a unos 60 km de Laos y que nos gust\u00f3. Por el camino vimos a una persona salir de la vegetaci\u00f3n a lomos de un elefante. En Stung Treng tambi\u00e9n vimos una vieja bomba norteamericana convertida en monumento as\u00ed como el dedicado a los delfines del Irrawady. Luego cruzamos en una barca el r\u00edo Mekong para visitar la aldea de Thalaborvat, que cuenta con un antiqu\u00edsimo templo en ruinas, un monasterio budista y un peque\u00f1o mercado. Aqu\u00ed casi se me frustran las vacaciones pues, al salir de la barca corriendo para fotografiar al monje bendiciendo a los fieles, casi me parto una pierna. Gajes del oficio.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/12.-A-Stung-Treng.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1015\" width=\"616\" height=\"411\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/12.-A-Stung-Treng.jpg 544w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/12.-A-Stung-Treng-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 616px) 100vw, 616px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>La siguiente cita la tuvimos en Kratie, ciudad situada a orillas del Mekong y punto de partida para desplazarnos a Kampi por una interesante carretera que sigue el curso del r\u00edo, donde cogimos una embarcaci\u00f3n en la que ir en busca de los delfines del Irrawady (llevan el nombre del r\u00edo birmano), especie en peligro de extinci\u00f3n, pues quedan muy pocos ejemplares y que tuvimos la suerte de ver, o m\u00e1s bien de intuir, pues nos quedaron un poco lejos, m\u00e1xime cuando casi no pod\u00edamos distinguir entre el r\u00edo real y los campos inundados debido a las fuertes lluvias. A diferencia de los delfines marinos, tienen una cabeza redondeada. Aprovechamos para charlar como pudimos, para hacernos entender, con una simp\u00e1tica jovencita.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/13.-A-Kratie-Kroche.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1016\" width=\"615\" height=\"410\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/13.-A-Kratie-Kroche.jpg 584w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/13.-A-Kratie-Kroche-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 615px) 100vw, 615px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Desde Kratie nos desplazamos 36 km al norte hasta la aldea de Sambor. La carretera sigue siendo un espect\u00e1culo. Cerca de este peque\u00f1o pueblo se encuentra el precioso templo de las 108 Columnas, o Wat Sarsar Mouy Roy, construido en el sitio del antiguo palacio real de la \u00e9poca de Chenla. No hay nadie en este lugar, salvo unos ni\u00f1os que nos acompa\u00f1aron en la visita el templo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/14.-Sambor.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1017\" width=\"621\" height=\"414\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/14.-Sambor.jpg 524w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/14.-Sambor-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 621px) 100vw, 621px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Regresamos a Kratie, con tiempo para contemplar la puesta de sol a orillas del r\u00edo Mekong, pese a que el monz\u00f3n sigue amenazante. Antes nos acercamos a los tenderetes que se montan junto al r\u00edo a modo de sencillo mercado. Tambi\u00e9n pasamos un rato en un peque\u00f1o monasterio, conversando con los monjes budistas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"726\" height=\"304\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/15.-Kratie.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1018\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/15.-Kratie.jpg 726w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/15.-Kratie-300x126.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 726px) 100vw, 726px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>De nuevo de viaje para dirigirnos a Kompung Cham. La carretera sigue siendo un espect\u00e1culo de color y vida. Ahora los protagonistas son los b\u00fafalos de agua tirando de carretas o pastando en los campos. Pasamos junto a un improvisado mercado y contemplamos por \u00faltima vez a los pescadores del r\u00edo Mekong, con sus caba\u00f1as, barcas y curiosas y enormes redes. El viaje por carretera est\u00e1 resultando lo m\u00e1s entretenido de nuestro recorrido por Camboya.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"306\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/16a.-A-Kompong-Cham.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1020\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/16a.-A-Kompong-Cham.jpg 683w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/16a.-A-Kompong-Cham-300x134.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Concluimos este cortejo al r\u00edo Mekong en Kompung Cham, contemplando el gran puente que lo cruza. Comienza la parte cultural del viaje, pues aqu\u00ed visitamos el templo angkoriano de Wat Nokor, que data del siglo XI, ahora convertido al culto budista. El templo original fue construido durante los \u00faltimos a\u00f1os del reinado del rey Jayavarman VII y est\u00e1 compuesto por una torre central rodeada por cuatro cerramientos de muros de laterita. Dentro de uno de los edificios hay una serie muy elaborada de pinturas murales.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/17.-KOMPONG-CHAM.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1022\" width=\"617\" height=\"410\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/17.-KOMPONG-CHAM.jpg 570w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/17.-KOMPONG-CHAM-300x199.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 617px) 100vw, 617px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>En las afueras de Kompung Cham visitamos tambi\u00e9n el curioso Phnom Srey (Colina Mujer), una especie de Jard\u00edn de Budas, donde vimos reproducciones de los existentes en diferentes lugares de Asia, subiendo finalmente a una colina en la que se encuentra el templo de Phnom Pros (Colina Hombre), contando tambi\u00e9n con un monasterio y dos pagodas. A este lugar acuden numerosos fieles.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/18.-Phnom-Srei-Phnom-Pros.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1023\" width=\"615\" height=\"409\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/18.-Phnom-Srei-Phnom-Pros.jpg 553w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/18.-Phnom-Srei-Phnom-Pros-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 615px) 100vw, 615px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda no he comentado que viajamos en una furgoneta las dos parejas de amigos y el conductor que nos hace de gu\u00eda e int\u00e9rprete. 110 km separan Kompung Cham de Kampong Thom, que se hacen de los m\u00e1s entretenidos, pues la carretera sigue llena de vida. Es como si a trav\u00e9s de la ventanilla estuvi\u00e9ramos viendo un documental, pero en directo: bicis, carretas, arrozales, campos inundados. Hoy dormiremos en el coqueto Stung Sen Garden Hotel, situado a un paso del r\u00edo Stung Sen.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"711\" height=\"313\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/19.-A-Kompong-Thom.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1024\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/19.-A-Kompong-Thom.jpg 711w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/19.-A-Kompong-Thom-300x132.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 711px) 100vw, 711px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Salvo Phnom Penh, ninguna de las ciudades en las que hemos estado tiene el m\u00e1s m\u00ednimo inter\u00e9s, as\u00ed que Kampong Thom no iba a ser la excepci\u00f3n, por lo que pasamos un buen rato en el mercado, lleno de vida y color, donde podemos contemplar la vida m\u00e1s aut\u00e9ntica del pa\u00eds, con las vendedoras que ofertan frutas, hortalizas y pescados. Los hombres son los conductores de las motodop, motocicletas convertidas en el taxi local m\u00e1s habitual. El viaje contin\u00faa.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/20.-KOMPONG-THOM.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1025\" width=\"611\" height=\"407\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/20.-KOMPONG-THOM.jpg 524w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2019\/09\/20.-KOMPONG-THOM-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 611px) 100vw, 611px\" \/><\/figure>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seguimos en Banlung, la capital de Ratanakiri, donde dejaba el relato la pasada semana. 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