{"id":1312,"date":"2020-02-18T07:30:57","date_gmt":"2020-02-18T06:30:57","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/?p=1312"},"modified":"2020-02-04T19:55:40","modified_gmt":"2020-02-04T18:55:40","slug":"himachal-pradesh-y-punjab-india","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/2020\/02\/18\/himachal-pradesh-y-punjab-india\/","title":{"rendered":"HIMACHAL PRADESH y PUNJAB (India)"},"content":{"rendered":"\n<p>Hab\u00eda realizado\nya cinco viajes por la India, pero ten\u00eda una asignatura pendiente. Se trataba\nde visitar el Templo Dorado de los shiks, en Amritsar, en cuyo aeropuerto\nestuve accidentalmente a\u00f1os antes. Tras haber recorrido la India en verano, el\nquinto viaje lo efectu\u00e9 por el Rajast\u00e1n un mes de noviembre. Entonces descubr\u00ed\nque ese es el mes ideal para viajar a este pa\u00eds, pues la temperatura resulta\nmuy agradable y los cielos est\u00e1n limpios. Una imprevista intervenci\u00f3n\nquir\u00fargica hizo que tuviera que aplazar mi sexto viaje del mes de noviembre al\nde febrero y que viajara solo con mi mujer y un conductor sij, realizando desde\nDelhi m\u00e1s de 1.000 km en coche por el norte de la India y regresando a la\ncapital en tren.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/00.-Mapas.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1314\" width=\"660\" height=\"362\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/00.-Mapas.jpg 765w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/00.-Mapas-300x165.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Una vez en la\ncarretera volv\u00ed a recordar que ella en s\u00ed es un espect\u00e1culo, ya que puedes ver\ninfinidad de medios de transporte, como el dromedario, el rickshaw y los\ntrenes. Nuestro primer destino era el estado de Himachal Pradesh, pero el 18 de\nfebrero hicimos una escala t\u00e9cnica para pernoctar en Chandigarh, una ciudad de\nla India que sirve de capital a dos estados, Punyab y Haryana, aunque no\npertenece a ninguno de ellos. Como llegamos bien avanzada la tarde solo nos dio\ntiempo a visitar el Garden Rock Fantasy, un curioso jard\u00edn de esculturas hechas\ncon productos reciclados. En \u00e9l coincidimos con una fiesta.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/01.-Chandigarh-18-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1315\" width=\"653\" height=\"407\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/01.-Chandigarh-18-02.jpg 553w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/01.-Chandigarh-18-02-300x187.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 653px) 100vw, 653px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>El 19 de febrero tuvimos que recorrer 115 km para llegar a nuestro primer destino en Himachal Pradesh, su capital, Shimla, poblaci\u00f3n situada a 2130 metros de altitud, construida en la ladera de una monta\u00f1a que tiene como tel\u00f3n de fondo las nevadas cumbres del Himalaya. Antes de llegar nos detuvimos en el colorista templo Jakhoo. Shimla fue la capital de verano de la India durante la dominaci\u00f3n brit\u00e1nica, conservando un cierto aire colonial en su v\u00eda principal, la Mall, situada en la parte alta, antiguamente vedada a los ciudadanos indios. En ella est\u00e1 prohibido arrojar basura, escupir e incluso fumar, bajo multa. Tambi\u00e9n nos acercamos a los puestos de comida y vimos c\u00f3mo elaboraban los tradicionales gorros. El d\u00eda fue de lo m\u00e1s luminoso y por primera vez pisamos la nieve en la India, pero no todo fue perfecto, pues en ning\u00fan alojamiento hemos pasado tanto fr\u00edo como en el victoriano Hotel Woodville Palace.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/02.-Shimla-19-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1316\" width=\"658\" height=\"419\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/02.-Shimla-19-02.jpg 553w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/02.-Shimla-19-02-300x191.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 658px) 100vw, 658px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>20 de febrero. De Shimla a Manali (245 km), nuestro siguiente destino, el viaje no tuvo desperdicio, sobre todo a partir de Mandi, donde entramos en el valle de Kulu, conocido como \u201cel valle de los dioses\u201d y abierto por el r\u00edo Beas. Viajamos en un moderno Tata, sin tiempo para aburrirnos, ya que las ventanillas del coche parecen una pantalla de televisi\u00f3n en la que est\u00e1s viendo en directo un documental en el que aparecen hermosos paisajes, la vida en la calle, los puentes colgantes, los monos&#8230; Lo malo es que viajamos en vilo por la forma de conducir que tienen los indios, jug\u00e1ndonos la vida en cada adelantamiento.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/03.-Shimla-Manali-20-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1317\" width=\"652\" height=\"339\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/03.-Shimla-Manali-20-02.jpg 622w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/03.-Shimla-Manali-20-02-300x156.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 652px) 100vw, 652px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>21 de febrero.\nManali se ha convertido en la principal poblaci\u00f3n tur\u00edstica del valle de Kulu.\nSu nombre original era Kulantapith, que significa \u201cel final del mundo\nhabitable\u201d, ya que aqu\u00ed concluye el valle y comienzan las monta\u00f1as que conducen\nal elevado valle de Ladakh. Cuenta con algunos modernos monasterios budistas\ntibetanos y un antiguo templo, Hadimba, construido en 1553, que tiene su entrada\nde madera exquisitamente tallada. Tambi\u00e9n vimos a los yak por la calle, fuimos\nal mercado y contemplamos las monta\u00f1as cubiertas de nieve, mucho m\u00e1s despu\u00e9s de\nla nevada que nos cay\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/04.-Manali-21-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1318\" width=\"656\" height=\"407\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/04.-Manali-21-02.jpg 584w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/04.-Manali-21-02-300x186.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 656px) 100vw, 656px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Como Manali\ntiene poco que ver, aprovechamos la estancia para visitar dos aldeas cercanas,\ncomenzando por la m\u00e1s pr\u00f3xima, Vashisht, distante tan solo 3 km, que si por\nalgo es conocida y por lo que la gente se acerca a ella, es para darse un ba\u00f1o\nen sus manantiales termales de agua sulfurosa, tambi\u00e9n utilizados por las\nmujeres para hacer la colada y limpiar la vajilla. La segunda, distante 6 km,\nes la mayor aldea del valle de Kulu. Se trata de Jagatshukh, que cuenta con dos\nantiguos templos, aunque nos quedamos con la imagen de los ni\u00f1os que nos\nacompa\u00f1aron en nuestro recorrido por el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/05.-Manali-aldeas-21-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1319\" width=\"661\" height=\"441\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/05.-Manali-aldeas-21-02.jpg 558w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/05.-Manali-aldeas-21-02-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 661px) 100vw, 661px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>22 de febrero. Tras\nla intensa nevada nocturna, el d\u00eda siguiente amaneci\u00f3 radiante, as\u00ed que el\npaisaje era todav\u00eda m\u00e1s espectacular visto desde la atalaya de nuestro hotel\nSnowcrest Manor. Tem\u00edamos no poder bajar la empinada cuesta con el coche, pues\ntodos los campos estaban cubiertos de nieve, pero la carretera estaba limpia.\nMenos mal, pues no creo que aqu\u00ed sepan lo que son las cadenas. Por delante\nten\u00edamos 235 kil\u00f3metros de viaje, atravesando numerosos verdes valles antes de\nllegar a Dharamshala, que fueron una aut\u00e9ntico espect\u00e1culo tanto por los\npaisajes como por la vida de los pueblos por los que pasamos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/06.-De-Manali-a-Dharamsala-22-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1321\" width=\"657\" height=\"427\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/06.-De-Manali-a-Dharamsala-22-02.jpg 558w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/06.-De-Manali-a-Dharamsala-22-02-300x195.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 657px) 100vw, 657px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>23 de febrero. Dharamshala\nes conocido en todo el mundo por ser el exilio escogido por el Dalai Lama cuando\ntuvo que abandonar el T\u00edbet. Por ello la ciudad est\u00e1 llena de refugiados\ntibetanos y de monjes budistas. Es una poblaci\u00f3n situada entre los 1250 metros\nde altitud de su parte baja, eminentemente india, y los 1800 metros de la parte\nalta, budista, rodeada de cumbres nevadas y conocida como McLeod Ganj. En su\ncalle principal existe un peque\u00f1o templo budista, con un rodillo de oraciones,\ny un importante monasterio, en el que presenciamos una vistosa ceremonia.\nPreviamente, como no, acudimos al mercado. Por fin cumpl\u00eda una asignatura que\nten\u00eda pendiente, llegar a este lugar que tanto me ha gustado.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/07.-Dharamsala-23-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1322\" width=\"659\" height=\"321\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/07.-Dharamsala-23-02.jpg 624w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/07.-Dharamsala-23-02-300x146.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 659px) 100vw, 659px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Nuestro\napresurado viaje continu\u00f3 y por la tarde nos dispusimos a cubrir los 203 km que\nnos separaban de Amritsar, la m\u00edtica ciudad del estado del Punyab y principal\nobjetivo del viaje. Durante el recorrido seguimos disfrutando del paisaje de\nmonta\u00f1as nevadas y de la actividad que hay en los pueblos. La carretera sigue\nsiendo un espect\u00e1culo, aunque resalto dos detalles, la tranquilidad de una\ngarceta y la de la obra en una carretera, en la que la persona que maneja una\npala tiene un ayudante para tirar de ella con una cuerda. Tras instalarnos en\nel hotel, ya de noche, acudimos a ver el Templo Dorado de los sij. Ten\u00eda tantas\nganas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/08.-De-Dharamsala-a-Amritsar-23-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1323\" width=\"651\" height=\"344\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/08.-De-Dharamsala-a-Amritsar-23-02.jpg 624w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/08.-De-Dharamsala-a-Amritsar-23-02-300x159.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 651px) 100vw, 651px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>24 de febrero. Deambular\nen coche por la ciudad antigua de Amritsar es una aut\u00e9ntica locura, as\u00ed que\nresulta m\u00e1s pr\u00e1ctico utilizar el transporte p\u00fablico popular, el rickshaw\n(bicicleta), para las distancias cortas y el moto-rickshaw, para las m\u00e1s\nlargas. Toda la parte vieja y principalmente las calles que rodean el templo es\nun gran bazar, en el que existen comercios en los que se venden las cosas m\u00e1s\ninveros\u00edmiles y numerosos puestos de hortalizas y frutas, con sus productos\nperfectamente colocados. Aunque hay varios bares e incluso alguna moderna\npizzer\u00eda, la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n sigue prefiriendo los puestos callejeros\nde comidas, como el que ilustra la foto. Nada m\u00e1s ver la c\u00e1mara, el propietario\nhace salir a los dem\u00e1s empleados, se atusan el pelo y posan.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/09.-Amritsar.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1324\" width=\"658\" height=\"376\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/09.-Amritsar.jpg 578w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/09.-Amritsar-300x171.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 658px) 100vw, 658px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Concluyo este\nrelato en el Templo Dorado, aunque su nombre es Templo de Dios o, m\u00e1s bien, su\nacepci\u00f3n punjab\u00ed \u201cHarimandir Sahib\u201d. La construcci\u00f3n se concluy\u00f3 en 1601,\nsiendo desde entonces considerado por los sikhs como el templo m\u00e1s sagrado, al\nque acudir en peregrinaci\u00f3n al menos una vez en la vida. El poder\u00edo de los\nsikhs se manifiesta seg\u00fan llegas al templo, primero porque no hay que pagar\nentrada y segundo porque tienen un enorme servicio de guardarropa, tambi\u00e9n\ngratuito y perfectamente organizado, en el que puedes dejar la mochila y\nobligatoriamente los zapatos, ya que al recinto del templo hay que entrar\ndescalzo, atravesar unas peque\u00f1as piscinas de m\u00e1rmol que te cubren de agua\nhasta el tobillo para lavar los pies y cubrir la cabeza con un pa\u00f1uelo de algod\u00f3n.\nIncluso puedes comer gratis. El Harmandir es el lugar en el que se custodia el\noriginal del libro sagrado de los sikhs, bajo la gran c\u00fapula cubierta por 100\nkg de l\u00e1minas de oro. Me ha encantado el Templo Dorado, que por si mismo ha\njustificado el viaje.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/10.-Amritsar-templo-24-02.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1327\" width=\"659\" height=\"439\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/10.-Amritsar-templo-24-02.jpg 567w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/02\/10.-Amritsar-templo-24-02-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 659px) 100vw, 659px\" \/><\/figure>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda realizado ya cinco viajes por la India, pero ten\u00eda una asignatura pendiente. 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