{"id":1454,"date":"2020-04-21T07:30:50","date_gmt":"2020-04-21T05:30:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/?p=1454"},"modified":"2020-04-12T11:33:09","modified_gmt":"2020-04-12T09:33:09","slug":"por-las-merindades-burgalesas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/2020\/04\/21\/por-las-merindades-burgalesas\/","title":{"rendered":"Por las merindades burgalesas"},"content":{"rendered":"\n<p>No s\u00e9 si se\nempieza a ver la luz al final del t\u00fanel pero, como todos, tengo muchas ganas de\nsalir del confinamiento, aunque soy consciente de que para la libertad total\nfalta bastante tiempo. Esto me ha tra\u00eddo a la memoria la escapada que realic\u00e9\npor las Merindades burgalesas los d\u00edas 20 y 21 de abril de 2017, por si quer\u00e9is\nempezar a hacer planes. Pude haberla hecho en el d\u00eda (287 km), pues de hecho el\nsegundo d\u00eda no hice m\u00e1s que regresar a casa, pero ten\u00eda ganas de pernoctar en\nel peque\u00f1o pueblo de Orbaneja del Castillo, para ver las cascadas sin gente,\ncontemplar la puesta de sol sobre las pe\u00f1as y disfrutar de un impresionante\ncielo estrellado. Para que os voy a decir que hoy todav\u00eda disfrutar\u00eda mucho m\u00e1s\nde todo ello, tras m\u00e1s de cinco semanas encerrado.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"883\" height=\"609\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/00.-Mapa.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1455\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/00.-Mapa.jpg 883w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/00.-Mapa-300x207.jpg 300w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/00.-Mapa-768x530.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 883px) 100vw, 883px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>A mitad de\ncamino, m\u00e1s o menos, y tras una hora de viaje, paramos para hacer el hamaiketako\nen Espinosa de los Monteros, pueblo en el que he estado un mont\u00f3n de veces.\nParo siempre en la plaza, un lugar que me gusta, en uno de los bares situado\nbajo los soportales con miradores, escoltados por los edificios del\nAyuntamiento y la iglesia Santa Cecilia. Casi enfrente tenemos el Palacio de\nChiloeches. Este pueblo me trae gratos recuerdos de cuando sub\u00edamos con nieve\nal Castro Valnera, de las clases de esqu\u00ed de fondo en Lunada y de las\nexcursiones de fin de a\u00f1o al Pico de la Miel, donde com\u00edamos el turr\u00f3n y\ntom\u00e1bamos el cava. \u00a1Qu\u00e9 tiempos aquellos!<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/01.-Espinosa-de-los-Monteros.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1456\" width=\"660\" height=\"440\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/01.-Espinosa-de-los-Monteros.jpg 553w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/01.-Espinosa-de-los-Monteros-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>14 kil\u00f3metros\ndespu\u00e9s tenemos la siguiente parada en el Monumento Natural Ojo Guare\u00f1a. Su ubicaci\u00f3n\nes extraordinaria. Si quieres acceder al interior hay que pagar una entrada que\ncuesta 4 \u20ac (3 los jubilados). El precio incluye una visita guiada, de 45\nminutos de duraci\u00f3n, por el interior de la zona acondicionada de la cueva, que\nforma parte del segundo complejo k\u00e1rstico m\u00e1s extenso en cuevas de la Pen\u00ednsula\nIb\u00e9rica. Concluye en la ermita dedicada a San Tirso, m\u00e1s conocida por San\nBernab\u00e9, que cuenta con unas pinturas murales an\u00f3nimas datadas en los siglos\nXVIII y XIX. La temperatura en el interior de la cueva oscila entre 11\u00ba y 13\u00baC.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"703\" height=\"288\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/02.-Ojo-Guare\u00f1a.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1457\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/02.-Ojo-Guare\u00f1a.jpg 703w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/02.-Ojo-Guare\u00f1a-300x123.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 703px) 100vw, 703px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Camino de\nPuentedey, cuando todav\u00eda no hab\u00edamos recorrido 11 km, al borde de la carretera\nencontramos un peque\u00f1o aparcamiento y un cartel que indica que a la cascada de\nla Mea hay tan solo 270 metros, que recorremos por un agradable sendero hasta\nuna peque\u00f1a oquedad en una roca, sobre la que se precipita la cascada. L\u00e1stima\nque, como ha sido un invierno muy seco, casi no tiene agua, cosa que nos\nsuceder\u00e1 en los pr\u00f3ximos lugares que visitemos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/03.-Cascada-de-la-Mea.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1458\" width=\"657\" height=\"416\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/03.-Cascada-de-la-Mea.jpg 553w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/03.-Cascada-de-la-Mea-300x190.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 657px) 100vw, 657px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Tenemos poco m\u00e1s\nde 1 km para llegar a nuestro siguiente destino, Puentedey. Nada m\u00e1s cruzar el\npuente nos detenemos para contemplar un lugar lleno de encanto, pues el r\u00edo\nNela horada la roca para abrirse paso. Sobre esta oquedad se levanta el pueblo,\ndestacando dos edificios, el Palacio de los Fern\u00e1ndez de Brizuela (siglo XVI) y\nla iglesia de San Pelayo. Al lado tenemos el Bar Victorino, en el que\naprovechamos para tomar un vino. Se ha echado la hora de comer y al lado del\nr\u00edo, en un marco incomparable, comemos el bocadillo que hemos tra\u00eddo de casa.\nEl d\u00eda est\u00e1 radiante.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/04.-Puentedey.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1459\" width=\"658\" height=\"438\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/04.-Puentedey.jpg 610w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/04.-Puentedey-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 658px) 100vw, 658px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Paramos en\nSoncillo a tomar un caf\u00e9 y nos dirigimos a nuestro siguiente destino, distante\n19,5 km desde Puentedey. Se trata del peque\u00f1o pueblo de Villab\u00e1scones de\nBezana. De aqu\u00ed parte el sendero por el que caminamos unos 4 km, por un\nitinerario circular, que discurre por un hermoso hayedo. El punto m\u00e1s alejado es\nnuestro objetivo, las cascadas de las Pisas, que con la poco agua que hay, m\u00e1s\nbien son una especie de r\u00e1pidos del arroyo de la G\u00e1ndara.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/05.-Villab\u00e1scones-de-Bezana.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1461\" width=\"651\" height=\"407\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/05.-Villab\u00e1scones-de-Bezana.jpg 541w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/05.-Villab\u00e1scones-de-Bezana-300x187.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 651px) 100vw, 651px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Tras recorrer otros\n35,5 km llegamos a nuestro destino final, la peque\u00f1a localidad de Orbaneja del Castillo.\nAntes de acceder al pueblo, nos detenemos al lado de la carretera para\ncontemplar ese gigantesco ca\u00f1\u00f3n, de 200 metros de profundidad, que ha excavado\nel r\u00edo Ebro. El lugar merece realmente la pena.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"782\" height=\"285\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/06.-Orbaneja-del-Castillo-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1462\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/06.-Orbaneja-del-Castillo-1.jpg 782w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/06.-Orbaneja-del-Castillo-1-300x109.jpg 300w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/06.-Orbaneja-del-Castillo-1-768x280.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 782px) 100vw, 782px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Orbaneja del\nCastillo se encuentra en un emplazamiento espectacular. Ya he comentado al\nprincipio que ten\u00edamos el capricho de pasar noche aqu\u00ed, para poder disfrutar de\nla tranquilidad del pueblo cuando se han ido los visitantes que, en fechas\nespeciales, llegan a colapsar los accesos. Elegimos para ello el Hotel Rural La\nPuebla, situado a un paso del conjunto hist\u00f3rico, en la parte alta de la\npoblaci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente subimos a la Cueva del Agua, donde mana el arroyo\nde aguas cristalinas que luego se precipitan hasta alcanzar el r\u00edo Ebro.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/07.-Orbaneja-del-Castillo-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1463\" width=\"657\" height=\"436\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/07.-Orbaneja-del-Castillo-2.jpg 530w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/07.-Orbaneja-del-Castillo-2-300x199.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 657px) 100vw, 657px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>He dejado para\nel final el punto fuerte de esta escapada, la cascada de Orbaneja del Castillo,\nque fotografiamos por la tarde y al d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana. Pese a la\nescasez de agua de este a\u00f1o, la ca\u00edda de 25 metros del agua, que luego se\ndeshace en peque\u00f1os ramales hasta alcanzar el Ebro, proporciona un magn\u00edfico\nespect\u00e1culo. Aqu\u00ed ponemos el punto final a esta escapada. Tenemos por delante\n130 km, v\u00eda Villarcayo, para regresar a Leioa.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/08.-Orbaneja-del-Castillo-3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1464\" width=\"658\" height=\"427\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/08.-Orbaneja-del-Castillo-3.jpg 527w, https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/files\/2020\/04\/08.-Orbaneja-del-Castillo-3-300x195.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 658px) 100vw, 658px\" \/><\/figure>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No s\u00e9 si se empieza a ver la luz al final del t\u00fanel pero, como todos, tengo muchas ganas de salir del confinamiento, aunque soy consciente de que para la libertad total falta bastante tiempo. Esto me ha tra\u00eddo a la memoria la escapada que realic\u00e9 por las Merindades burgalesas los d\u00edas 20 y 21 &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/2020\/04\/21\/por-las-merindades-burgalesas\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Por las merindades burgalesas<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":120,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[],"class_list":["post-1454","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1454","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/120"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1454"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1454\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1465,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1454\/revisions\/1465"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1454"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1454"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/de-leioa-al-mundo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1454"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}