{"id":1653,"date":"2015-01-03T11:42:01","date_gmt":"2015-01-03T10:42:01","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/?p=1653"},"modified":"2015-01-03T11:42:01","modified_gmt":"2015-01-03T10:42:01","slug":"balada-del-perdon-y-los-perdonazos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/2015\/01\/03\/balada-del-perdon-y-los-perdonazos\/","title":{"rendered":"Balada del perd\u00f3n y los perdonazos."},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/files\/2015\/01\/0112.gif\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1654\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/files\/2015\/01\/0112.gif\" alt=\"0112\" width=\"600\" height=\"528\" \/><\/a><\/p>\n<p>Se ha desatado una plaga de perdonazos. Milan Kundera, en su \u00faltima novela, La fiesta de la insignificancia, llama <strong>perdonazos a los pelmazos del perd\u00f3n<\/strong>, esas personas con tendencia a pedir disculpas constantemente, bien por mortificaci\u00f3n ligera o bien por automatismo de educaci\u00f3n protocolaria No creo que exista problema en el ejercicio privado del perd\u00f3n como parte de los mecanismos relacionales entre hombres y mujeres, padres e hijos, entre amigos: es un consuelo y contiene cierta pedagog\u00eda positiva; pero llevar esta pr\u00e1ctica indulgente a la cosa p\u00fablica <strong>nos conduce a una simulaci\u00f3n social y seguramente a la infantilizaci\u00f3n de la democracia y las conductas pol\u00edticas<\/strong>. \u00bfNecesita la sociedad madura la clemencia de sus l\u00edderes e instituciones? \u00bfResuelve los males profundos del sistema? \u00bfY hasta qu\u00e9 punto las peticiones de perd\u00f3n forman parte de los artificios emocionales, sin densidad moral, de los que se valen los dirigentes y los personajes relevantes para salir airosos de sus bajezas? <strong>La b\u00fasqueda del perd\u00f3n se funda en la fragilidad y candor del ofendido.<\/strong><\/p>\n<p>Frente al buenismo cristiano, el descargo de conciencia y el sentimiento de culpa, <strong>creo en la absoluta inutilidad del perd\u00f3n<\/strong>. De hecho, en nuestra sociedad el perd\u00f3n est\u00e1 sobrevalorado, quiz\u00e1s porque se estima como condici\u00f3n indispensable para el reconocimiento del ofendido, todo lo cual conduce a las personas -desde la irrefutable realidad de sus pasiones, carencias y tendencias- a la teatralizaci\u00f3n emocional y a la exhibici\u00f3n forzada del pesar por el mal causado. La exaltaci\u00f3n del perd\u00f3n encaja con el deseo desmesurado de reconocimiento social (y por tanto de la flojedad de la autoestima) y en esta circunstancia hay que contemplar la proliferaci\u00f3n de la disculpa pol\u00edtica y la insoportable abundancia de los perdonazos.<\/p>\n<p>Se dir\u00eda que el perd\u00f3n no es eficaz ni para quien lo recibe ni para quien lo expone. Lo dice Kundera: \u201cSi te declaras culpable, animas al otro a seguir insult\u00e1ndote y a denunciarte p\u00fablicamente hasta la muerte\u201d. La disculpa, generalmente, no vale lo que vale el da\u00f1o ocasionado, salvo el agravio de palabra, el m\u00e1s comprensible de todos. Para alguien ofendido el perd\u00f3n es una acci\u00f3n deprimente y muchas veces poco cre\u00edble, como una bald\u00eda prolongaci\u00f3n del sufrimiento. Recordemos el caso de la triatleta bilba\u00edna Virginia Berasategi, quien, tras tomar en su \u00faltima carrera alg\u00fan tipo de sustancia prohibida, reconoci\u00f3 entre l\u00e1grimas su profundo arrepentimiento, solicitando excusas por su \u00fanico error deportivo en muchos a\u00f1os. La respuesta social fue despiadada, lo que vino a significar que <strong>el perd\u00f3n p\u00fablico es una especie de inmolaci\u00f3n para el desahogo de la gente y puro masoquismo para el culpable.<\/strong> La frustraci\u00f3n de las masas tiene en el perd\u00f3n de los triunfadores su ruin divertimento.<\/p>\n<p><strong>Los perdonazos de Euskadi<\/strong><\/p>\n<p>El arrepentimiento es personal, por lo que <strong>el perd\u00f3n p\u00fablico es exhibicionismo<\/strong>. En el contexto vasco y tras el largo per\u00edodo de violencia terrorista el perd\u00f3n ocupa una posici\u00f3n demasiado destacada, al menos en las declaraciones pol\u00edticas. Se le pide a quienes practicaron la violencia -ETA y el Estado- que pongan a la intemperie sus disculpas y que quienes la justificaron y apoyaron -la izquierda abertzale y un sector de la sociedad espa\u00f1ola- expresen igualmente su pesar por haber tenido arte y parte en aquella historia tr\u00e1gica, que ahora busca proyectar la verdad -toda la verdad- al futuro. Se enfatiza que el perd\u00f3n de los asesinos hacia las v\u00edctimas es un requisito imprescindible para el objetivo de la paz y la normalizaci\u00f3n. Lo pongo en duda. A la mayor\u00eda de las v\u00edctimas no les interesa tanto las disculpas y las aflicciones en voz alta como situar en su justo lugar la memoria de su irreparable sacrificio. Porque a menudo las damnificados aparecen como culpables y los responsables como v\u00edctimas, en un macabro baile de papeles intercambiados.<\/p>\n<p><strong>No nos hacen falta arrepentimientos, sino la verdad<\/strong>. Y este es el problema: hay una sombra de sospecha sobre todo acto de contrici\u00f3n p\u00fablica. Tiene algo de escenificaci\u00f3n tramposa, de reserva de sinceridad, incluso de justificaci\u00f3n, con m\u00e1s deseo de olvido que de proyecto de reparaci\u00f3n. La demanda no es el perd\u00f3n, es la verdad, conocer lo que ocurri\u00f3. Saber por qu\u00e9, cu\u00e1l era el objetivo, qu\u00e9 se pretend\u00eda, en qu\u00e9 valores se apoyaba la violencia, qu\u00e9 creen haber conseguido, por qu\u00e9 se justific\u00f3, por qu\u00e9 se hizo en nombre de la libertad, de Euskadi, del Estado\u2026 No dig\u00e1is lo siento, mejor decidnos la verdad.<\/p>\n<p>Precisamente por esa ocultaci\u00f3n de la verdad entre quienes fueron responsables de la violencia -ETA y el Estado- es por lo que cuesta tanto acometer un relato ver\u00eddico de todos aquellos hechos terroristas y cuanto les acompa\u00f1\u00f3 de corrupci\u00f3n y miseria. Y<strong> lo curioso es que lo que unos quieren olvidar, otros quieren recordar especialmente, y al contrario. Por eso no avanzamos: porque hay una negaci\u00f3n intencionada de la verdad,<\/strong> lo que en el fondo acreditar\u00eda la insinceridad de las disculpas. No les importa la verdad, sino un olvido r\u00e1pido y un t\u00e1cito pacto de compensaci\u00f3n mutua entre las dos violencias. Una historia enterrar\u00e1 a la otra y la sociedad vasca y la espa\u00f1ola -que no s\u00e9 yo si est\u00e1n por la labor- se quedar\u00e1n sin la verdad a cambio de un vac\u00edo memorable. Hay un prop\u00f3sito mayoritario de amnesia c\u00f3mplice.<\/p>\n<p><strong>Los perdonazos de Espa\u00f1a<\/strong><\/p>\n<p>Juan Carlos I pidi\u00f3 perd\u00f3n por sus lujos y cacer\u00edas africanas. Rajoy se disculp\u00f3 en nombre del PP por la corrupci\u00f3n. Esperanza Aguirre, por sus soberbias. Los socialistas de Pedro S\u00e1nchez, por sus corruptelas y errores. El Papa reclama ahora perd\u00f3n por la pederastia de sus cl\u00e9rigos. El presidente Obama lo ha hecho a prop\u00f3sito de la torturas de la CIA\u2026<strong> Esta epidemia de disculpas desde las tribunas es una moda<\/strong>, pero tambi\u00e9n una burla a la memoria de la gente. Es como si estas reclamaciones de clemencia pretendieran obtener, por el mero hecho de manifestarlas, la exculpaci\u00f3n inmediata y gratuita. Es una ret\u00f3rica de campanario que se ha instalado en la pol\u00edtica como una de sus muchas imposturas, propia de un sistema que niega su regeneraci\u00f3n y se refugia en la mezquina moral del confesionario. <strong>El perd\u00f3n escapa furtivamente de su responsabilidad.<\/strong><\/p>\n<p>Si el presidente espa\u00f1ol tuviera aut\u00e9ntico sentido de culpa hubiera abierto los archivos de su partido a la exposici\u00f3n p\u00fablica y entregar\u00eda al juez todos los datos sobre las diferentes tramas corruptas del PP. No solo no ha revelado la verdad, sino que ha tratado de ocultarla, manipulando los poderes de la justicia y negando todas las evidencias. \u00bfQu\u00e9 perd\u00f3n le cabe a Espa\u00f1a sobre los cr\u00edmenes de la guerra civil y la posterior dictadura si las cunetas siguen repletas de cad\u00e1veres y el dictador yace al pie del altar mayor del Valle de los Ca\u00eddos, una instalaci\u00f3n patrimonio del Estado, reclamo tur\u00edstico y s\u00edmbolo de la victoria fascista? \u00bfQu\u00e9 descargo de conciencia cabe en la direcci\u00f3n del PSOE si se revuelve contra la certeza del inmenso fraude de los ERE y presiona sin piedad a la jueza Alaya? \u00bfQu\u00e9 clase de perd\u00f3n se le puede otorgar a Obama si no piensa actuar contra los brutales delitos de los torturadores y sus mandos? \u00bfPuede la Iglesia solicitar clemencia para los curas pederastas si huye de una lectura completa de su miserable comportamiento con los ni\u00f1os durante d\u00e9cadas y siglos? El perd\u00f3n no es un derecho ni un regalo, porque antes que cualquier disculpa est\u00e1 la disposici\u00f3n a la verdad. Y en todo caso, el perd\u00f3n hay que gan\u00e1rselo con la sinceridad de una rectificaci\u00f3n efectiva.<\/p>\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 le ocurre a los perdonazos? Que aspiran a la impunidad.<\/strong> Detr\u00e1s de todo ofrecimiento de disculpas hay un deseo de amnesia. Entre los ofendidos, que quieren pasar p\u00e1gina y vivir sin sufrimiento, y los ofensores, que buscan eludir responsabilidades, se est\u00e1 imponiendo el olvido, la peor de las respuestas, la m\u00e1s torpemente humana.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se ha desatado una plaga de perdonazos. 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