{"id":1894,"date":"2015-07-06T20:03:28","date_gmt":"2015-07-06T18:03:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/?p=1894"},"modified":"2015-07-06T20:03:28","modified_gmt":"2015-07-06T18:03:28","slug":"el-bombo-suena-mas-fuerte-que-el-violin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/2015\/07\/06\/el-bombo-suena-mas-fuerte-que-el-violin\/","title":{"rendered":"El bombo suena m\u00e1s fuerte que el viol\u00edn"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/files\/2015\/07\/3196737.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1895\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/files\/2015\/07\/3196737.jpg\" alt=\"3196737\" width=\"1000\" height=\"563\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2015\/07\/3196737.jpg 1000w, https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2015\/07\/3196737-580x327.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2015\/07\/3196737-940x529.jpg 940w\" sizes=\"auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/a><em>(art\u00edculo publicado en DEIA el 2 de julio de 2003. Plenamente vigente)<\/em><\/p>\n<p>Si yo fuera vecino de Pamplona en estos d\u00edas o viviera durante la primera, segunda y tercera semana de agosto en Vitoria-Gasteiz, Donostia y Bilbao, respectivamente, me apresurar\u00eda a hacer las maletas y buscar refugio en alg\u00fan lugar de Euskadi \u2013si tal para\u00edso existiese o pudiera ser imaginado- a salvo del infortunio de las fiestas patronales, entendidas \u00e9stas en la forma y extensi\u00f3n en que hoy se representan. No soy el \u00fanico sufriente ciudadano que no cree en este modelo degradado de festejos populares, ni estoy por negar la necesidad del jolgorio social y hasta el desmadre; pero <strong>la libertad que tienen unos para organizar, incluso imponer por gusto de la mayor\u00eda, un tipo de celebraci\u00f3n colectiva no vale m\u00e1s que la libertad de otros de sentirse al margen del ruido, la suciedad, la agresividad y los est\u00fapidos excesos de este g\u00e9nero de diversi\u00f3n p\u00fablica, tan poco imaginativa como cutre,<\/strong> que se prodiga en nuestro pa\u00eds cada verano.<\/p>\n<p>Reconozco que los programas de diversi\u00f3n estival de nuestros pueblos y ciudades son muy variados y tienen contenidos mucho m\u00e1s sugestivos y tranquilos que los inevitables escenarios de las txoznas y los espect\u00e1culos donde<strong> la tortura del decibelio y el abuso del alcohol imponen su ley de degradaci\u00f3n y mal gusto <\/strong>y terminan por eliminar todo respeto a las personas y a los bienes p\u00fablicos durante d\u00edas enteros y noches eternas. A pesar de esta diversidad, la identidad festiva y el eje del divertimento son el consumo desmesurado de alcohol en torno de las txoznas y el poderoso ruido de la m\u00fasica que \u00e9stas producen contra toda norma y control municipal, un estruendo incompatible con el descanso vecinal. <strong>Algo funciona mal en nuestra sociedad si el jolgorio de unos se produce a costa de la intranquilidad de otros.<\/strong> Algunos concejales me reconocen en privado que una parte de la organizaci\u00f3n festiva, incluso el modelo mismo de la celebraci\u00f3n popular, hace tiempo que se les fue de las manos a nuestros ayuntamientos y con este sentimiento de fatalidad tratan de compensar, con mucha voluntad y paciencia, la dureza de los escenarios de alcohol, ruido y toros con entornos m\u00e1s amables, tiernos y creativos. Pero <strong>el bombo suena m\u00e1s fuerte que el viol\u00edn.<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>Modelo festivo agotado, se resiste a morir<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Creo que la rudeza de nuestros festejos populares y el dominio que determinados grupos ejercen sobre los espacios y contenidos festivos es otra de las derivadas reactivas de la dictadura franquista. A la salida del franquismo las fiestas, como otras referencias sociales, se consideraron parte de las libertades que hab\u00eda que reivindicar y a las que se deb\u00edan dotar de caracter\u00edsticas populares como contrapunto del patr\u00f3n aristocr\u00e1tico y restringido de celebraci\u00f3n hasta entonces conocido. Bilbao es el caso paradigm\u00e1tico de esta forma artificial de construir unas fiestas, hasta el punto de que le fue encomendada, por concurso, hace justamente 25 a\u00f1os, la organizaci\u00f3n de la Aste Nagusia a una entidad pol\u00edtica de la extrema izquierda. Mientras algunos se jactan de los \u00e9xitos de semejante empresa, otros pensamos que del fulgor de aquella demagogia tardar\u00e1 Bilbao en librarse y lo conseguir\u00e1, inevitablemente, a medida que la madurez ciudadana y la corrupci\u00f3n final de un modelo festivo, falsamente popular, dejen paso a una diversi\u00f3n colectiva que no obligue a nadie a ponerse a salvo en la lejan\u00eda desde el mismo d\u00eda del txupinazo.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n no estriba en una disputa inacabable sobre gustos o formas de divertirse, sino en el debate que sugieren preguntas como \u00e9stas: \u00bfEst\u00e1 agotado el modelo festivo vigente en nuestros pueblos y ciudades? \u00bfHa llegado el momento de revisar en profundidad las celebraciones populares en raz\u00f3n a los derechos individuales y normas de convivencia que objetivamente se vulneran? \u00bfNo es hora de ponerse serios con unas fiestas en las que vale todo? \u00bfNo habr\u00e1 ya que renovar el concepto de lo popular por otro de mayor entidad y solvencia? Estamos hablando de un cambio cultural, en definitiva, de una transformaci\u00f3n cualitativa que empieza por un proceso de autocr\u00edtica. La comunidad se tiene que reunir con urgencia y determinar si es tolerable que las estrepitosas ganas de marcha de los chicos del tercero izquierda son compatibles con el derecho a la tranquilidad y el descanso del resto de los vecinos. El conflicto est\u00e1 en que algunos creen que las cosas no tienen l\u00edmites y que hay excepciones y privilegios; es decir, que <strong>hay una aristocracia subyacente en nuestra sociedad que emerge ruidosamente los fines de semana y en fiestas<\/strong> y que decreta la ocupaci\u00f3n caprichosa de entornos completos de la ciudad que abandonan despu\u00e9s arrasados de suciedad y detritus.<\/p>\n<p><em><strong>\u00bfFiestas de marca o de mercadillo?<\/strong><\/em><\/p>\n<p>El cambio cultural al que estamos abocados tiene que resolver mucho m\u00e1s que la an\u00e9cdota de la orientaci\u00f3n de los bafles de la txozna o el horario de cierre del concierto verbenero. Llevamos d\u00e9cadas pasando por alto, o dando por irremediable, el creciente abuso en el consumo del alcohol entre j\u00f3venes y mayores. Otro tanto digo del consumo de drogas m\u00e1s severas. Y se acepta la contradicci\u00f3n \u00e9tica entre el espect\u00e1culo de los toros y los valores sociales contra toda violencia. La comunidad parece asumir el costo humano y moral de estas tragedias morales y de convivencia. Asistimos inconmovibles a la desmesura del ocio juvenil que tiene en vilo a las familias, cuyas angustiosas llamadas de SOS parece no escuchar nadie. Con estos fracasos y frustraciones se teje el miedo y el estupor de la gente a la que puede pretender tranquilizar, enga\u00f1osamente, un nuevo y potente discurso autoritario. <strong>Cuidado con el miedo al futuro porque sobre \u00e9l suelen edificarse las m\u00e1s duraderas tiran\u00edas.<\/strong><\/p>\n<p>La imagen de nuestras fiestas son <strong>la exhibici\u00f3n del exceso y la insolencia de la vulgaridad.<\/strong> La identificaci\u00f3n de la alegr\u00eda con la borrachera es tan absurda como la equiparaci\u00f3n de la tranquilidad con el estado de defunci\u00f3n. \u00bfHay algo m\u00e1s pat\u00e9tico que una persona ebria, sin control ni dignidad? Existe un problema de concepto: la fiesta no es la eventualidad del desmadre a toda costa. Esta era la opci\u00f3n de los desesperados de la realidad, un aliento para la supervivencia. Si el asunto es dar un tiempo y un espacio a los excesos, si se trata de un ceremonial at\u00e1vico contra las limitaciones cotidianas, puedo proporcionar como alternativa una larga lista de placeres mucho m\u00e1s intensos y sofisticados, aunque un poco m\u00e1s privados, que la ramploner\u00eda de una cogorza de kalimotxo o vino barato. <strong>Necesitamos fiestas de marca, porque las actuales son de mercadillo<\/strong>. En el fondo, la gente se aburre ruidosa y ostensiblemente. Estamos instalados en un concepto de la diversi\u00f3n compulsiva, originada en el insoportable peso de la rutina y el vac\u00edo cotidiano. Y ah\u00ed est\u00e1 la clave: <strong>las fiestas no ser\u00edan tan vulgares si la vivencia de cada d\u00eda tuviera m\u00e1s alicientes.<\/strong> Y mientras unos intentan escapar de la realidad con alborotadoras celebraciones, otros huimos del vulgar jolgorio con el ejercicio secreto de nuestras inagotables fantas\u00edas rutinarias. <strong>\u00bfQui\u00e9nes son m\u00e1s divertidos?<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(art\u00edculo publicado en DEIA el 2 de julio de 2003. 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