{"id":2083,"date":"2016-01-30T00:09:35","date_gmt":"2016-01-29T23:09:35","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/?p=2083"},"modified":"2016-01-30T00:12:32","modified_gmt":"2016-01-29T23:12:32","slug":"pan-con-chocolate-y-otros-regresos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/2016\/01\/30\/pan-con-chocolate-y-otros-regresos\/","title":{"rendered":"Pan con chocolate y otros regresos"},"content":{"rendered":"<a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=_2MO5c4H0tM\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=_2MO5c4H0tM<\/a>\n<p>Nadie deber\u00eda subestimar los anuncios y mucho menos despreciarlos por molestos o c\u00f3mplices del consumismo. Los anuncios acompa\u00f1an los cambios sociales. Son sus mensajeros. Todas las transformaciones producidas en los h\u00e1bitos de alimentaci\u00f3n fueron precedidas de campa\u00f1as en la tele machacando el inconsciente colectivo. La comida basura es un hecho generalizado por influencia directa de los anuncios. Dejamos de comer y beber bien con la activaci\u00f3n de determinados complejos. \u00bfLa culpa entonces es de los anuncios? No, ellos solo hicieron su trabajo y rindieron las dietas sanas por mandato multinacional. Anular las legumbres, rechazar las verduras, marginar las frutas, odiar el pan, el aceite de oliva, el az\u00facar y el vino y dem\u00e1s cat\u00e1strofes alimentarias fueron fechor\u00edas experimentales de grandes empresas. Los anuncios tuvieron clara su t\u00e1ctica victoriosa: hacernos creer que comer lo que com\u00edamos era cosa de pobres. \u201c\u00bfTe acuerdas cuando beb\u00edamos agua?\u201d, nos dec\u00eda por entonces con particular malicia una marca de gaseosas para asociar el bendito consumo de agua al subdesarrollo y la fam\u00e9lica legi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora, Nestl\u00e9 se ha embarcado en la reversi\u00f3n de aquel desastre y, mediante una preciosa campa\u00f1a plena de buen criterio, aspira a que los ni\u00f1os y ni\u00f1as del siglo XXI vuelvan al pan con chocolate, la nutritiva merienda de la infancia de los sesenta. No sabemos si lo conseguir\u00e1, tras a\u00f1os de colonizaci\u00f3n de la pasteler\u00eda industrial y los bocadillos de la peor charcuter\u00eda; pero si tal cosa ocurriera podr\u00edamos pensar que los milagros son factibles no por fe, sino por constancia \u00e9tica de los anuncios.<\/p>\n<p>Desear el regreso de lo bueno no es nostalgia, es sabidur\u00eda. Nos alegramos por eso del retorno de Patricia Gazta\u00f1aga. Ser\u00e1 el lunes pr\u00f3ximo en TVE, con un talk denominado Cuesti\u00f3n de tiempo, un espacio de emociones. Tambi\u00e9n en esta cuesti\u00f3n, tras el fiasco de la inteligencia emocional, convendr\u00eda regresar a Spinoza y descartar a Descartes, nuestro tirano mental durante siglos. Nada m\u00e1s humano que la a\u00f1oranza del para\u00edso perdido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nadie deber\u00eda subestimar los anuncios y mucho menos despreciarlos por molestos o c\u00f3mplices del consumismo. Los anuncios acompa\u00f1an los cambios sociales. Son sus mensajeros. Todas las transformaciones producidas en los h\u00e1bitos de alimentaci\u00f3n fueron precedidas de campa\u00f1as en la tele machacando el inconsciente colectivo. 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