{"id":3920,"date":"2020-03-20T21:18:34","date_gmt":"2020-03-20T20:18:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/?p=3920"},"modified":"2020-03-20T21:18:36","modified_gmt":"2020-03-20T20:18:36","slug":"diario-de-cuarentena-dia-6-primavera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/2020\/03\/20\/diario-de-cuarentena-dia-6-primavera\/","title":{"rendered":"Diario de cuarentena. D\u00eda 6. Primavera"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"940\" height=\"588\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2020\/03\/Primavera-940x588.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3921\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2020\/03\/Primavera-940x588.jpg 940w, https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2020\/03\/Primavera-580x363.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2020\/03\/Primavera-768x480.jpg 768w, https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2020\/03\/Primavera.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>A las 4:50 horas de hoy ha entrado la primavera en este lado del mundo. Nunca hubo una primavera m\u00e1s desgarrada, nunca fue m\u00e1s desoladora. Nunca tuvimos m\u00e1s obst\u00e1culos para disfrutarla. Todo es tan extra\u00f1o, encerrados como apestados.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas circunstancias de privaci\u00f3n es cuando valoramos la importancia de las rutinas, eso que hacemos autom\u00e1ticamente y que forman una cadena de costumbres arraigadas: tomar un caf\u00e9 en el bar, el viaje en metro, las comidas fuera con los compa\u00f1eros o amigos, ir al cine o, simplemente, pasear. \u00a1Lo que echo de menos pasear de noche junto al mar y bajo la lluvia!&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Somos nuestras rutinas y nuestra imaginaci\u00f3n, a lo que a\u00f1adimos la necesidad de cambiar de vez en cuando y renovarnos. Y ahora nos falta el programa de cada d\u00eda, el reloj cotidiano. Y en esto llega la m\u00e1gica primavera y no la podemos disfrutar. No estamos para flores y p\u00e1jaros. Es momento de resistir y sobrevivir a un enemigo que nadie esperaba, un enemigo microsc\u00f3pico, pero mortal.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando todo esto acabe, con toda la ansiedad acumulada, va a haber una desbandada general. Querremos salir a la calle, entrar en las tiendas, pasear, volver tarde a casa. Querremos volver a ser manada. Y tambi\u00e9n, tocar y abrazar a la gente, empezando por eso tan elemental de dar la mano. Supongo que nos va a ocurrir como a los presos tras salir de prisi\u00f3n, que no buscan otra cosa que andar por las calles y entrar donde la gente circula libremente.&nbsp;&nbsp;Y, al cabo de un tiempo de recuperaci\u00f3n de la normalidad, volver a las viejas -y nuevas- costumbres de vivir en compa\u00f1\u00eda y socializar como corresponde a la naturaleza humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Me siento como Robinson Crusoe, el n\u00e1ufrago de Daniel Defoe, que describi\u00f3 con enorme sencillez la angustia de un hombre solo en una isla perdida. Si lo primero fue encontrar el modo de sobrevivir en aquel paraje rec\u00f3ndito, despu\u00e9s se ocup\u00f3 de encontrar a otros seres humanos. Fue grande su alegr\u00eda al encontrar y salvar al indio de la tribu can\u00edbal, un hombre desconocido a quien llam\u00f3 Viernes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos viviendo una soledad parecida a la de Robinson. La soledad de la isla de la ciudad, sin capacidad de comunicarnos y con la obligaci\u00f3n de distanciarnos y hasta taparnos la boca. Robinsones por un virus. Me imagino que de esta situaci\u00f3n nacer\u00e1n grandes historias y podremos contarlo con toda la carga emocional y la belleza que la experiencia merece. Esta es la primera crisis realmente mundial de la historia de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s del coronavirus, la soledad deber\u00eda ser peor considerada y despreciada. Hay quien ama la soledad. Le compadezco.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignright is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2020\/03\/Firma-9.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3922\" width=\"207\" height=\"72\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2020\/03\/Firma-9.jpg 581w, https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/files\/2020\/03\/Firma-9-580x201.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 207px) 100vw, 207px\" \/><\/figure><\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A las 4:50 horas de hoy ha entrado la primavera en este lado del mundo. Nunca hubo una primavera m\u00e1s desgarrada, nunca fue m\u00e1s desoladora. Nunca tuvimos m\u00e1s obst\u00e1culos para disfrutarla. Todo es tan extra\u00f1o, encerrados como apestados. 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