{"id":459,"date":"2012-02-14T10:05:01","date_gmt":"2012-02-14T09:05:01","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/?p=459"},"modified":"2012-02-14T10:05:43","modified_gmt":"2012-02-14T09:05:43","slug":"euskadi-entre-lo-perdonable-y-lo-imperdonable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/2012\/02\/14\/euskadi-entre-lo-perdonable-y-lo-imperdonable\/","title":{"rendered":"Euskadi, entre lo perdonable y lo imperdonable"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/files\/2012\/02\/thinking_man1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-460\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/files\/2012\/02\/thinking_man1.jpg\" alt=\"\" width=\"584\" height=\"422\" \/><\/a><\/p>\n<p>La paz trae consigo el debate de la justicia, el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n; pero construir la paz es mucho m\u00e1s complicado que hacer la guerra, por la influencia perturbadora -inevitable- de los sentimientos inmiscuidos en la delicada tarea de reconocer los estragos humanos, cicatrizar heridas y evitar el rebrote del conflicto. En este proceso estamos en Euskadi y creo que, por comparaci\u00f3n con otros pa\u00edses en similares circunstancias, podr\u00e1 resolverse en no demasiado tiempo, en parte porque la dolorosa experiencia nos ha convertido en una sociedad madura y paciente. El reto ahora es oponernos a la ira, el resentimiento y la venganza a la vez que resistir frente a la indiferencia y el cinismo. Nuestra principal dificultad, incluso mayor que la fragmentaci\u00f3n pol\u00edtica, es el factor \u00e9tico, que debe zanjar el desequilibrio de valoraciones sobre la naturaleza de la acci\u00f3n de ETA: una amplia minor\u00eda la entiende como lucha revolucionaria, ideol\u00f3gica e hist\u00f3ricamente justificada, mientras la mayor\u00eda social la califica sin vacilar como terrorismo abominable. A mi juicio, lo sustancial del problema moral (lo discutible) se sit\u00faa entre los territorios de lo perdonable y lo imperdonable, o lo que es lo mismo, entre el olvido y la memoria.<\/p>\n<p>A\u00fan en una comunidad pr\u00e1cticamente poscristiana como la vasca el concepto del perd\u00f3n tiene una gran notabilidad en el repertorio de nuestros valores morales, quiz\u00e1s porque la actitud compasiva es una categor\u00eda superior, algo sobrevalorada por su inspiraci\u00f3n rom\u00e1ntica. Sin embargo, habr\u00eda que entender el perd\u00f3n en sus justos t\u00e9rminos, como una oportunidad que tiene unos l\u00edmites precisos. El perd\u00f3n no es un valor absoluto. Dig\u00e1moslo m\u00e1s claro y con plena convicci\u00f3n: hay cosas imperdonables. De lo contrario, si todo fuese perdonable nuestro mundo ser\u00eda una comunidad ingenua, un caos \u00e9tico y, a causa de esta fragilidad, quedar\u00eda indefensa frente a toda presi\u00f3n transgresora de la dignidad de las personas. Las l\u00edneas rojas que las sociedades evolucionadas hemos trazado (los derechos humanos) son infranqueables y marcan la muga de lo que no tiene, m\u00e1s all\u00e1 de ella, excusa alguna. Y si se admite la excepci\u00f3n se derrumba la autoestima democr\u00e1tica y cuanto de aut\u00e9ntico y honroso la sostiene.<\/p>\n<p><strong><em>Olvidar lo perdonable<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Hay un abismo profundo entre lo perdonable y lo imperdonable. A mi entender, lo perdonable es casi todo lo que tiene su base en las pasiones y bajezas humanas: la ambici\u00f3n, la irresponsabilidad, la indiferencia, el fundamentalismo, la mezquindad, la vanidad, la cobard\u00eda y todos los pecados capitales, poca cosa en realidad, incluso el desprecio de la propia vida. Perdonable es lo que tiene remedio, lo involuntario, lo absurdo y cuanto deja un rastro de \u00edntimo arrepentimiento, cualquier fracaso. El perd\u00f3n, que se pide y se concede, es un sublime ejercicio de comprensi\u00f3n que culmina con el mayor de los regalos: el olvido, una amnesia aut\u00e9ntica y desprendida viene junto a otras grandes oportunidades, como la confianza, la regeneraci\u00f3n y la fe en la grandeza del ser humano.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n es: \u00bftiene perd\u00f3n ETA y su mundo c\u00f3mplice? La respuesta ser\u00eda muy sencilla si no se hubiera trazado una frontera hist\u00f3rica para este juicio moral: antes y despu\u00e9s del franquismo, que implica aceptar la ficci\u00f3n de que una vez existi\u00f3 una ETA buena por sus ataques a la dictadura. En este argumento selectivo, que se prodiga a causa de que ciertos comentaristas pol\u00edticos rondaron la violencia en su primera etapa, se funda la brumosa dificultad para valorar con criterio la actividad terrorista. A esta circunstancia perturbadora se le a\u00f1ade el sangrante episodio del terrorismo de Estado que hizo m\u00e1rtir a ETA durante un tiempo, cr\u00edmenes que en su mayor\u00eda han quedado impunes y cuya extrema gravedad aport\u00f3 a ETA elementos de disculpa parcial de su tr\u00e1gica existencia. Adem\u00e1s, ETA ha sido la excusa perfecta para saqueos electorales, para la criminalizaci\u00f3n del proyecto nacionalista (\u201cel \u00e1rbol y las nueces\u201d), para innumerables negocios inconfesables, para toda clase de aberraciones judiciales, legales y medi\u00e1ticas y, en general, para la demolici\u00f3n democr\u00e1tica del Estado y la masiva siembra de odio hacia Euskadi, con lo que Espa\u00f1a equipar\u00f3 su miseria moral a la de ETA. Pero a pesar de estas siniestras maquinaciones, ETA, como todo terrorismo, como el franquismo, el nazismo, el fascismo o el comunismo, sistemas salvajemente totalitarios e inhumanos, es imperdonable.<\/p>\n<p><strong><em>Recordar lo imperdonable<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Lo imperdonable, creo yo, es lo irreparable, lo cruel, toda abolici\u00f3n de la dignidad de las personas, el mal consciente y sistem\u00e1tico, el abuso programado y en general todo da\u00f1o que se autojustifica y no se lamenta de sus efectos. Es la infamia que no procede de alguna insignificancia humana, sino del talento destructivo y el odio como motivaci\u00f3n. Una sociedad bien formada tiene que prefijar lo que nunca es perdonable, un cat\u00e1logo de acciones repudiables contra las que, m\u00e1s all\u00e1 de las leyes y sus previsiones penales, se responde colectivamente con el prodigio de la memoria: lo imperdonable es lo que jam\u00e1s se olvida y permanece en la memoria, no por rencor o revancha, sino por necesidad de supervivencia f\u00edsica y moral. Por eso, no comparto la decisi\u00f3n del apagado del pebetero que en la academia de Arkaute homenajeaba a los quince miembros de la Ertzaintza asesinados por ETA. La memoria es una representaci\u00f3n imborrable de lo que debe sobrevivirnos, pero tambi\u00e9n es un s\u00edmbolo. Y los s\u00edmbolos contribuyen a inmortalizar el recuerdo.<\/p>\n<p>Al mundo de ETA se le puede perdonar su sectarismo ideol\u00f3gico, su furia extremista, su pobre bagaje intelectual, su ret\u00f3rica perversa, sus falsificaciones de la realidad, su est\u00e9tica cutre y el matonismo paralelo a la violencia que hemos soportado durante a\u00f1os. Todo esto lo olvidaremos; pero su prolongada crueldad quedar\u00e1 en el registro de la memoria com\u00fan porque, ahora y siempre, ser\u00e1 imperdonable. Asunto diferente es cu\u00e1l debe ser la respuesta sobre los presos, que se inscribe en el proceso de normalizaci\u00f3n democr\u00e1tica despu\u00e9s del cese definitivo del terrorismo. No es f\u00e1cil hacer compatible la memoria contra lo imperdonable y la necesidad objetiva de que las c\u00e1rceles se vac\u00eden paso a paso. El historiador Fran\u00e7ois Guizot sosten\u00eda que \u201ces preciso perdonar mucho para no olvidar nada\u201d, pero esta propuesta contiene cierta contradicci\u00f3n. Olvidar puede ser una infamia moral. Las decisiones est\u00e1n en el \u00e1mbito institucional y en la lucidez de sus l\u00edderes confiamos. Hay muchas actitudes radicales que desactivar, especialmente en lo referente a la politizaci\u00f3n de las v\u00edctimas, una cat\u00e1strofe que ha impedido a gran parte de la ciudadan\u00eda vasca percibirlas como propias.<\/p>\n<p>La memoria contra lo imperdonable no puede ser un relato escrito por las autoridades o sus siervos, ni deber\u00eda quedar, como se pretende, en una instrucci\u00f3n que se imparte en los centros educativos como una asignatura con prop\u00f3sito de adoctrinamiento y retardada conmoci\u00f3n. Es una construcci\u00f3n colectiva que consolida nuestro bagaje \u00e9tico y cuanto prevalece sobre las interpretaciones particulares. Es ahora, finalizada la pesadilla terrorista, cuando nos corresponde salvaguardar las cosas fundamentales, todo lo que queda por encima de la pol\u00edtica y la historia, lo esencial y com\u00fan. Temo que la sociedad vasca opte por olvidar lo imperdonable.<\/p>\n<p><strong>JOS\u00c9 RAM\u00d3N BL\u00c1ZQUEZ<\/strong> Consultor de comunicaci\u00f3n<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La paz trae consigo el debate de la justicia, el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n; pero construir la paz es mucho m\u00e1s complicado que hacer la guerra, por la influencia perturbadora -inevitable- de los sentimientos inmiscuidos en la delicada tarea de reconocer los estragos humanos, cicatrizar heridas y evitar el rebrote del conflicto. 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