{"id":532,"date":"2012-04-21T13:07:59","date_gmt":"2012-04-21T11:07:59","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/?p=532"},"modified":"2012-04-21T13:07:59","modified_gmt":"2012-04-21T11:07:59","slug":"hasta-la-coronilla-de-la-corona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/2012\/04\/21\/hasta-la-coronilla-de-la-corona\/","title":{"rendered":"Hasta la coronilla de la Corona"},"content":{"rendered":"<a href=\"http:\/\/www.youtube.com\/watch?v=Mi3SRawTpWc\">http:\/\/www.youtube.com\/watch?v=Mi3SRawTpWc<\/a>\n<p>La lecci\u00f3n de geograf\u00eda de estos d\u00edas ha sido la de situar a Botsuana en el mapa, con su enorme extensi\u00f3n y su terrible pobreza, en tanto que <strong>la lecci\u00f3n de historia ha consistido en reconocer la certeza de que todo r\u00e9gimen pol\u00edtico artificialmente instalado tiende a su autodestrucci\u00f3n por el lastre de sus excesos y su propia decadencia moral.<\/strong> La monarqu\u00eda espa\u00f1ola ha conseguido sin ayuda de nadie, m\u00e1s all\u00e1 del azar que a veces echa una mano, promover su rechazo social y colmar el vaso del hartazgo por el comportamiento vergonzante e incluso ofensivo de la Corona para con \u00a0el padecimiento de millones de ciudadanos. Ning\u00fan movimiento republicano hab\u00eda hecho m\u00e1s por el descr\u00e9dito del sistema hereditario que Juan Carlos I y su familia con su conducta p\u00fablica y privada que, por fin, se percibe como imperdonable y determina un cambio respecto de la sobreprotecci\u00f3n t\u00e1cita de la que gozaba la monarqu\u00eda desde su reimplantaci\u00f3n forzosa en 1975.<\/p>\n<p>Frente a la profunda repelencia de la sociedad hacia el proceder de la estirpe real, <strong>se alzan los altos poderes del Estado y los principales grupos medi\u00e1ticos para conseguir mediante su influencia que los safaris del rey sean considerados, a lo m\u00e1s, como un error o una inoportunidad que no desmerece ni cuestiona la trayectoria de la monarqu\u00eda.<\/strong> Y nos vuelven a recordar el 23-F, tan oscuro. Tambi\u00e9n en esta maleabilizaci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica el PP y el PSOE, salvo cualitativas excepciones, han hecho causa com\u00fan para salvar a Juan Carlos y sus herederos de la erosi\u00f3n de los \u00faltimos sucesos, hasta el punto de conformar una estrategia de Estado con el objetivo de anecdotizar las \u00faltimas actuaciones borb\u00f3nicas y dejar que su memoria se diluya en el tiempo como cualquier otro cabreo para que se restablezca su reputaci\u00f3n. <strong>Aqu\u00ed, de nuevo, la clase pol\u00edtica espa\u00f1ola se aleja de los ciudadanos<\/strong>, cuyos sentimientos y valoraciones van mucho m\u00e1s all\u00e1 de la levedad y ya perciben que la monarqu\u00eda, por sus hechos, es incompatible con la \u00e9tica democr\u00e1tica.<\/p>\n<p><strong><em>Los tres errores del rey<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>Hay dos clases de errores: los perdonables y los imperdonables.<\/strong> O dicho de otra manera, los que se olvidan y los que se recuerdan, diferencia que depende no solo de la gravedad objetiva de las equivocaciones, sino del momento, circunstancias y da\u00f1os emocionales causados. No hay peor herida que la moral, la que llega al alma. Justamente, los fallos de la monarqu\u00eda han incidido en los sentimientos de la gente, all\u00ed donde no cuentan tanto las razones como las ofensas que calan en lo m\u00e1s hondo de la materia sensible -la dignidad- de los seres humanos.<\/p>\n<p><strong>Los errores del rey entran en la categor\u00eda de lo imperdonable. Y son tres.<\/strong> El primero es esencial y consiste en haber cre\u00eddo que, al margen del tiempo hist\u00f3rico concreto, se puede estar por encima de todo y de todos y que su realidad es ajena al mundo vulgar de las personas corrientes. Solo desde este pensamiento selectivo puede entenderse que un rey se mueva a su antojo con tanta desmesura y descaro.<strong> Irse de cacer\u00eda africana y constituir a su alrededor un entramado de negocios y prebendas econ\u00f3micas son la consecuencia del concepto privilegiado de la monarqu\u00eda,<\/strong> bajo una doble protecci\u00f3n: los d\u00e9ficits democr\u00e1ticos de la Constituci\u00f3n y el estado de ignorancia y artificial informaci\u00f3n al que se ha sometido sistem\u00e1ticamente a la poblaci\u00f3n durante largos a\u00f1os. Resulta que todos los viejos procesos de mentalizaci\u00f3n p\u00fablica se vuelven obsoletos en una o dos generaciones, a la vez que se ven rebasados por los cambios derivados de la evoluci\u00f3n cultural y econ\u00f3mica. E<strong>l Jefe del Estado, encerrado en su burbuja palaciega, permanece inm\u00f3vil en la creencia de que la sociedad es la misma de siempre, servil e ingenua,<\/strong> y que la capacidad de comunicaci\u00f3n global nunca alterar\u00e1 el criterio tradicional sobre la monarqu\u00eda.<\/p>\n<p><strong>El segundo error real ha sido la incoherencia y la flagrante contradicci\u00f3n entre sus palabras y sus hechos<\/strong>, con lo que se ha retratado como un rey hip\u00f3crita y embustero. Pedir sobriedad y vivir en el lujo y su exhibici\u00f3n es una injuria demoledora. Y si frente a los presuntos delitos econ\u00f3micos de su yerno hab\u00eda apelado a la necesidad de una conducta ejemplar, resulta que se ha mostrado como individuo reprochable y desmedido. Sensibilizados por el azote de la corrupci\u00f3n y el despilfarro, la gente no perdona a quien le enga\u00f1a de forma tan obscena y se burla de todos con una conducta que desmiente su discurso oficial.<\/p>\n<p><strong>Y el tercero error injustificable del monarca espa\u00f1ol ha sido la presunci\u00f3n en la venialidad y eventualidad de los sucesos.<\/strong> Juan Carlos no tiene conciencia de la suma gravedad de su conducta africana, adem\u00e1s de que el hecho se suma a los esc\u00e1ndalos de su familia en los que probablemente tiene m\u00e1s responsabilidad de la que hasta ahora conocemos. Hace mal en confiar en que todo esto pase y se olvide para que la monarqu\u00eda no vea amenazado su futuro. De ah\u00ed su r\u00e1pida y poco sincera disculpa p\u00fablica, expresada en once palabras a la salida del hospital. Lo que ha ocurrido es emocional y moralmente muy grave y, a los ojos de cuantas personas admit\u00edan al rey, una demostraci\u00f3n de que quiz\u00e1s ha llegado la hora de rescindir el contrato de alquiler de la jefatura del Estado y que Espa\u00f1a puede vivir sin la carga de una familia ostentosa y fr\u00edvola que nada le aporta excepto bochorno y un presupuesto oneroso que nadie controla.<\/p>\n<p><strong><em>La intimidad como excusa<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Una de las pantallas protectoras de las que se han valido los mon\u00e1rquicos para sacar la cara al rey ha sido la apelaci\u00f3n a su intimidad personal y su derecho a tener unas actividades privadas al margen de la agenda p\u00fablica. Se trata de un pretexto falso, porque no est\u00e1 en cuesti\u00f3n su privacidad (de la que, por cierto, se publican libros esclarecedores y se emiten programas de televisi\u00f3n cada d\u00eda), sino la confusi\u00f3n que \u00e9l mismo ha fabricado entre su representaci\u00f3n institucional y su presunta labor como intermediador comercial con reg\u00edmenes totalitarios, particularmente \u00e1rabes. <strong>No han sido los medios de comunicaci\u00f3n ni las habladur\u00edas populares quienes han fundado este enredo.<\/strong> Ha partido de la familia real la creaci\u00f3n y el sostenimiento impune del embrollo de intereses particulares y p\u00fablicos, con la complicidad de los distintos gobiernos centrales y el parlamento espa\u00f1ol por no haber puesto freno a estas corruptelas y exigido transparencia a las andanzas mon\u00e1rquicas en asuntos de negocios y tr\u00e1fico de influencias.<\/p>\n<p>La actitud defensiva de la Casa Real y los poderes del Estado est\u00e1 siendo clamorosa, como si tuvieran conciencia de que se hubiera desatado sobre el rey una conspiraci\u00f3n que buscase la inmediata cancelaci\u00f3n mon\u00e1rquica o, en el mejor de los casos, una abdicaci\u00f3n de Juan Carlos que patrocina, entre otros, Vocento. <strong>El rey ya era un problema democr\u00e1tico antes de que, por la fuerza autodestructiva de su esencia artificial, expusiera abiertamente su desprestigio.<\/strong> Y mientras no pueda plantearse sin amenazas de desestabilizaci\u00f3n mundial y sin que se reaparezcan los demonios hist\u00f3ricos de Espa\u00f1a una alternativa al modelo sucesorio de la jefatura del Estado, nada ser\u00e1 normal, una anomal\u00eda que se manifiesta cada vez que un dirigente pol\u00edtico declara ser republicano por convicci\u00f3n pero mon\u00e1rquico por necesidad, expresi\u00f3n de una doble cobard\u00eda \u00e9tica: la aceptaci\u00f3n sumisa de una herencia fatal y la primac\u00eda del utilitarismo circunstancial (tambi\u00e9n llamado pragmatismo) frente a la naturaleza renovadora y progresiva que da sentido a la pol\u00edtica. Y as\u00ed, con esas dram\u00e1ticas concesiones, transcurrir\u00e1n las d\u00e9cadas sin que las desverg\u00fcenzas de la monarqu\u00eda menoscaben su continuidad hist\u00f3rica, ocurra lo que ocurra, cacer\u00edas, lujos, fraudes y privilegios<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lecci\u00f3n de geograf\u00eda de estos d\u00edas ha sido la de situar a Botsuana en el mapa, con su enorme extensi\u00f3n y su terrible pobreza, en tanto que la lecci\u00f3n de historia ha consistido en reconocer la certeza de que todo r\u00e9gimen pol\u00edtico artificialmente instalado tiende a su autodestrucci\u00f3n por el lastre de sus excesos &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/2012\/04\/21\/hasta-la-coronilla-de-la-corona\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Hasta la coronilla de la Corona<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-532","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/532","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/users\/46"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=532"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/532\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":535,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/532\/revisions\/535"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=532"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=532"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=532"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}