{"id":913,"date":"2013-04-23T09:35:44","date_gmt":"2013-04-23T07:35:44","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/?p=913"},"modified":"2013-04-23T09:37:51","modified_gmt":"2013-04-23T07:37:51","slug":"averigua-si-eres-teleadicto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/desmarcados\/2013\/04\/23\/averigua-si-eres-teleadicto\/","title":{"rendered":"Averigua si eres teleadicto"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/files\/2013\/04\/revilla-600-285x206.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter  wp-image-914\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/desmarcados\/files\/2013\/04\/revilla-600-285x206.jpg\" alt=\"\" width=\"576\" height=\"415\" \/><\/a><\/p>\n<div class=\"Texto\">\n<p><span class=\"Mayusculas\">\u00abNo<\/span> puedo vivir sin ella\u00bb suena a rom\u00e1ntica declaraci\u00f3n de amor; pero tambi\u00e9n es la confesi\u00f3n de una sumisa dependencia. <strong>Miles de seres humanos est\u00e1n enganchados a la tele, esa arrebatadora amante a la que entregan su mirada y atenci\u00f3n durante m\u00e1s de cuatro horas cada d\u00eda.<\/strong> En marzo pasado los ciudadanos vascos dedicamos a la televisi\u00f3n 249 minutos por jornada, algo menos que los espa\u00f1oles. En efecto, no podemos vivir sin ella. Nadie ha calculado cu\u00e1ntos teleadictos hay entre nosotros; pero estamos ante un problema muy grave que vac\u00eda la existencia de sus v\u00edctimas. <strong>Un consumo televisivo superior a dos horas diarias es letal para la integridad f\u00edsica y emocional, por empacho de virtualidad. Los espectadores piensan que la tele es la realidad, pero solo es su imperfecto suced\u00e1neo.<\/strong><\/p>\n<p>No son los \u00fanicos telefan\u00e1ticos. Hay una minor\u00eda que padece en otro sentido esta patolog\u00eda: son los que no pueden vivir sin formar parte de la tele por insaciable apetito de popularidad. <strong>Basta poseer una personalidad exhibicionista, un car\u00e1cter vanidoso y cierto descaro para ser candidato a la teleadicci\u00f3n.<\/strong> Tr\u00e1gico ejemplo de ello es Bel\u00e9n Esteban, una ignorante chica de barrio que, seducida y pre\u00f1ada por un torero, qued\u00f3 atrapada en la espiral medi\u00e1tica: a la necesidad de un morboso modelo de televisi\u00f3n y la r\u00e1pida fortuna que le ofrec\u00eda, respondi\u00f3 Bel\u00e9n entregando su vida entera al destructivo espect\u00e1culo del impudor y la maledicencia. El impacto de la fama la super\u00f3 y a esta adicci\u00f3n sum\u00f3 el irreprimible consumo de drogas. Hoy es una mujer autodestruida con la siniestra complicidad de Telecinco.<\/p>\n<p>T<strong>ampoco Revilla, el expresidente c\u00e1ntabro, puede vivir sin ella cuando reconoce que goza hasta el delirio con las palmaditas de la gente.<\/strong> \u00bfPueden vivir sin ella Alfonso Rojo, Paco Marhuenda, Montse Su\u00e1rez, Isabel Dur\u00e1n o Hermann Tertsch? Como ninguno de estos y otros perpetuos tertulianos necesitan la menguada paga de la tele, su hiperpresencia es s\u00edntoma de una teleadicci\u00f3n asimilada. <strong>Traspasado cierto umbral ya no hay remedio: la tele mata<\/strong>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u00abNo puedo vivir sin ella\u00bb suena a rom\u00e1ntica declaraci\u00f3n de amor; pero tambi\u00e9n es la confesi\u00f3n de una sumisa dependencia. 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