Kika

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Hoy se ha sumado a nuestro café vespertino una conocida de Patxi. Y digo conocida porque él se ha preocupado de subrayarlo así mientras la colega se iba al baño.La susodicha es, según confesión propia, poeta. Tiene veinte años y es hija de un viejo amigo de mi amigo que se la ha endilgado para que me la pase y con ella sus poemas.Se llama, le llaman, Kika, es alta y desgarbada y viste de negro. Lleva botas altas, cinturón de clavos, pendientes en forma de martillo y media melena rojiza y la otra media pelada al cero.Por lo demás, más allá de pedirse una birra, Kika no ha dejado de dar botes en su asiento mientras yo leía sus versos en el iPad que había traído.

«Mierda, mierda,mierda/teta,culo,pis/¡esto es lo que nos han quitado!», decía uno de sus poemas. «Ese es de mi segunda época» ha comentado cuando se lo he señalado. ¡Caramba, he pensado yo, veinte años y ya tiene varias épocas!De pronto, como si me hubiera leído el pensamiento, me ha lanzado una mirada asesina, me ha quitado el iPad, lo ha cerrado, se ha levantado sin decir ni mu y se ha marchado.

Patxi ha sonreído poniendo cara de circunstancias:» ¡Qué le vamos a hacer!¡Por lo menos yo he cumplido!». «Bueno, le he dicho yo, a lo mejor, en una de sus siguientes épocas  llega a ser una poeta de esas que llaman de culto». Y me he pedido  una birra ( sin alcohol, of course, que mi médico de cabecera dice que parece que bebo mucho en estas crónicas).

Luego me he despedido de Patxi y he vuelto a casa dando un largo paseo. No me podía quitar de la cabeza el enfado de Kika. Ese enfado absoluto, polícromo y vibrante  de los veinte años. Un enfado que , en el fondo ( y  también en la forma) añoro como se añora el primer cigarrillo, la primera borrachera, el primer amor…

«Mierda, mierda,mierda/teta,culo,pis/¡esto es lo que nos han quitado!», he repetido en alto  sin darme cuenta  al llegar al portal, sobresaltando a la señora del cuarto que salía toda maquillada  y perfumada para ir (supongo ) al cine.

 

100 veces 100 ( y la culpa de todo esto la tiene Julio Manegat)

 

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«Escribes tanto que no te puedo seguir» me ha dicho Laura, repitiendo el sonsonete de Mikel y de Patxi. Y puede ser verdad. De hecho, con la que estás leyendo, querido amigo ( y querida amiga, of course) alcanzo el número 100 de entradas en este blog, desde que se inició allá por finales de la primavera.

Repasando estos apuntes, mayormente escritos a vuelapluma tras un paseo o una conversación, me he dado cuenta de que he ido tocando casi todos los palos, procurando que en algún momento  asomara la sonrisa ante el absurdo o  el delirio ( individual o colectivo) y que me lo has agradecido.Y de los personajes que han ido apareciendo ¡qué te voy a decir! Que todos  forman parte de mí mismo, como ocurre, según el psicoanálisis, en los más profundos sueños. Así que aquí  también se podría aplicar  aquello de Flaubert : «Madame Bovary c´est moi» ; salvando, por supuesto ( ¡por supuestísimo! ) , las distancias.

Pero la literatura – que es lo que al cabo pretendo hacer en este pequeño formato – debe generar lo verosímil  lo cual es todavía más difícultoso si se opta por eso que ahora llaman autoficción. De ahí que, de vez en cuando, algún lector o lectora haya comprobado con celo anglosajón  que no había estado donde mis palabras decían o que  donde yo había puesto sol todo era lluvia. En estas maniobras y para que brillen las palabras desde sí mismas,  algún maestro se ha de tener , y el mío ha sido Josep Pla, un a modo de japonés nacido en el  Empordá,  que más allá de ser un anarquista de derechas dio a luz un Calendario sin fecha que es, al cabo lo que este blog quisiera llegar a ser.

En fin, puestas las cartas boca arriba, si a partir de ahora continúas siguiéndome, querido lector, querida lectora, mon semblable, mon frère ( y ma soeur, of course), ten siempre presente que si lo que cuento tiene algo que ver con la realidad, será culpa de la realidad, como decía  con toda seriedad mi tío el novelista Julio Manegat- que fue quien me metió   en estos embrollos desde muy chico.

Mañana dominical

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Subo al 38 y encuentro un sitio. Me siento. Frente a mí una joven negra – no tendrá mucho más de veinte años- lee un libro. Tiene una cabeza armoniosa rematada por un peinado en el que se adivina intuición y tradición. No puedo evitar mirarla una y otra vez. Pienso que si fuera escultor, esculpiría un  busto con detenimiento, que si fuera dibujante, dibujaría sus lineas perfectas hasta cansarme, que si fotógrafo las sesiones serían interminables…Pero me tengo que contentar con narrar este encuentro. Por fin, levanta un poco el libro y puedo leer el título: Deseo rebelde, de Julie Garwood.

Por recomendación de mi  médico de cabecera ( me gusta más  que lo de  «médico de familia») me bajo un par de paradas antes de la que  me tocaría si quisiera ir directamente a casa. La casualidad hace que me tropiece con un par de yankis ( lo deduzco de sus oblongas vocales) que están fotografiando la Casa Montero, uno de los edificios modernistas más singulares de la villa. La pareja esta enfrentada , espalda contra espalda, con la que parece ser su hija, una chica alta y desgarbada que repasa las ofertas de móviles de una tienda al uso.

Continúo caminando. Del Club Deportivo sale un señor ya anciano, algo encorvado, con una bolsa deportiva Fred Perry. En la esquina le espera un joven suramericano, fuerte y sonriente,al que se agarra como si fuera un náufrago.

Cruzo la calle. En el  recinto del cajero automático de un banco, una figura encogida se da media vuelta dentro de un descolorido saco de dormir. A su lado, un perrillo de ojos vivos parece vigilar atentamente la puerta

Levanto la mirada. La Gaviota del Ensanche va hoy bien acompañada. Probablemente la ha contratado el ayuntamiento como como cicerone aereo de gaviotas despistadas.

 

Lehendakaris, mapas del tiempo e historias de una pasión

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No hay nada que cambie más en este país que los mapas del tiempo y las fiestas de guardar, así que, de pronto, nos hemos encontrado con una nueva jornada festiva, el 7 de octubre, en la que se conmemora – ¡ y ya era hora!- el ochenta aniversario de la formación del primer Gobierno Vasco.

He estado siguiendo el acto que se celebraba en Gernika y, la verdad, me ha sobrado la representación del maletín y la máquina de escribir de José Antonio de Aguirre y Lekube- y no digamos ya la del tal en cuanto que tal. Pues a mi parecer- y lo digo como historiador- las representaciones se suelen comer las las cosas de las que se habla sobre todo si lo hacen en una clave dramática.

Pero, en fin, para compensar y aprovechar el día, se nos ha ocurrido ir por la tarde al cine. Hemos ido a ver Historia de una pasión, de Terence Davies,  un film sobre la vida de la poetisa estadounidense Emily Dickinson. El segundo crítico oficial del primer periódico global- que  en ocasiones, como esta, suela firmar  tan sólo con las iniciales-  bajo el título de»El rigor de dos artistas» había publicado una breve columna comentando que era una obra  » con propensión a lo sublime», realizada con un » riguroso aparato formal», dando lugar a una película » austera».

El que avisa no es traidor, dicen, y lo cierto es que íbamos avisados eso sí subliminalmente. A la media hora de proyección el rigor y la austeridad habían adobado tan bien lo sublime ( que como dijo Immanuel Kant, es lo bello que ya resulta aterrador ) que he estado el resto del tiempo esperando que la Dickinson se muriera de una vez – lo cual ha hecho, por cierto entre largos estertores fielmente retransmitidos al cabo de dos horas- mientras escuchábamos  unos diálogos petulantes y pedantes – al menos en la versión en castellano – que cuando se  entendían sin ayuda de la wikipedia no hacían sino escandalizar al montón de viejecitas que, a saber porqué ,habían ido a ver la película – muchas parejas jóvenes habian abandonado la sala   a saltos poco a poco.

A la salida, demudados, hemos estado a punto de pedir que nos devolvieran el importe de las entradas,o mejor, de secuestrar al segundo crítico oficial del periódico global y  leerle su crítica una y otra vez, sin parar, como hacía Nanni Moretti en Caro diario.

Y es que las representaciones se comen las cosas de las que se habla – oiga, no digo que se coman » la verdad » ¿eh?…que todavía me queda una retranca estructuralista – sobre todo si se «ejecutan» en clave dramática.

Conversación bajo la Grúa Carola

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Como Mikel se queja de la cadera – van pasando los años- nos hemos sentado en un banco frente a  la ría, bajo la protección de la grúa Carola.

Mientras contemplamos el ir y venir de las gaviotas, Mikel recuerda- como siempre – los años ochenta y los enfrentamientos que al final terminaron con el cierre de los astilleros Euskalduna. Curiosamente no le gusta nada, pero nada de nada – dice – el llamado «cine comprometido», ese que refleja la impunidad  de la corrupción generalizada de los gobiernos occidentales o que pretende hablar de la clase obrera ( en este punto cita Los lunes al sol como ejemplo. Le parece que lo que se presenta como denuncia no hace sino asentar  el temor de los ciudadanos pues  la mayor parte del común recibe toda esta exhibición de poder  como un peso irremediable, ineludible y definitorio, y la conclusión es clara:  no hay  nada que hacer, salvo, eso, sí, regodearse en la mera exhibición. Y además le parece inmoral que muchos artistas hagan carrera alternativa  a base de denuncias (desde Sean Penn a Javier Bardem) que  se pueden leer perfectamente en las revistas del corazón junto con sus avatares amorosos y/o familiares.

Yo le escucho atentamente, pues sé que le gusta que lo haga y ya no le quedan muchos amigos vivos entre las balas, los infartos, el cancer, y el SIDA.

«Probablemente el cine, para ser efectivo debería tomar otro rumbo y dirigirse más a las conciencias  a medio plazo, como hizo Visconti con El Gatopardo», apuntala mientras me toma del brazo y me señala el camino de vuelta. Miro hacia arriba. La Gaviota del Ensanche nos contempla inmóvil, como si estuviera disecada, muy blanca, desde la punta vermellón de la grúa Carola.

Laura y el Label One

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Mientras paseamos por las calles de Casco Viejo, Laura (revisitada) me cuenta sus avatares como madre.Estaba empeñada en que su hija  pre-adolescente fuera a esquiar con algunas amigas y se había enterado de que en la Diputación se ofrecía un servicio de Deporte Escolar.

Me ha estado comentado el proceso y al paso, hemos recorrido varias veces la calle Correo de arriba abajo. Y es que no era para menos. Resulta que : 1º Hay que entrar en la página web de dicho servicio; 2º Es preciso rellenar unos datos  paterno -materno-filiales; 3º Hay que adjuntar  un .pdf con  un DNI de los progenitotres; 4º Enviada esta información , hay que esperar la recepción de una clave  en el correo electrónico; 5º Una vez llegada la clave hay que activarla desde el correo electrónico;6º A continuación hay que volver a la página del servicio e introducir la clave; 7º Entonces , al parecer, se abre una nueva ventana donde hay que  buscar la práctica deportiva que se desea;8º una vez elegida hay que indicar las fechas en las que se quiere realizar dicha práctica y reenviar de nuevo la información; 9º Por último se recibe una notificación indicando que se entra en el sorteo de las plazas disponibles. ( En fin , creo que no me he olvidado de nada.

A Laura que es una chica lista y con un doctorado le ha costado un tanto seguir el curso del procedimiento y, sobre todo, comprender su lógica. La única explicación es una variante disuasoria  pues  todo ello supone que se sabe utilizar un ordenador, que se sabe subir un .pdf,  así como disponer de correo electrónico y moverse con soltura en  el mundo de las claves. «¿Y ya me dirás cuanto padres o madres normalitos  saben hacer todo eso?»

Yo en este punto  ni quito ni pongo rey. Los procedimientos tecnocráticos  de la democracia son los que engatusan  el mismo acceso democrático… Y todos nos vamos volviendo cada vez  más administrativos y menos lo que sea. Así me ocurre también a mi en la Universidad en la que , desde los planes de Bolonia y con la polución de labeles, hay que estar más atento al registro de la actividad  docente que a la actividad docente misma.

Quizás los políticos  que mandan en las instituciones no tengan conciencia de que los servicios que ofertan ( docentes, deportivos…) son tamizados, en muchas ocasiones hasta el absurdo, por la implantación de proyectos de  calidad encargados a  empresas concesionarias que les ofrecen , a cambio de  una buena retribución, un  bonito «informe final».

(Por cierto, Laura ha decidido que ella misma llevará a su hija y a sus amigas a esquiar, no vaya a ser que, después de todo no haya plazas)

JA ( Festival Internacional de literatura y arte con humor) y JO!

 

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Cambio de tercio. De las formalidades académicas a las lides de la literatura. Se celebra en Bilbao el JA 2016 ( Festival Internacional de literatura y arte con humor) y acabo de salir con Patxi de una mesa redonda varios minutos antes de que finalizara porque no paraba de dar saltitos en su asiento (  me ha llegado a decir que quería tirar un zapato para ver si alguien, por fin, se reía.

Este Patxi, siempre tan recalcitrante, no ha podido «soportar  el ejercicio de ombliguismo de esos pazguatos: un travesti disfrazado de joven promesa,un ama de casa con pretensiones y un tío al que de puro soso apenas se le oía». Ahora se está tranquilizando en nuestra sempiterna terraza del  Periflú, pero me da que todavía le va a costar volver a la normalidad cardíaca.  » ¡Joder! ¡Y encima había gente tomando apuntes!» – estalla de nuevo. «Serán estudiantes a lo que les han prometido algún crédito»- digo yo para aportar un poco de  sentido. » ¡Venga ya!¡ Había algunos bien  talluditos». Se me ha ocurrido responder que a lo mejor eran procedentes del Curso de Acceso de  mayores de  45 años- último intento de nuestras universidades por abrir «nuevos nichos de alumnado» ( ¡Caramba , cómo suena lo de «nichos»!)- pero he decidido pedir otro par de gin-tonics.

Lo cierto es que veníamos un poco mal encarados, pues habíamos dado nuestra vuelta habitual de librerías y habíamos encontrado un sinnúmero de ediciones de autor, de libros que no resisten la lectura de las primeras páginas, llenas de detectives, catedrales, recuerdos de la infancia y amores imposibles. “Bloques de puro deseo” que diría Barthes – ha aseverado premonitariamente Patxi. Probablemente  algo de todo esto ha ocurrido siempre. En los viejos tiempos pagaban los mecenas, desde el siglo XIX  los libreros y los editores ateniéndose a las perspectivas de ventas, y en nuestro siglo, siglo autista por excelencia, los propios autores… Bueno los dos gin-tonics ya están bien – muy bien –  preparados.

Mi próximo objetivo táctico es convencer al colega para que al menos volvamos al JA para asistir a la entrega del Premio BBK Ja! Bilbao 2016 a ese monstruo del humor que es John Cleese. ¡Todo sea por la Monty Python!

Breve reflexión desde Burdeos, esperando a Jean – Claude y a Jokin

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Burdeos- Bourdeaux- Bordele está ya a un tiro de piedra, y siempre me gusta venir y dar un buen paseo por las orillas  del Garona. Y más si  es para encontrarme con viejos y buenos amigos, con los que alternamos el francés y , por lo general, ese labortano tan pegadizo que , a la vuelta, tanto sorprende a mis chicas.

La excusa ha sido, una vez más, una tesis doctoral de esas que aquí llaman de «tercer ciclo», que sirve para comenzar la vida univesitaria, pues  la verdadera, la definitiva, la aportación casi testamentaria,sólo se consigue al final, con un Doctorat d´Etat ( una buena pista por cierto para repensar esas interpretaciones cicateras que, pasada la muga, se hacen de los «planes de Bolonia»).

El acto se celebró ayer por la tarde, y ahora estoy en la Plaza Gambetta esperando a que vengan Jean-Claude y Jokin. Probablemente luego  bajaremos por la Rue de la Porte Dijeaux, verdaderas ramblas de Bx, por mucho que la fama se la lleve la Rue de Sainte Catherine.

Ayer me prometieron que me llevarían a comer un buen chateaubriand   regado con un clairet que para mí supera y con mucho a todos los muy famosos tintos de la zona. Después, iremos dando una vuelta hasta el Musée du Vin et du Negoce, en el centro del barrio de Chartrons, y  ,por fin , haremos nuestra visita ritual a la estatua de Montaigne – montaignistas que somos los tres- de la plaza de Quinconces, y me tocará volver.

Abro Le Monde y me doy cuenta de que la » crisis institucional de España» esta diluída en letra pequeña entre grandes titulares sobre la guerra de Siria, el referendum sobre el la paz en Colombia y el debate  que mantuvieron Donald Trump y Hillary Clinton.

Lo cierto es que leo muy cómodamente en francés – dice Jean Claude que las lenguas de los vascos son el euskera, el castellano y el francés. No sé…En la época de mi padre la lengua de intercambio cultural era el alemán, para mí lo ha sido el francés, ahora parece que es el inglés…¿Cuál será dentro de unos años? ¿El chino-mandarín? ¿El árabe?¿Dónde se quedará el euskera?

Eso  sólo lo sabrán nuestros hijos y nuestros nietos, cuando nosotros, como decía mi abuelo Vicente,  estemos ya «criando malvas».

Cosas que ocurren cuando bebes el beaujolais nouveau

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A Paco había que ir a buscarle a la puerta de la Bibliothèque Nationale, porque todavía pensaba que le podían secuestrar ( decía que los del GAL, ¿una de esas «cosas» que, al decir de Felipe González se hicieron en el País Vasco?). Pero luego siempre me compensaba con una buena  cena y una copa de calvados  en Les deux Magots.

Una vez más  eran los años ochenta y habíamos ido a un Congreso a Paris. Un congreso sobre lenguas minorizadas ( «minables» que decía con desenfado Federico Krutwig) en el que Paco presentaba una comunicación que luego llegaría a formar parte de tu tesis doctoral.

Uno de los ponentes con quién Paco tuvo una de las discusiones  más agrias pero más profundas era un catedrático de la Universidad de Pau. Se llamaba Pierre Bidart. De él ya me había hablado , y muy bien, otro catedrático, Jesús Arpal. La cuestión no sólo no llegó a mayores sino que, al terminar, todos nos fuimos juntos a cenar en alegre biribilketa académica ( es lo que tienen los «congresos» de todo tipo, que primero te tiras  piedras y luego los tejos…

Pues bien, al calor de un excelente Beaujolais nouveau, Pierre soltó una exclamación en euskera en medio de su correctísimo francés y yo le respondí en batua para no liar la manta. Entonces comenzó a hablar en un euskera fluido y precioso. Estuvimos charlando un buen rato y lo que más me sorprendió fue que más allá de su vínculo con el mundo de Baigorri- donde había nacido- su euskera no tenía ninguna connotación identitaria, pues se sentía muy, pero que muy francés y muy laico y republicano.

Nos despedimos muy afectuosamente y , desde entonces, siempre que nos encontramos hablábamos directamente en euskera, algo que no podía hacer con Paco que no pasaba  más allá del egun on.

Y de todo esto me he acordado hoy cuando , camino de Burdeos, he visto desde la autopista la desviación hacia la playa de  Bidart.

De combinaciones de trenes

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» Dice Simmon Leys en el prólogo de la traducción de las Analectas de Confucio, que Jorge Luis Borges dejó de leer  una versión de un clásico oriental que decía “Poco le importa al condenado a muerte caminar al borde del precipicio” al comprobar otra versión del mismo texto que apuntaba “Los sirvientes destruyen las obras de arte para no tener que atribuirles sus méritos y defectos”— suelta de pronto Joseba sin inmutarse tras dar un trago largo a su gin-tonic.

Sonrío y bebo un sorbito de té pues esta tarde aguanto de pie gracias al maravilloso ibuprofeno. Estamos en el Barandiarán donostiarra, destino irremediable de todos los navarros en el exilio vascongado y recuerdo aquellas largas discusiones de comienzos de los años ochenta, cuando en Bergara intentábamos ponernos de acuerdo acerca del vocabulario que teníamos que emplear en euskera al hablar de Sociología… Hoy ya todo se ha normalizado gracias a los colegas de UZEI y al aliento de Euskaltzaindia, pero entonces te podías partir la cara defendiendo poterea frente a indarra… Bueno, a mi me pareció bien aceptar aireportua  y no  hegazkin-landa, pero  me quedé con el gusto por urrutizkina frente a telefonoa . No sé, ahora me sale el vizcaíno de Gipuzkoa y estoy tan contento.

¿Te acuerdas, Joseba, de aquello de » Trenen barruko-gonak»?— ¡Cómo no!…En la estación de tren de Zumárraga ¡Combinaciones de trenes! Hau mundua!