{"id":10940,"date":"2019-06-04T08:52:57","date_gmt":"2019-06-04T06:52:57","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/?p=10940"},"modified":"2019-06-04T14:07:05","modified_gmt":"2019-06-04T12:07:05","slug":"sorela-o-la-importancia-de-llamarse-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/2019\/06\/04\/sorela-o-la-importancia-de-llamarse-pedro\/","title":{"rendered":"SORELA ( o la importancia de llamarse Pedro)"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2019\/06\/pedro-sorela-efe.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-10945\" width=\"369\" height=\"201\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2019\/06\/pedro-sorela-efe.jpg 770w, https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2019\/06\/pedro-sorela-efe-580x316.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2019\/06\/pedro-sorela-efe-768x419.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 369px) 100vw, 369px\" \/><figcaption>Pedro Sorela ( 1951-2018)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o muri\u00f3 Pedro Sorela, escritor colombiano afincado en Madrid, novelista ,pero,  sobre todo, periodista.  Nos conocimos hace mucho tiempo y, desde entonces, tuvimos contactos puntuales, el \u00faltimo a ra\u00edz de la publicaci\u00f3n de un libro m\u00edo titulado <em>Aproximaciones a la raz\u00f3n narrativa ( Historia, Novela, Autobiograf\u00eda)<\/em>.A\u00fan as\u00ed, \u00e9l nunca lleg\u00f3 a saber  lo importancia que tuvo en mi adolescencia&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abTen\u00edamos  quince a\u00f1os pero ya sab\u00edamos qui\u00e9n era   Janis Joplin. Nos juntamos  para  hacer teatro bajo el auspicio de algunos frailes y monjas que atisbaban  lo que se escond\u00eda bajo el Concilio Vaticano II. Ensay\u00e1bamos en  un  escenario colegial con mucha precauci\u00f3n y recato: los chicos  intentado  modular unas voces inexpertas, las chicas ocultando su excesivo  desarrollo con  amplios pololos de algod\u00f3n negro. Alguien &#8211; \u00bf qui\u00e9n  ser\u00eda ? &#8211;  puso al frente del grupo a dos universitarios un poco mayores  que nosotros y, encabez\u00e1ndolos, apareci\u00f3 un sudamericano espigado y  disciplinado. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Bajo las atentas miradas de aquella  trinidad comenzaron las improvisaciones. Primero t\u00edmidamente y  despu\u00e9s   entre risas &#8211; casi carcajadas &#8211; fuimos  soltando nuestras manos,  nuestros pies, nuestras voces y , sobre todo, nuestros rostros. Pedro,  el colombiano de ojos vivos y  bigote apurado, decidi\u00f3 al cabo de un  tiempo que ya era hora  de ir montando la obra y , para nuestra  sorpresa, a\u00f1adi\u00f3 que  la tal obra  estaba  hecha  pues no era sino  lo  que deber\u00eda resultar de ordenar tanta improvisaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y nos pusimos a ello quitando de aqu\u00ed  y a\u00f1adiendo de all\u00e1, todo muy en la t\u00f3nica de un hacer teatro de   principios de los setenta. Al resultado le llamamos \u00bb ESO\u00bb , que era un  buen t\u00edtulo, aunque tambi\u00e9n se pod\u00eda haber llamado \u00bb TODO\u00bb<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p><em>Se estren\u00f3 , por fin, la obra y  constituy\u00f3 un campanazo. Frailes y monjas , a\u00fan los vaticanistas, no  acababan de ver en aquello arte alguno  y menos  todav\u00eda tras tantos  meses de ensayo. Alguna monja  m\u00e1s bien trentista y vivaracha s\u00f3lo vio &#8211;  textualmente &#8211; un \u00bb grupo de perros drogadictos revolc\u00e1ndose en el  fango\u00bb. Padres y madres, aunque no entendieron nada &#8211; en realidad no  hab\u00eda nada que entender &#8211; y hubieran preferido ver algo de los hermanos  Quintero, se felicitaron por el simple hecho de ver a sus reto\u00f1os  subidos en un escenario, ya hombrecitos y mujercitas, y aplaudieron a  rabiar. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La obra se represent\u00f3 unas cuantas  veces , casi siempre en  salones de actos  colegiales, y, animados por  el  controvertido \u00e9xito, nos dispusimos a emprender una nueva andadura  teatral. Pero, por lo visto, ya hab\u00eda sido demasiado y ni la negra  provincia que tan bien ha descrito Miguel S\u00e1nchez-Ostiz ni los  vaticanistas estaban dispuestos a hacer otro experimento: \u00bb Ya  continuar\u00e9is cuando llegu\u00e9is a la Universidad\u00bb  nos dijeron  en una  reuni\u00f3n &#8211; todav\u00eda no hab\u00eda asambleas &#8211; cat\u00e1rtica  y definitiva. As\u00ed que   nos disolvimos y cada uno y cada una  retorn\u00f3 a sus estudios y  amistades.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Han pasado muchos a\u00f1os desde que  ocurri\u00f3 todo esto. Un episodio perdido entre otros avatares  tardo-franquistas de una ciudad de provincias. Un episodio que hizo  soplar , por unos meses , un  poco de viento de  fresca libertad sobre  algunas cabezas. Cosas, en fin , para no olvidar\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Qui\u00e9n  crea la noche<\/em>, la novela postuma de  Pedro Sorela , decenas de personajes relatan una parte de su vida dando cuenta de encuentros insospechados y despedidas inesperadas. Como la de aquel encuentro fortuito de 1970&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o muri\u00f3 Pedro Sorela, escritor colombiano afincado en Madrid, novelista ,pero, sobre todo, periodista. Nos conocimos hace mucho tiempo y, desde entonces, tuvimos contactos puntuales, el \u00faltimo a ra\u00edz de la publicaci\u00f3n de un libro m\u00edo titulado Aproximaciones a la raz\u00f3n narrativa ( Historia, Novela, Autobiograf\u00eda).A\u00fan as\u00ed, \u00e9l nunca lleg\u00f3 &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/2019\/06\/04\/sorela-o-la-importancia-de-llamarse-pedro\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">SORELA ( o la importancia de llamarse Pedro)<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":110,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1544],"tags":[],"class_list":["post-10940","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10940","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/users\/110"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10940"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10940\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10954,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10940\/revisions\/10954"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10940"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10940"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10940"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}