{"id":10967,"date":"2019-06-07T12:25:50","date_gmt":"2019-06-07T10:25:50","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/?p=10967"},"modified":"2019-06-07T20:04:52","modified_gmt":"2019-06-07T18:04:52","slug":"erik-el-verde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/2019\/06\/07\/erik-el-verde\/","title":{"rendered":"ERIK ( el verde)"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2019\/06\/Le-Procope-Cafe-Passge-St-Andre.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-10975\" width=\"328\" height=\"246\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Pues s\u00ed, el marido de Nuria,  a fuer de diputado de Los Verdes, es la viva imagen de Erik El Rojo. Ancho como una tanqueta, fuerte como un toro y pelirrojo  como un vikingo a\u00f1oso, habla pausadamente  ante los ojos acaramelados de su mujer y mi amiga. <\/p>\n\n\n\n<p>Nos lleva un quinquenio,  suficiente como para haber participado de joven mao\u00edsta en las barricadas del 68. Pero cinco a\u00f1os eran entonces y son ahora, muchos.  <\/p>\n\n\n\n<p>Como estamos en el Procope,  lugar de conspiraciones primeras, la charla pasa r\u00e1pidamente a una meditaci\u00f3n en alto sobre lo que se pensaba en aquellos a\u00f1os, mientras damos cuenta de una <em>Blanquette de veau traditionnelle .<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl marxismo fue tan s\u00f3lo un instrumento para legitimar y organizar la lucha, una caja de herramientas,  como luego dir\u00eda Michel Foucault,  hoy tenemos otras&#8230;\u00bb.Ni siquiera entro en la discusi\u00f3n, pero nota mi frunce de labios, as\u00ed que contin\u00faa: \u00abEn realidad \u00e9ramos un gran grupo, una generaci\u00f3n que quer\u00eda , como todas, encontrar su lugar en el mundo&#8230;\u00bb Y termina diciendo que no se arrepiente de nada y que ahora es tan <em>verde<\/em> como entonces era \u00absiervo de Stalin\u00bb ( sic), y se r\u00ede: \u00abEra lo que tocaba\u00bb.  <\/p>\n\n\n\n<p>Nuria le coge de la mano en un gesto de amor  pero tambi\u00e9n de profunda afinidad&#8230;\u00a1 Ah, las afinidades electivas! \u00a1Ella tan trotska y \u00e9l tan chino! \u00a1Qui\u00e9n lo iba a decir!<\/p>\n\n\n\n<p>Tras los postres  y ya totalmente afrancesado, continuo bebiendo el excelente <em> Ch\u00e2teau Chanteloiseau<\/em>   que nos han ido sirviendo. Y me atrevo y pregunto: \u00abEntonces,  \u00bfcu\u00e1l es ahora la revoluci\u00f3n pendiente?\u00bb Y Erik El Verde, llam\u00e9moslo as\u00ed de una vez para siempre, me responde cabeceando: \u00abLa revoluci\u00f3n burguesa, por supuesto, pero, eso s\u00ed, hasta sus \u00faltimas consecuencias\u00bb. Y alza su copa, y tambi\u00e9n Nuria, y brindo con ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego , tras despedirme con besos y abrazos &#8211; no s\u00e9 si volveremos a vernos &#8211;   me voy caminando lentamente hacia el hotel, mientras pienso si, de verdad,  esa ser\u00e1 tambi\u00e9n la revoluci\u00f3n pendiente en mis lares habituales&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pues s\u00ed, el marido de Nuria, a fuer de diputado de Los Verdes, es la viva imagen de Erik El Rojo. 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