{"id":25613,"date":"2026-03-22T09:26:41","date_gmt":"2026-03-22T08:26:41","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/?p=25613"},"modified":"2026-03-22T09:26:42","modified_gmt":"2026-03-22T08:26:42","slug":"martes-de-barrio-por-maite-monux","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/2026\/03\/22\/martes-de-barrio-por-maite-monux\/","title":{"rendered":"MARTES DE BARRIO ( por Maite Mo\u00f1ux)"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"940\" height=\"627\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2026\/03\/1000048797-940x627.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-25626\" style=\"aspect-ratio:1.499236122899338;width:426px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2026\/03\/1000048797-940x627.jpg 940w, https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2026\/03\/1000048797-580x387.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2026\/03\/1000048797-150x100.jpg 150w, https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2026\/03\/1000048797-768x512.jpg 768w, https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/files\/2026\/03\/1000048797.jpg 990w\" sizes=\"auto, (max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Maite Mo\u00f1ux, activa participante del Seminario de Escritura Autobiogr\u00e1fica que coordino, me ha hecho llegar este precioso texto que recoge un aspecto singular de la vida cotidiana de barrio, y que reproduzco aqu\u00ed y con mucho gusto<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>MARTES DE BARRIO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl martes siempre llega sin hacer ruido, como si supiera que lo estamos esperando. A veces pienso que el barrio tambi\u00e9n lo sabe. Hay algo en el aire esos d\u00edas, una especie de entusiasmo, inquietud y nerviosismo, como cuando alguien regresa a casa despu\u00e9s de haber estado demasiado tiempo fuera.<br>Durante a\u00f1os me mov\u00ed por otros ambientes m\u00e1s encorsetados, otros c\u00edrculos, otros ritmos. Tediosas reuniones de empresa. Caf\u00e9s donde las conversaciones eran m\u00e1s formales. Siempre trataba con gente seria que parec\u00eda tener prisa por ir a alg\u00fan sitio. No era un mal mundo, pero no era el m\u00edo. Yo cre\u00eda que s\u00ed, me hab\u00eda instalado en \u00e9l y me sent\u00eda a gusto. En realidad era como llevar una chaqueta que te han prestado para una fiesta, pero que nunca llegas a sentirla propia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo, de pronto, casi sin darme cuenta, volv\u00ed al barrio.<br>No fue un plan premeditado, ni una decisi\u00f3n solemne. Todo empez\u00f3 con un encuentro con una amiga de la juventud en una comida de hermandad, un saludo en la calle, una conversaci\u00f3n breve en la panader\u00eda, un \u201c\u00bfte acuerdas de\u2026?\u201d que abri\u00f3 la puerta que estaba cerrada desde hac\u00eda a\u00f1os. Detr\u00e1s de esa puerta estaba todo, las caras conocidas, las voces de siempre, la forma sencilla de entender la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya somos un grupo de doce personas. No siempre estamos todos. Los martes por la tarde nos juntamos para cantar, habaneras y bilbainadas. Nada demasiado formal, un peque\u00f1o ritual que ya forma parte de nuestra semana.<br>Primero en un bar, luego en otro. En concreto dos bares del barrio que parecen hechos para eso. Mesas de madera desgastada, vasos que tintinean suavemente y el murmullo de la gente que se va callando cuando empezamos a entonar las primeras notas.<br>Las habaneras tienen algo de mar. Cuando las cantamos, parece que la voz se mueve como una ola suave, lenta, con ese ritmo que invita a cerrar los ojos por un momento. Luego est\u00e1n las bilbainadas, m\u00e1s nuestras, m\u00e1s de aqu\u00ed, m\u00e1s de calle y de cuadrilla. Se cantan con una sonrisa que empieza t\u00edmida y acaba ilumin\u00e1ndolo todo. Las canciones se repiten cada martes, sin embargo, nunca suenan igual.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo curioso es qui\u00e9nes somos. Est\u00e1 la panadera, que tiene las manos siempre tibias, como si acabara de sacar pan del horno aunque lleve horas fuera del obrador. Cuando canta, lo hace con una voz sorprendentemente firme.<br>El profesor, es el m\u00e1s joven. Al principio parec\u00eda el m\u00e1s serio de todos. Lleg\u00f3 un d\u00eda invitado por una vecina, se sent\u00f3 discretamente en una esquina y durante un rato solo escuch\u00f3. Pero cuando por fin se anim\u00f3 a cantar una bilbainada, result\u00f3 que conoc\u00eda todas las letras, incluso las m\u00e1s antiguas. Coment\u00f3 que hab\u00eda entonado muchas de esas melod\u00edas con su padre, en el <em>txoko<\/em>.<br>Luego est\u00e1 el aparejador, que ten\u00eda un negocio de construcci\u00f3n y es quien ha mejorado y rehabilitado los locales y pisos de medio barrio. Tiene una forma divertida de explicar las cosas y siempre cuenta alguna an\u00e9cdota. Adem\u00e1s de ser mi vecino, es el director del coro, y viene acompa\u00f1ado de su mujer.<br>El administrativo que trabaj\u00f3 en el concesionario de coches donde yo llevaba mi veh\u00edculo a arreglar, tambi\u00e9n custodiado por su mujer. El jubilado que conoce todo el barrio, la mujer que siempre trae caramelos de menta en el bolso, el que llega tarde pero canta m\u00e1s fuerte que nadie, as\u00ed hasta completar la cuadrilla.<\/p>\n\n\n\n<p>No somos extraordinarios. Y tal vez ah\u00ed est\u00e9 la belleza de todo esto. Cuando cantamos juntos ocurre algo curioso. Las voces, que por separado ser\u00edan s\u00f3lo voces normales, se mezclan y crean algo que parece m\u00e1s grande que nosotros. No es un coro perfecto, ni pretendemos serlo. A veces alguien entra antes de tiempo, otra persona se equivoca en la letra, y siempre hay quien se r\u00ede a mitad de la canci\u00f3n, pero nadie se enfada, al contrario, esas peque\u00f1as imperfecciones son parte de lo que nos une.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de cantar llega uno de mis momentos favoritos de la noche, las charlas.<br>Las mesas se llenan de vasos, las sillas se acercan un poco m\u00e1s, y la conversaci\u00f3n empieza a rodar como una pelota que nadie quiere detener. Hablamos de todo, del barrio, de c\u00f3mo ha cambiado la vida, de la actualidad, aunque evitamos los temas pol\u00edticos.<br>El profesor habla de c\u00f3mo piensan y act\u00faan los j\u00f3venes. La panadera cuenta que cada vez hay menos gente que compra pan a diario. El aparejador explica c\u00f3mo las ciudades crecen y cambian de piel. Tambi\u00e9n recordamos a nuestros padres, porque casi todos los conoc\u00edamos.<br>A veces participo, pero otras muchas veces prefiero quedarme observando la escena. Las caras iluminadas por la luz c\u00e1lida del bar, las manos que se mueven al hablar, las risas que estallan sin aviso. Entonces pienso en lo curioso que es todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante a\u00f1os cre\u00ed que avanzar significaba alejarse. Ir a otros sitios, conocer a otras personas, moverse en ambientes distintos. No me arrepiento de haberlo hecho, porque tambi\u00e9n aprend\u00ed mucho all\u00ed fuera. Pero ahora entiendo algo que antes no ve\u00eda, la esencia no se pierde del todo. Puede quedarse dormida, escondida bajo capas de tiempo, de experiencias nuevas, de caminos distintos, pero sigue ah\u00ed, esperando. Y un d\u00eda, casi sin avisar, vuelve.<br>Eso es lo que siento cada martes cuando caminamos de un bar a otro entre canci\u00f3n y canci\u00f3n. Las calles del barrio parecen mirarnos con complicidad, como si dijeran: \u201cYa era hora\u201d. Yo sonr\u00edo, porque s\u00e9 que es verdad.<br>He vuelto a encontrar ese sabor que nunca deb\u00eda haber perdido. El sabor de lo cercano, de lo sencillo, de las personas que no necesitan aparentar nada. He vuelto al barrio.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando salimos del segundo bar, la noche suele estar ya tranquila. Algunos se despiden en la esquina, otros siguen caminando juntos un rato m\u00e1s. Siempre hay alguien que dice:<br>-El martes que viene, \u00bfno?<br>Y todos respondemos casi al mismo tiempo.<br>-Claro.<br>Porque ahora sabemos que esos martes no son s\u00f3lo una costumbre, son una peque\u00f1a forma de volver a casa\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>(c) Maite Mo\u00f1ux<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maite Mo\u00f1ux, activa participante del Seminario de Escritura Autobiogr\u00e1fica que coordino, me ha hecho llegar este precioso texto que recoge un aspecto singular de la vida cotidiana de barrio, y que reproduzco aqu\u00ed y con mucho gusto: MARTES DE BARRIO \u00abEl martes siempre llega sin hacer ruido, como si supiera que lo estamos esperando. 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