{"id":2621,"date":"2017-02-20T08:20:29","date_gmt":"2017-02-20T07:20:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/el-paseante\/?p=2621"},"modified":"2017-02-20T12:55:24","modified_gmt":"2017-02-20T11:55:24","slug":"edith-wharton-y-el-arte-de-conversar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/el-paseante\/2017\/02\/20\/edith-wharton-y-el-arte-de-conversar\/","title":{"rendered":"Edith Wharton y el arte de conversar"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/el-paseante\/files\/2017\/02\/4-tertulia-de-mujeres-abc-1916.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-2632\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/el-paseante\/files\/2017\/02\/4-tertulia-de-mujeres-abc-1916.jpg\" alt=\"4 tertulia de mujeres abc 1916\" width=\"564\" height=\"352\" \/><\/a><\/p>\n<p>En sus interesantes memorias &#8211; tituladas <em>Una mirada atr\u00e1s &#8211;<\/em>la escritora norteamericana Edith Wharton comenta en numerosas ocasiones el gran placer que le produc\u00edan \u00a0las largas conversaciones con sus amigos ( m\u00e1s) y amigas (menos), incluso con quienes se mostraban tan pesados por irrefrenables o laber\u00ednticos como Henry James. As\u00ed, llega a decir: \u00abUna buena conversaci\u00f3n\u00a0 parece penetrar en mi mente\u00a0 con una fuerza nutritiva gradual que a veces no descubro sino mucho tiempo despu\u00e9s: se infiltra en m\u00ed como una energ\u00eda, como una influencia, encierra mi universo en una c\u00fapula de vidrio multicolor de la que no puedo esperar sino unos pocos fragmentos mientras se est\u00e1 levantando en torno a m\u00ed \u00ab.<\/p>\n<p>Es este de la conversaci\u00f3n un arte &#8211; una aut\u00e9ntica <em>tekn\u00e9<\/em>&#8211; que en nuestros d\u00edas est\u00e1 desapareciendo o, cuanto menos, transform\u00e1ndose de tal manera que se ha vuelto irreconocible.<\/p>\n<p>Pues la charla entre los amigos y amigas ha solido precisar de un margen temporal y espacial que implicaba lugares y duraciones espec\u00edficas. Pero ahora , por ejemplo, los bares y caf\u00e9s que en\u00a0 su momento supusieron la democratizaci\u00f3n del <em>recibir<\/em> aristocr\u00e1tico, se han convertido en centros de mero consumo, en los que est\u00e1 mal visto &#8211; en sentido literal- la tertulia prolongada.Y, por otro lado, la inmediatez en la que se vive habitualmente conlleva un ritmo trepidante que resulta an\u00e1logo al de los<em> tweets<\/em> y los <em>whatsapps<\/em> que se env\u00edan y reciben, sin que lleguen a ser, como afirma Sherry Turkle ( <em>Reclaiming Conversation:The Power of Talk in a Digital Age <\/em>) verdaderas conversaciones, al menos como hasta ahora \u00a0las hab\u00edamos entendido.<\/p>\n<p>Probablemente estamos iniciando un profundo cambio en nuestras maneras de relacionarnos. La misma Edith Wharton, nacida en 1862, saludaba con mucha alegr\u00eda la llegada del autom\u00f3vil, aun siendo apasionada de los paseos y los caballos. Esperemos que esta nueva era digital en la que comenzamos a vivir\u00a0 nos depare nuevas formas de tener verdaderas conversaciones, conversaciones que impliquen hablar y escuchar sin deseo de convencer y que hagan , como dec\u00eda Baltasar Graci\u00e1n, \u00abdel amigo un \u00a0maestro\u00bb&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En sus interesantes memorias &#8211; tituladas Una mirada atr\u00e1s &#8211;la escritora norteamericana Edith Wharton comenta en numerosas ocasiones el gran placer que le produc\u00edan \u00a0las largas conversaciones con sus amigos ( m\u00e1s) y amigas (menos), incluso con quienes se mostraban tan pesados por irrefrenables o laber\u00ednticos como Henry James. 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