Bob el malo

http://www.youtube.com/watch?v=e2Vg8zBHEWkBob Esponja es peligroso para los niños. Afecta a su atención, los desconcentra y puede acarrearles problemas en su proceso de aprendizaje. No lo digo yo. Son los resultados de un trabajo de investigación efectuado en una universidad estadounidense, que concluye que la que probablemente sea la serie de animación más popular del mundo no conviene a los niños y niñas de 4 años.

Bob Esponja, además de vivir en una piña en el fondo del mar, es el espacio con más audiencia de ClanTV. En el mes de agosto fue seguido por una media de 536.000 espectadores en el conjunto de España, el 5,6% de share. Casi nada -tengan en cuenta que el estos días tan comentado Vaya Semanita tuvo la semana pasada un 9,2% de cuota de pantalla equivalente a 69.000 personas-. Bob reina con solvencia en todas aquellas casas en las que niños y niñas imponen su ley. Y extiende su reinado a camisetas, carteras, manguitos para aprender a nadar, bollos de chocolate o cualquier otro producto susceptible de ser obsequiado a un niño para obtener su cariño, su silencio o su obediencia. Y eso ocurre en todos los países en los que se emite.

Probablemente la infancia constituye el sector social más vulnerable ante la industria de la cultura, que diseña un icono, lo lanza y lo explota allí donde sea posible con el -no censurable- objetivo de hacer negocio. La globalización también era eso. Como serie, Bob Esponja funciona de escaparate, y es cierto que es rápida, frenética, y escandalosa. Pero no menos que otras, igualmente productos de su tiempo. No nos engañemos; David el Gnomo también nos aburriría a nosotros si hoy la viésemos desprovistos de las gafas de la nostalgia.

El experimento afirma que al comparar el rendimiento y la respuesta a pruebas comunes de impulsividad y función mental de un grupo de niños que vieron la serie con los de otros que no la vieron, hay diferencias sustanciales. La respuesta de Nickelodeon, la cadena original de Bob, ha sido rauda y veloz. Dicen que la serie no está destinada a niños de 4 años, sino a la franja entre 6 y 11 años, y cuestionan la metodología de la investigación, que analizaba la respuesta de los de 4, no la de los de 11. Sin embargo, ningún filtro mágico discrimina qué tipo de dibujos pueden ver los niños en función de su edad: los padres y madres están acostumbrados a considerar zona franca y segura la animación infantil, y las cadenas de televisión la suelen emitir sin valorar demasiado franjas de edad, calidad artística o variedad.

Esa es una de las ideas que más suelen aparecer cuando se analiza la programación infantil. Esa, y la de que existe una sobreproducción de ficción que margina otro tipo de géneros que también podrían ser oportunos para estimular la mente de los pequeños. Quizá este estudio haya dado en el clavo: de puro y deliberadamente alarmista, ha conseguido a nivel planetario que, al menos, nos paremos a pensar que ni todos los niños son iguales, ni todos los contenidos televisivos tienen por qué dirigirse a todos ellos. Ahora sólo falta comprobar si el bueno de Bobby le sienta bien al suyo…

3 comentarios sobre “Bob el malo”

  1. Leído en otro medio:

    — El estudio no aclara si los efectos observados son transitorios o permanentes. Se ha limitado a analizar a un grupo de niños y niñas inmediatamente después de ver un fragmento de nueve minutos de Bob Esponja, y a compararlos con niños que habían visto un fragmento de Caillou o que habían estado dibujando.

    Se les hicieron tres tests para evaluar su rendimiento cognitivo. Por ejemplo, se les dijeron series de números (tres, cinco, ocho) y los niños debían repetirlas al revés (ocho, cinco, tres). En todos los tests, «los niños que habían visto Bob Esponja obtuvieron la mitad de puntuación que los otros»

    Después se les hizo un cuarto test para evaluar su capacidad de retrasar una gratificación. Se les dejó solos en una habitación con dos platos con chuches y una pequeña campana. Se les dijo que, si tocaban la campana, vendría un adulto y podrían comer dos chuches. Pero si esperaban a que el adulto volviera sin tocar la campana, podrían comer diez. De nuevo, los niños que habían mirado Bob Esponja se mostraron más impacientes e impulsivos que los otros… —

    Así que el estudio demuestra que una serie frenética como Bob Esponja satura la capacidad de atención de los niños… además de mostrarles conductas trasgresoras… me lo creo.

    Lo curioso es que si repitieran esas mismas pruebas sustituido a los niños que vieron la serie en cuestión por otros recién levantados de la siesta seguro que podrían afirmar siguiendo la misma lógica que el dormir degenera la capacidad mental de los niños hasta el punto de convertirlos en auténticos zombis.

    Seguro que hay mejores series para un niño de cuatro años pero de ahí a considerarla como «peligrosa» va un trecho.

    Un saludo

  2. Ahí iba,

    Estoy segura de que el objetivo último de la investigación, más allá de su planteamiento metodológico, era el de dirigir el foco hacia la relación que los niños y niñas deberían tener con la televisión. O con la siesta. No vale con considerarlos apropiados para ellos de manera genérica, sino observar cómo los afecta de manera particular.

    Supongo que has advertido la distancia con la que valoro los resultados de la investigación que tú describes.

    Un saludo, y gracias por pasarte por aquí.

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