Frankie goes to Hollywood

Ayer volvía a asomarse a la pantalla de Cuatro ese payaso de la gorra blanca que en la cadena progre bautizaron como Frank de la Jungla tan pronto como lo conocieron, por casualidad, grabando un Callejeros cualquiera. Cuatro no tiene suerte o no termina de acertar con la franja que sigue a su informativo, pero no puede adelantar ninguno de sus programas de prime time “de éxito” -léase Uno para ganar, ayer mismo- porque a esas horas la parroquia todavía está viendo las noticias en algún canal serio. Así que mientras tanto ofrece contenidos low cost que no acaban de enganchar a la audiencia, como el efímero Las noticias de las dos, programa informativo-humorístico que ha durado menos en pantalla que los malhadados entrenadores de la época mítica de Jesús Gil.

Mientras decide con qué sorprender a esas horas al espectador, Cuatro nos va a colar las repeticiones de este pretendido Indiana Jones de León, que por de pronto ayer ya consiguió un 5,1% de share y más de un millón de espectadores. Muchos de los cuales probablemente no tengan decidido si el programa les gusta un poco, no les gusta nada de nada o todo lo contrario. Es indudable que las dos temporadas grabadas hasta la fecha han convertido a un tipo extremo de dudoso equilibrio en un personaje popular -oigan, 8,4% de cuota de pantalla como media a lo largo de la segunda-. Además, Frank Cuesta será coronado mañana y llegará a su Hollywood particular cuando el programa que protagoniza recoja su Premio Ondas a la Innovación, lo cual, si bien tiene un mérito relativo, contribuye a dar lustre a un proyecto discutible.

Los capítulos, desordenados, inconexos, incoherentes, falseados de Frank de la Junga nos muestran al héroe definitivo moviéndose como pez en el agua por selvas y florestas asiáticas por las que, por lo visto, pululan desde peligrosas víboras hasta pequeños anfibios en peligro de extinción. Todos los conoce, todos los controla Frankie, con un “rigor científico” que supongo que hará temblar a cualquier zoólogo sensible, y que parece querer poner de manifiesto que donde esté el conocimiento del terreno, la testosterona y la acción a mansalva que se quite la observación cauta y prudente. Entre exabruptos y palabras gruesas, Frank hace alarde de defensor de los animales y campaña en contra de la explotación de especies endémicas y en contra de quienes las aniquilan para su propio beneficio. Pero también le hemos visto agarrar serpientes, aplastar arañas y [Enlace roto.]– pequeños mamíferos para mostrar nada que no sea su dominio de la situación. Y ese formato de falso documental a lo Blair Witch Project basado en la espectacularidad de una personalidad límite, más que acercarnos a la fauna más insólita del planeta lo que hace es alentar los miedos a lo natural del común de los mortales, para mayor gloria de un grupo de insensatos. Y de una cadena deseosa de [Enlace roto.] a su friqui-descubrimiento tanto como sea posible. Que se relajen

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