Sálvame se salva

Sálvame es criticable desde muchos puntos de vista. Pero estos días me ha sorprendido ¿para bien? el enfoque con el que está retratando la “crisis del elefante”. Buena parte de los medios de comunicación convencionales han intentado apaciguar, calmar, retener, e informar con mesura y condescendencia sobre los reales incidentes. Lo más “incendiario” que he visto en televisión ha sido una triste imitación de Froilán en el estreno del programa de Buenafuente en la noche del domingo. Y a estas alturas, el chiste del Frigopie con el que terminaba el sketch ya está más que desgastado a base de compartirse en Facebook. Pero Sálvame ha aplicado a los borbones la misma medicina que reparte, a turnos, a los jurados, los pantojas o los dúrcales.

Con las disculpas que el campechano pidió ayer, parte de la prensa española da casi por zanjado el asunto. Pero a pie de calle no hay tanta indulgencia. Y no me refiero únicamente al cuestionamiento de la caza del elefante a través de montajes de Photoshop, sino a un estado de opinión cada vez más contrario a la monarquía como institución anacrónica y antidemocrática. Recuerde lo que pensó usted cuando se enteró del accidente del nieto del rey, que a sus 13 años jugaba con una escopeta en la finca familiar como cualquier otro niño, o en cómo se recibe la noticia de que [Enlace roto.] –y el 100% de los del rey, como acertadamente se apuntaba ayer en Twitter-.

Los estudios sociológicos dan cuenta del despeñamiento en la opinión pública de la monarquía, y el velo opaco que durante décadas ha arropado amorosa y complacientemente las actividades de una familia nada ejemplar ya no consigue contener a la ciudadanía. Hace meses que Urdangarin se pone a caldo en los bares, y días que el apellido de Corinna se intenta pronunciar en las sobremesas. Lo sorprendente es que todavía haya espacios de televisión que intenten salpicar de almíbar algunas informaciones. Quizá por eso el colmillo largamente afilado de los colaboradores de Sálvame reluzca más todavía, ajustándose astuto a lo que es probable que los espectadores quieren ver convertido en carne de hiena. Y oigan, tiene su gracia asistir -les aseguro que sin pizca de Síndrome de Estocolmo- a discursos que casi reclaman el advenimiento de la tercera república de la misma boca que el mes pasado sabía, de muy buena fuente, que fulanito se enrolló con fulanita en el Rocío de 2003. Si fuman, beben, son infieles; si roban, mienten y encima son pasto de Sálvame, ¿qué les queda ya a los borbones?

Actualización: El Jueves ha tenido acceso a la filtración del verdadero discurso de “perdón” que preparaba el monarca. Aquí.

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