Piratas televisivos

La noticia saltó ayer: el guionista Toni Betrán denunciaba que Stamos Okupa2, la serie que estrenó TVE1 el pasado viernes, es un plagio. Cuenta Betrán que hace varios años se paseó por varias cadenas con su compañero, llevando bajo el brazo el germen desarrollado de lo que pensaban que podría ser una buena historia para televisión. De todas ellas obtuvieron la callada por respuesta. Nadie compró la idea, nadie les comunicó su interés por hacerla realidad. De modo que ahora que TVE comienza a emitir la serie, sienten que su proyecto ha sido vilmente fusilado. Les recomiendo que accedan al relato en primera persona que Toni Betrán ha colgado en Bloguionistas, porque no tiene desperdicio. En especial, el rocambolesco pasaje en el Jefe de Ficción de TVE, sin saber con quién está hablando, intenta convencer a su interlocutor de que la idea original para la serie es fruto de su propio ingenio.

No hablemos del resultado final del producto, no sé si mejor o peor que la idea en origen. Hablemos del respeto al trabajo de creación. De la gestión y recompensa de la imaginación. De la monetarización del esfuerzo intelectual. Y comprobemos cómo en más ocasiones de las aceptables ese respeto se esfuma.

Si la idea originalmente presentada por Toni Beltrán, que bautizaron Casa Okupa, no está registrada de manera oficial, puede resultar complicado demostrar la paternidad. Aquí no hay prueba de ADN que valga. Sin embargo, esta denuncia resulta bastante sintomática porque ha abierto la espita de una insatisfacción compartida por el colectivo de los creadores audiovisuales, a menudo indefensos ante el limbo de la burocracia, el papeleo, la indefinición -¿qué diferencia a un homenaje de una copia?-, o el chuleo descarado.

La sensación generalizada de que el trabajo creativo proporcionará beneficios no tanto a quien lo desarrolla sino a quien lo puede explotar se extiende como una capa de bruma. Y tiene que ver tanto con esos concursos o llamamientos en los que se invita a monologistas en ciernes a enviar sus chistes -”mándales algo, hijo, que tú eres muy gracioso, e igual te contratan”-, como con abusos mucho más claramente denunciables ante un tribunal.

Como muestra, recuerden ustedes un botón bien claro que conocimos este verano y que salpica de lleno a Vértice 360º, productora [Enlace roto.]. Daniel Landa, José Luis Feliú y Alfonso Negrón emplearon dos años en dar la vuelta al mundo y contarlo en un -por cierto, fantástico- programa que se llamaba Un mundo aparte. Para la explotación del programa firmaron un acuerdo con el grupo Vértice 360º cediendo parte de sus derechos a cambio de participar de la explotación de la serie en todas aquellas cadenas en las que se llegara a emitir. Pero nadie les llegó a comunicar que su programa había sido vendido a Planeta, a National Geographic y a TVE -donde tuve la oportunidad de seguirlo viernes a viernes en La2-. Así, Vértice 360º, pez grande, pretendía ahorrarse el correspondiente pago a los peces pequeños.

Dani Landa manifestó su intención de ir hasta el final en este asunto y con un contrato firmado en la mano, tiene las de ganar. Ojalá pudiera decirse lo mismo en el resto de ocasiones en las que los intermediarios piratas, sean productoras o directivos, se aprovechan del trabajo creativo de quienes viven de generar contenidos para la televisión. Si nos parece reprochable el abuso de los intermediarios en la compra-venta de los tomates que llegan al mercado, también deberíamos preocuparnos que los creadores vean reconocido, remunerado, su trabajo.

2 comentarios en «Piratas televisivos»

  1. Eso de «hijo, mándales un chiste» que mencionas, lo hacen en una conocida red de blogs, hipertextual. Cuando buscan editores, te piden tres posts a modo de ejemplo, a ver como escribes. Evidentemente, los pueden usar si quieres, tanto el post como la idea en si. «Si no le gusta la idea, no aplique», me dijo el dueño de la red cuando me quejé.

    http://www.series-de-tv.es/

  2. Pues eso da otra idea más de en qué modo se menosprecia -se menospaga- el trabajo de creación. No digo que se minusvalore, porque es evidente que se valora, pero hay ocasiones en los que no se quiere remunerar.

    Un saludo, Igor.

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