Los toros vuelven a TVE

Un toque de clarines me ha sacado del sopor estival. RTVE anunciaba ayer en una nota de prensa que el 1 de septiembre retransmitirá una corrida de toros desde Mérida y en horario infantil. Lo del horario infantil no lo ha dicho, pero ya se lo recuerdo yo misma. Es la segunda vez que lo hace –la primera fue el septiembre pasado, desde Valladolid-  tras haber asumido hace siete años que los festejos taurinos no cuadraban con lo que decía su manual de estilo respecto a la violencia ejercida contra los animales. Algunas cosas han cambiado desde entonces.

El segundo respingo llegó cuando escuché a Marta Jaumandreu, el rostro amable del Telediario de las 9, leyendo en voz alta esa nota que afirma sin rubor que la retransmisión “se enmarca dentro de la filosofía de la Corporación de RTVE de tratar con naturalidad la Fiesta Nacional en atención a la dimensión cultural, económica y social en España”. Porque lo natural siempre es mejor, hay quien debe pensar.

Personalmente, creo que es un nuevo gol que anotar en el marcador de la Mesa del Toro, lobby por antonomasia sobre el que, de hecho, hablamos en clase porque a base de mano izquierda, notas de prensa y supuesta buena voluntad, reuniones con quien hay que reunirse y componendas está contribuyendo a que la industria de la tauromaquia no acabe por desplomarse por sí misma.

De hecho, como ya ocurrió en Valladolid, quizá haya que tener en cuenta que ni los toreros ni la ganadería ni el empresario verán un duro en concepto de los derechos de difusión de la corrida. Cero. TVE sólo paga el despliegue técnico. Y pone la voluntad para participar en este ejercicio de Relaciones Públicas -retransmisión y promoción en máxima audiencia- al servicio de un paciente que muere por sí solo. Un enfermo terminal que, superada la fase del rechazo, provoca ya sobre todo indiferencia. E indignación en tanto que negocio subvencionado.

Quizá la corrida de Mérida sirva para comprobar lo que afirman las malas lenguas: que para transmitir lo que ocurre en los tendidos hay que recurrir a planos cortos para evitar el bochorno de ver una plaza semivacía o semiocupada a base de invitaciones y convidados que igual lucirían en la «Fiesta Nacional» que en cualquier otro escaparate.

Por cierto, sean ustedes bienhallados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *