Who the hell you are?

El otro día me hice con la New! Es una (de tantas) revista semanal sobre celebrities con una distribución de 500.000 copias. Me la compré persiguiendo ese efímero momento gozoso en el que no sabes de qué te están hablando… ¡ni te importa en absoluto!

La portada anuncia el saleroso reportaje interior detallando los supuestos “stresses” que está padeciendo Victoria Beckham tras mudarse de la soleada California al gloomy London. Ya saben, añorar a sus amigas Kelly (Osbourne) y Eva (Longoria), reformar la casa, decidir si compran o no un nuevo cachorrito a los niños… Un drama, vamos. Sin embargo, el resto de los nombres no me sonaban ni de lejos. ¡Y resulta que Rylan es el ganador de Celebrity Big Brother -después de haber participado en X Factor el año pasado-!

Kimberley Wash lo pasó fatal cantando en la gala de los National Television Awards, Heidi y Spencer Pratt no han ganado Celebrity Big Brother pero siguen obsesionados con la monarquía británica -ellos son estadounidenses-, y Mark Wright celebró su cumpleaños con Michelle Keegan que, por lo que parece, se está haciendo muy popular ahora que sale en CorrieCoronation Street-. Por su parte Helen Flanagan, contrariamente a lo que dicen las malas lenguas, está estupendamente con el futbolista Scott Sinclair -y posa en la entrevista exclusiva con bien de ropa interior referenciada -marca, modelo y precio- en los pies de foto. ¿Les dice algo alguno de estos nombres? Pues así hasta 82 páginas en technicolor.

No voy a confesar ahora que prefiero los pastelones reportajes en Hello! sobre la nueva paternidad de Elton John. Y el embarazo de la Duquesa de Cambridge me la trae al pairo. Puestos a conocer a las celebrities del lugar, encumbradas por obra y gracia de una televisión que adapta lo global a cualquier posible escenario local, hagámoslo tan bien como podamos.

Ahora que Telecinco está a punto de estrenar la edición número 14 de Gran Hermano, poniendo a competir su primera gala con la final del exitoso Tu cara me suena, de Antena 3 -Borja Terán aventura aquí una explicación para ese movimiento resumida en “aunque no consigamos limar  más que unas décimas, al enemigo ni agua, que ya nos han arrebatado el liderazgo un mes”-, seguro que son ustedes capaces de mencionar más de una y de dos revistas locales ávidas de nuevas caras. Nuevos nombres. Nuevas estrellas por una, quizá dos temporadas que son desconocidas hasta que dejan de serlo. Y que para entonces, después de haber ayudado a vender champús, telefonía, ropa de temporada y Nivea serán reemplazadas por nuevos nombres, motes, roles, tintes de pelo igual de imposibles y la misma intrascendencia. En los tiempos que corren, no va a ser todo [Enlace roto.].

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.

Receta para cocineros

Los cocineros televisivos son más productos que cocineros. En Euskadi tenemos algún ejemplo, pero poder hacer esta fotografía en un gran almacén británico me ratifica en mi presupuesto. Jamie Oliver prácticamente pasó de niño a hombre delante de las cámaras y siempre se ha caracterizado por su frescura. Tenía veintipocos cuando la BBC le fichó para debutar en televisión con The Naked Chef. A sus 37 es toda una celebridad que presta su imagen a libros, una cadena de restaurantes italianos -como este, en Oxford, cuya apertura hace un par de años fue todo un acontecimiento… aunque con el tiempo la “fiebre” haya remitido-, o una línea de accesorios para la cocina. Lo mismo da. Dicen que la afición por la cocina se ha recuperado en los últimos años en el Reino Unido. No estoy segura de que el británico medio utilice para sus guisos hierbas aromáticas recogidas de su propio jardín, como he visto hacer a Jamie. Pero oigan, qué mono ese cortapizzas al que presta su cara el cocinero…

En las librerías ustedes pueden encontrar las obras completas de Nigella Watson, Delia Smith, Gary Rhodes, Heston Blumenthal o Rachel Ray. Y a fe que se compran -no tanto como leerse, y no digamos ya utilizados para poner en práctica los consejos y recetas – : según una encuesta de hace un par de semanas, los británicos tienen en casa una media de diez libros de cocina. La mayoría de ellos con el membrete “as seen on TV” bien legible en sus portadas.

En un mercado tan potente como competitivo parece claro que la imagen televisiva del cocinero que pretenda devenir estrella debe estar tan definida como sea posible. El otro día me llevé un recetario de Gordon Ramsey. ¿Cuál creen que fue el comentario de la vendedora? Ni una palabra sobre su estilo de cocina, sin artificios, basada en pocos ingredientes y sabores reconocibles. Lo que me dijo es que era una vergüenza que un padre de familia como él dijera tantas palabras malsonantes por minuto. De ahí que mis sugerencias para quien quiera hacerse un hueco en la constelación de cocineros mediáticos sean claras: -la habilidad en los fogones la doy por hecha-: encuentre su personaje, determine qué rasgos le harán reconocible y distinto de la competencia y explótelos tanto como sea posible. On egin!

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.

El chocolate de la merienda

Vergüenza. Eso es lo que deben estar sintiendo muchos británicos cada vez que se destapan nuevas informaciones sobre el caso Savile. El viernes se dio a conocer el último informe al respecto, fruto de la colaboración del Metropolitan Police Service y la NSPCC, que deja a las claras que hubo muchas oportunidades para haber detenido o investigado al que podría ser mayor depredador sexual de la historia británica… y mucha gente que miró para otro lado.

Como ustedes pueden haber seguido la noticia por [Enlace roto.], hay dos cuestiones extra que me gustaría sugerirles. La primera, la rara unanimidad en toda la prensa británica del sábado. En la fotografía superior pueden comprobar hasta qué punto la opinión publicada tiene bien claro que la opinión pública debe estar al tanto de un escándalo sin precedentes. Y no se trata únicamente de The Sun o el resto de tabloides. Una se leyó con cuidado las (no pocas) páginas que The Times dedicó al asunto. El periódico reprodujo las palabras de Peter Spindler, responsable de la investigación, que calificó al presentador de la BBC como “the man who groomed a nation”. El hombre que se ganó la confianza de niños y mayores y que la aprovechó, durante más de cinco décadas, para abusar de quienes no podían defenderse… y que ahora recibirán una compensación económica que, previsiblemente, saldrá del contribuyente. Se habla de 450 posibles víctimas, y la policía lleva registrados, de momento, 214 delitos. Entre ellos, 34 violaciones. Tres de cada cuatro de sus víctimas eran menores de edad. A muchas de ellas las conoció a través de su programa infantil.

Y ahí llega la segunda reflexión: desolados están quienes, de niños, asistían a la celebración semanal de un espacio que podría calificarse como un Sorpresa, sorpresa (¿recuerdan?) infantil destinado al público familiar. Ya saben: sábado por la tarde, años 70, pocos canales, afuera llueve… Jim’ll-fix-it. En traducción libre, Jim te lo consigue. Mi amigo Garrett recuerda el espectáculo de chavales -de su edad- cumpliendo el sueño de conocer a un ídolo, o pequeños encantados al subir, por fin, a una montaña rusa. El amigo de los niños resultó ser un lobo. El excéntrico -hizo mucho dinero pero vivía en una caravana- resultó ser un depravado que además actuaba con una repugnante impunidad. El recuerdo del chocolate de la merienda ya no es tan dulce, la memoria colectiva de varias generaciones ha resultado pervertida.

Por supuesto, este drama no solo está salpicando a la BBC, en cuyas instalaciones se cometieron muchos de los abusos. También pone en tela de juicio algunas actuaciones policiales, poco diligentes, o los sistemas de canalización de las denuncias de menores, tan diferentes entonces. Pero cuando una se desplaza al Reino Unido con la intención de estudiar la percepción que la ciudadanía tiene sobre su televisión pública, repetidamente ensalzada, uno de los bastiones de la ecuanimidad -Denis Tatcher consideró que estaba «llena poofs y troskos” cuando no le pareció adecuado el tratamiento que estaba recibió su señora esposa… pero sus cámaras tampoco han acariciado a los laboristas-, una «institución de confianza», sospecha que algo de eso se puede estar quebrando.

Hace un par de meses escribía aquí que el tratamiento informativo que la BBC está haciendo del caso me parecía honesto y transparente. Pero en un momento en el que las televisiones públicas ven cuestionada su financiación y legitimidad, el mazazo que está recibiendo la convierte en un gigante con pies de barro o, directamente, chapoteando en el lodazal.

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.