Elogio de la tertulia

Llevaba días pensando en titular de este modo el post de hoy, un poco por enmendar la plana a esa ola de palmeros que piensan que la pregunta-respuesta nació con Ana Pastor y saludan su regreso a la televisión generalista como los habitantes de Jerusalem recibieron a Cristo el Domingo de Ramos. Y otro poco, porque me apetecía hablar de ETB Hoy, que aterrizó en el páramo de la media mañana de ETB2 hace algo más de un mes.

Por partes. El objetivo, el mejor estreno en la historia de laSexta, me pareció ayer interesante como programa de actualidad. Como programa informativo, si quieren. Supone un esfuerzo de producción y documentación y hay que saludarlo como tal. Pero a una le sorprende –entre otras cosas– el afán por llevar la “ausencia de ideologías”, “la objetividad” y la “constatación de hechos” más allá del juego polisémico que admite el nombre del espacio. Porque desde el momento en el que se elige el aspecto de la realidad a abordar o se sacan temas del fondo de armario ya se marcan unas claras prioridades. Que no haya tertulia no significa que en el espacio no haya opinión ni subjetividad. Sólo un par de días después de la emisión aventuro que el espectador medio sacó dos conclusiones, que son aquellas con las que ya se quedará: que el gobierno de Aznar mintió más que habló y sentó las bases para la dinamitar el equilibrio económico español, y que el asunto de los ERES en Andalucía pues bueno… es inexcusable pero se han exagerado mucho las cosas…

No voy a ser yo quien discuta estas cuestiones. Pero frente a una promoción y a una presentadora empeñada en repetir machaconamente que se deja de lado la opinión y la subjetividad, la agenda del programa está igual de marcada que la del resto de los espacios de actualidad de laSexta. Proclamar que se huye del sesgo, hacerlo además en  una cadena tan ideologizada, me parece o una osadía o una farsa. No niego que el programa sea quizá, entre otras cosas, un intento por ofrecer algo distinto a los gallineros que de unos años a esta parte tanto se estilan tanto en las generalistas con en la TDT Party y al empacho de sobreinformación que nos rodea. Pero la ecuanimidad o la imparcialidad no se consiguen ocultando las plumas, y mucho menos alardeando de ello.

Y así llego a ETB Hoy, programa-río  matinal de diario entre las 11.40 y las 14.20, que poco a poco va cocinándose en una franja para la que, sin duda, hace tiempo que ETB2 necesitaba propuestas de producción propia. ETB Hoy está dividido en tres franjas: sendas entrevistas de actualidad a cargo de Vanessa Sánchez y Olaia Urtiaga y una tertulia comandada por Adela González -lejos ya de su acartonado todo-sonrisas en Euskadi Directo-. La tertulia cuenta con un amplio plantel de periodistas de diferentes medios que van combinándose cada día de manera distinta: diferentes perspectivas, voces, sensibilidades. La tertulia es, entre otros muchos, Eva Domaika e Iker Merodio. Es Javier Vizcaino e Iñaki Soto. Es Martxelo Otamendi y Olatz Barriuso. Y también es periodistas que no se representan más que a sí mismos y profesionales de otros ámbitos y procedencias que comentan la actualidad desde puntos de vista heterogéneos. Todos ellos se meten en mi casa –en mi ordenador– y oigan, no hacen fact check, pero contribuyen a que me haga una idea de lo que ocurre, lo que preocupa en Euskadi. E interpretan para mí la realidad en clave(s) vasca(s). Y eso es impagable.

El problema con las tertulias en televisión es que el griterío ha colonizado el término. Tertulia es la de Sálvame, y la de El Gran Debate (Telecinco). Tertulia es Dando caña y Punto Pelota (Intereconomía). Decir tertulia es decir afirmación breve, concisa y epatante, aplauso del público comandado por el regidor si es que hay presupuesto para ello, y a por la siguiente andanada. Algunas tertulias son a la televisión lo que los tweets de Toni Cantó a Twitter. Y es responsabilidad de quienes las diseñan, más incluso que de los y las tertulianas, atar en corto la tentación del titular amarillo. De momento, ETB hoy lo está consiguiendo. De acuerdo, sus aspiraciones son más modestas que las del prime time. Pero me fío más de él que de quienes me ofrecen la verdad absoluta.

Ana Pastor, Pepa Bueno, y los informativos descafeinados

Apuesto a que ya se han enterado la noticia del día: meses después de haber presentado su renuncia en TVE, A[Enlace roto.]. Con la llegada de la nueva dirección a RTVE, una parte de la opinión publicada erigió a Pastor como La Represaliada por antonomasia, ella se dejó querer, y hoy hay riadas de felicitaciones, congratulaciones y brindis por el brillante paso profesional al que ahora se enfrenta. A mí Ana Pastor no me disgusta, pero tampoco me hace suspirar. No seré yo quien discuta su habilidad dialéctica, pero prefiero otros estilos menos agresivos que, probablemente, no encumbren en la misma medida a periodistas estrellas pero sí aporten matices y explicaciones.

Pastor dedujo, como Pepa Bueno, que con Julio Samoano en TVE sus oportunidades de deslumbrar se iban a reducir al mínimo. Bueno, que en 2009 cogió las riendas del Telediario 2 hasta entonces presentado por Lorenzo Milá,  firmó durante más de dos años y medio, uno de los informativos más sólidos, personales y compactos de los últimos tiempos. Ella fichó porla SER, y ahora Ana Pastor se incorpora a CNN.

Se desmonta el equipo profesional -ellas eran las caras visibles, pero este es un trabajo de grupo- que tantas alegrías dio durante los últimos años no sólo a TVE sino a los espectadores. Durante cinco años los Telediarios han sido los informativos más vistos. Y eso que con la retirada de la publicidad tuvieron que enfrentarse a retos diarios de 50 minutos. En junio se anunció que Somoano, procedente de Telemadrid, sustituiría a Fran Llorente como director de Informativos , y una, que es prudente, prefirió no prejuzgar -lo cual, por cierto, se tradujo en que un montón de desconocidos me pusieran a caer de un burro en Twitter, así parece que funciona esto…-. Ahora, con un par de meses de perspectiva, tengo que reconocer que el viraje de los informativos de TVE es tan evidente como ladino, y está a la altura de la entrada en los Teleberris de Idígoras y Montalvillo.

Todos los informativos tienen una línea editorial. No creo que ni Pepa Bueno ni Ana Pastor se atrevan a afirmar que sus programas en la cadena pública eran un prodigio de ecuanimidad. Sus trayectorias personales, sus preferencias, su perspectiva determinaban el enfoque que imprimían a su trabajo. Pero eran buenos informativos, con fuerza, con gancho, con diferentes perspectivas, con temas interesantes y análisis, y un despliegue técnico y humano a la altura de las circunstancias.

Les animo a contabilizar estos días cuántas piezas del Telediario, preferentemente en edición de tarde, consiguen aportarles alguna información de interés. Por no hablar de los fines de semana: les aseguro que se hacen un poco pesados cuarenta minutos de domingo a base de autopromociónsólo ayer justificable, y no del todo-, declaraciones de ministros, interpretaciones de la actualidad económica en clave de sonrisa feliz, ferias de teatro, escuelas de tauromaquia y rellenos varios. Todo ello para arropar el bloque de deportes y los triunfos de España -¡alegría, alegría…! Como los más torpes, ese país que solo aprueba religión y gimnasia-. Es una lástima diluir los años acumulados de espectadores, premios y credibilidad. Descafeinar los informativos, convertirlos en correa de transmisión del poder y vetar la información sobre la conflictividad social que nos rodea es irresponsable. Y la audiencia lo está empezando a castigar. Al tiempo.