El hecho diferencial vasco

O uno de ellos.

No por ser conocido deja de llamar la atención. Y así lo comprobé una vez más el pasado sábado en la jornada que había organizado Ateleus en la sala Multibox de EITB cuando vi caras de algo más que sorpresa  cuando Itxaso Atutxa, socia de la productora 3Koma compartió con los asistentes unos resultados de audiencia. Los que la víspera había tenido, en Telecinco, el reencuentro en el plató de Sálvame Deluxe entre los hermanos Matamoros: 17,7% de share, dijo Itxaso. Y en Euskadi, 25,8%.

Los Matamoros se enfangaron a fondo, quizá azuzados por el rumor que se había extendido durante los días anteriores: si Deluxe no mantiene resultados, el programa que prepara José Mota para la cadena podría comerle la tostada y ocupar su lugar privilegiado en la parrilla. Y ya se sabe, muerto el perro se acaba la rabia, y también se cierra la chequera. Ahí tienen el fruto de los afanes: un share reluciente… que entre nosotros supera en ocho puntos la media estatal. Así está el tema.

Como sigo defendiendo que el desarrollo exponencial de internet no desluce ni un ápice la bruñida corona de la televisión, reina de nuestros hogares, de nuestro tiempo y de nuestro corazón, así lo hice también como moderadora de las intervenciones relacionadas. Los [Enlace roto.] vinieron a darme la razón. Y esta interpretación del “hecho diferencial” me llena de algo así como preocupación…

TDT: llegó, vio y… ¿venció?

Este domingo Mertxe Peña le dedicaba en [Enlace roto.] una doble página al primer aniversario del apagón analógico . El 2 de abril de 2010 comienzó la era digital -que para 300.000 hogares vascos convive con la era de la televisión por cable-. Evidentemente, ya entonces gran parte de la ciudadanía vasca había accedido a la TDT. Seguro que recuerdan con cariño aquellos meses tan divertidos del «¿me compro un decodificador o ya aprovecho para cambiar de televisión?», «cómo elegir el mejor modelo, comparativa de precios y características» e incluso de reclamos locos: «¡con la compra de una batería de cocina, decodificador de regalo!».

La sustitución del parque de receptores analógicos por otros capaces de reconocer las señales digitales debería haber venido acompañada de cambios en la oferta televisiva. Y lo cierto es que las cadenas se han multiplicado y los espectadores hemos asumido que la ronda zapineadora puede llevarnos un rato más. Las empresas se han intentado ir posicionándose, ocupando sus frecuencias con contenidos para algunos públicos más o menos definidos -niños, jóvenes, mujeres, hombres…-, y el consumo de TDT sigue subiendo. Pero aún está en franca minoría con respecto al de las cadenas convencionales.

En el reportaje (aquí en PDF) se recogen varias opiniones respecto a este primer año: la de Manuel Campo Vidal -presidente de la ATV y director y presentador del programa Los anuncios de tu vida, los jueves por la noche en TVE1-, la de Javier López, gerente de Análisis de Barlovento Comunicación, la de María Zalbidea de Ateleus y la de quien suscribe estas líneas, entre otras. ¿A ustedes qué les parece? ¿Ha merecido revolucionar el patio? ¿Están bien aprovechadas las posibilidades que ofrece la digitalización de la señal? ¿El menor atisbo de tormenta les priva de la señal o se la pixela? ¿Hay más ruido que nueces detrás de este forzado paso adelante? Por de pronto, los hábitos televisivos de la mayoría no han cambiado . Pero sí vamos accediendo a más y más contenidos, las cadenas se atreven a utilizar a sus filiales como plataforma para hacer pruebas, los padres y madres en apuros saben qué cadena conviene enchufar para aparcar a los niños en caso de necesidad, y además casi todas las televisiones permiten activar opciones para ver las películas y series en idioma original, con o sin subtítulos. Y eso, amigas y amigos, no tiene precio…