U2 vs. María José

El mítico Jay Leno, presentador del programa nocturno Tonight Show de la NBC estadounidense durante más de 20 años, se retiraba la semana pasada. Su lugar lo ocupa Jimmy Fallon, otro de esos frontmen que enlazan con una tradición legendaria de estrellas que aspiran a mantenerse en el candelero mes tras mes tras mes tras mes. Ser una referencia, entrar en millones de hogares, reinterpretar la actualidad en clave humorística, aupar o descabalgar artistas, contribuir a la promoción de músicos y políticos… y de vez en cuando incluso trascender las fronteras estadounidenses. De hecho, fue Fallon quien puso a bailar a Michelle Obama hará cosa de un año. La batalla de la Primera Dama contra la obesidad infantil dio la vuelta al mundo, y el nombre del programa en el que intervino sin complejos, también.

Sería facilón establecer comparaciones entre los lates shows estadounidenses y los que conocemos por aquí sin tener en cuenta las muchas diferencias que existen entre los ecosistemas televisivos de los que forman parte. Sus públicos potenciales son completamente diferentes: 315 millones de espectadores estadounidenses frente a los 47 millones de televidentes a los que puede acceder un programa estatal. O el millón aproximado de vascoparlantes al que en el mejor de sus sueños podría acceder una producción de ETB1. Los horarios de emisión también lo son: el concepto de late se traduce para América en las 11 de la noche, como muy tarde; el programa de Buenafuente no empieza hasta que usted y yo nos caemos de sueño. Frente a programas destinados a la supuesta clase media americana, sus equivalentes españoles no pueden aspirar más que a minorías insomnes y con pretensión -y mil matices- sibarita.

También es distinta la escala de los entrevistables. En una relación simbiótica, el interés por aparecer en los grandes shows estadounidenses de figuras de diversos ámbitos pero trascendencia planetaria es evidente. Para la primera semana de Jimmy Fallon al frente de Tonight Show se anuncian los nombres de Justin Timberlake, Lady Gaga, Emma Thompson o Michelle Obama de nuevo. En su estreno le acompañaron los miembros de U2, que regalaron en forma de -mutua- promoción una versión acústica de Ordinary Love que fue inmediatamente subida a Facebook donde, en una hora fue compartida por 9.000 usuarios, recibió más 1.400 comentarios y 41.500 likes.

Como comentábamos esta semana en La caja lista, de Radio Euskadi, es probable que el invitado que más ruido haya metido en lo que lleva el En el aire de Buenafuente en laSexta sea Paquirrín. Ese es el nivel. Y si ampliamos el foco y, aceptando pulpo como animal de compañía, buscamos equivalencias entre los shows estadounidenses y El hormiguero de Pablo Motos, quizá aún no se hayan enterado de que el pelotazo de ayer tuvo nombre de mujer: Maria José. Campanario. Toda toda toda.

Sálvame se salva

Sálvame es criticable desde muchos puntos de vista. Pero estos días me ha sorprendido ¿para bien? el enfoque con el que está retratando la “crisis del elefante”. Buena parte de los medios de comunicación convencionales han intentado apaciguar, calmar, retener, e informar con mesura y condescendencia sobre los reales incidentes. Lo más “incendiario” que he visto en televisión ha sido una triste imitación de Froilán en el estreno del programa de Buenafuente en la noche del domingo. Y a estas alturas, el chiste del Frigopie con el que terminaba el sketch ya está más que desgastado a base de compartirse en Facebook. Pero Sálvame ha aplicado a los borbones la misma medicina que reparte, a turnos, a los jurados, los pantojas o los dúrcales.

Con las disculpas que el campechano pidió ayer, parte de la prensa española da casi por zanjado el asunto. Pero a pie de calle no hay tanta indulgencia. Y no me refiero únicamente al cuestionamiento de la caza del elefante a través de montajes de Photoshop, sino a un estado de opinión cada vez más contrario a la monarquía como institución anacrónica y antidemocrática. Recuerde lo que pensó usted cuando se enteró del accidente del nieto del rey, que a sus 13 años jugaba con una escopeta en la finca familiar como cualquier otro niño, o en cómo se recibe la noticia de que [Enlace roto.] –y el 100% de los del rey, como acertadamente se apuntaba ayer en Twitter-.

Los estudios sociológicos dan cuenta del despeñamiento en la opinión pública de la monarquía, y el velo opaco que durante décadas ha arropado amorosa y complacientemente las actividades de una familia nada ejemplar ya no consigue contener a la ciudadanía. Hace meses que Urdangarin se pone a caldo en los bares, y días que el apellido de Corinna se intenta pronunciar en las sobremesas. Lo sorprendente es que todavía haya espacios de televisión que intenten salpicar de almíbar algunas informaciones. Quizá por eso el colmillo largamente afilado de los colaboradores de Sálvame reluzca más todavía, ajustándose astuto a lo que es probable que los espectadores quieren ver convertido en carne de hiena. Y oigan, tiene su gracia asistir -les aseguro que sin pizca de Síndrome de Estocolmo- a discursos que casi reclaman el advenimiento de la tercera república de la misma boca que el mes pasado sabía, de muy buena fuente, que fulanito se enrolló con fulanita en el Rocío de 2003. Si fuman, beben, son infieles; si roban, mienten y encima son pasto de Sálvame, ¿qué les queda ya a los borbones?

Actualización: El Jueves ha tenido acceso a la filtración del verdadero discurso de “perdón” que preparaba el monarca. Aquí.

Comienza el sexto año de LaSexta

El domingo por la noche estuve viendo la gala con la que LaSexta celebraba su quinto aniversario. La organizaron como una edición especie de El club de la comedia “extended version”, con los rostros más representativos de la cadena dando vida a monólogos sobre este lustro en el que han conseguido hacerse hueco en el panorama televisivo estatal. Y al ver la mini-minifalda de Patricia Conde o la perilla de Buenafuente no podía dejar de esbozar una sonrisa al comprobar cómo la cadena de Emilio Aragón le ha comido la tostada a Cuatro.

LaSexta comenzó a emitir en marzo de 2006, un par de meses después de Cuatro. Ambas fueron recién llegadas a la vez, como consecuencia de la reforma audiovisual del Gobierno español de marzo de 2005. Ambas buscan un target joven, urbano, moderno y todo eso. Cuatro apostó desde el principio por aparecer como cadena “progre”, enrollada y dinámica… y resulta que a día de hoy sus mayores activos quizá sean Los Manolos, Pablo Motos y los coach de todo tipo y condición. Todo glamour e innovación. Por no mencionar que por el camino ha pasado a convertirse en satélite de Telecinco, algo que probablemente nadie se hubiese imaginado cuando (el gran) Gabilondo dejó la radio para hacerse cargo de la dirección de Noticias Cuatro 2. LaSexta, por el contrario, hasta se ha reproducido: comenzó con humildad y sin aparente ambición, lastrada por la exigencia de “antenizar”  todo el parque televisivo español, y hoy ya cuenta con pequeñas y modestas hermanas pequeñas, LaSexta2 y LaSexta3 y se reivindica como cadena “diferente”.

Hace un tiempo discutía con unas amigas sobre temas de cierta densidad hasta que una de ellas, al parecer ya algo cansada, espetó de repente: “es que yo soy más de LaSexta”, y zanjó así de un plumazo cualquier duda que pudiese seguir habiendo respecto a la personalidad de la cadena: dame fútbol y F1, dame risas, hazme pasar un buen rato, sugiéreme que soy un poco inteligente y déjate de zarandajas.

Por mucho que se esforzaran, los informativos de LaSexta jamás podrían competir en medios con los de TVE, pero eso no impide que su interpretación de la realidad no llegue a los muchos más de un millón de espectadores de Wyoming. Hay [Enlace roto.]. Haciendo de la necesidad virtud, y por la vía de la sátira, el humor y la siempre juvenil “diversión” LaSexta ha llegado a un sector del público nada desdeñable, con medias mensuales oscilando entre el 6 y el 7%, que reconoce la oferta y se siente cercano a una marca trabajada con coherencia en todos sus programas de producción propia: desenfado, chicas GASP -guapas pero listas-, crítica a “lo carca”, y autoparodia -empezando por el propio Emilio Aragón, presidente de la cadena, cuya aportación a la gala del domingo no fue un discurso sino un gag-. La piedra en el zapato -de tacón- de LaSexta sigue siendo la ficción: en producción local sólo son memorables Estados Alterados y La Tira, con momentos divertidos pero factura remodesta, y en ficción internacional The Walking Dead y, quizá, El Mentalista. Pero por lo demás, y de momento, las series de la cadena son casi de saldo. Y aún así, ¿a que usted reconoce la cadena sin necesidad de ver el logo en la parte inferior de la pantalla? Pues eso es triunfar.

(Actualización: Jordilidon apunta en su comentario que Prison Break supuso un éxito de audiencia para la cadena, en la que también hemos podido ver, entre otras, How I met your mother o My name is Earl. Cierto. Y Fernando Hugo Rodrigo apunta, con mucho tino, que también fue vista en LaSexta Qué vida más triste, uno de los experimentos en ficción televisiva local más interesantes de los últimos años. Están al quite, ¿eh? Gracias a los dos)