Programas (in)trascendentes

La semana pasada se cumplieron once años desde el estreno de Date el bote. El aniversario ha pasado bastante inadvertido, lógicamente, dado que [Enlace roto.] justo antes de la edición del mediodía del Teleberri. Pero sí nos sirve para recordar un formato de esos que “trascienden”.

Allá por el lejano 2001 lo presentaba Jorge Fernández,  y un año después, fue Carlos Sobera quien comenzó a ponerle rostro. Era un programa modesto en dinámica -preguntas y respuestas en un plató sencillo con diferentes atriles para participantes y presentador, y poco más…- y en premios. Sé que a Sobera y su capacidad para la sobreactuación es a quienes se atribuye la popularidad del programa. Pero yo tengo claro que, en realidad, era la habilidad de Iñaki Ruiz, su director, y la de los redactores, lo que llevaba a retorcer las preguntas que el presentador planteaba a los concursantes. Y así era como se daba pie, en algunas ocasiones, a respuestas hilarantes que incluso llegaban a viralizarse en Internet. El ambiente festivo y juguetón, el cachondeo generalizado, la intrascendencia y el estar por estar se respiraban a ambos lados de la pantalla de televisión.

Date el bote fue al concurso lo que Callejeros es al documental. Si Callejeros no deja pasar de largo a un buen freak aunque empañe el relato de una historia, en Date el bote la culturilla general cotizaba bastante más a la baja que la explotación del potencial de la gente de la calle para hacer el payaso.

El concurso fue retirado de la parrilla de ETB2 porque después de 1.800 programas se fue desgastando y pasó de tener audiencias que rondaban el 20% a prácticamente la mitad. Pero durante mucho tiempo fue uno de los pilares de ETB porque era cercano, cotidiano, arrastraba audiencia a los informativos y consiguió personalidad propia. Y eso también es un triunfo, en un contexto en el que los concursos diarios son prácticamente intercambiables entre sí; es difícil que tras un par de semanas, el rey puesto no haya hecho olvidar el rey muerto.

Por eso me alegra que a día de hoy los espectadores sigan recordándolo, aunque sea para poner un ejemplo de programa “didáctico”, como me he encontrado en varias ocasiones hace bien poco al enfrentarme a trabajos de campo. Y me pregunto cuántos de los programas de los que actualmente emite ETB, salvo El conquistador del fin del mundo, conseguirán hacerse un hueco en la nada agradecida memoria de la audiencia y en sus conversaciones cotidianas. Pregunta complicada, ¿eh?

El showman definitivo

El sábado que viene ETB2 estrenará Consumidores, un espacio centrado en la difusión de consejos prácticos “muy útiles para la vida cotidiana”. Su responsable es Ricardo Oleaga, muchos años director de la revista Consumer. Hay que presuponer al programa, por tanto, seriedad, utilidad y voluntad de servicio.

La primera vez que oí hablar de la semilla de este proyecto fue hace mucho tiempo: cuando Oleaga cambió la revista por la jefatura de informativos de ETB ya empezaba a fraguarse la idea de un espacio de estas características que, por cierto, iba a constituir una de las grandes apuestas de la televisión autonómica. Pues bien, el sábado en prime time será el estreno. Al igual que las estrellas de cine son los ganchos promocionales que defienden por alfombras rojas y platós la última película en la que han participado para darla a conocer, los presentadores de televisión ponen rostro y alma a los programas en los que participan, para encargarse de que el público se entere del trabajo en equipo que hay detrás. Y para eso está hecha [Enlace roto.] al ínclito Carlos Sobera, que será el rostro visible del progama y mete la pata hasta el zancarrón en varias ocasiones.

Quizás sea porque el de Barakaldo me estomaga, porque se me hace difícil soportar a los ególatras pluriempleados y polifacéticos que dan por hecha su fotogenia y su simpatía hasta el punto de creerse Midas actuales que irradian con su encanto todo proyecto al que se acerquen. Pero prefiero que juzguen ustedes mismos si quien afirma que le encanta “tener a todo el mundo en vilo”, que se pasea por los escenarios, interviene en obras de teatro y hace gala de ser abogado -más bien Licenciado en Derecho, ¿o está colegiado?- y profesor universitario -¿hace cuánto tiempo que no pasa por un aula? ¿cuáles son sus méritos más recientes?- es la persona más adecuada para poner rostro a un programa, por definición, serio. Y recuerden que serio no es lo contrario de divertido: lo contrario de divertido es aburrido, pero un programa de estas características no tiene por qué ser un muermo, y los planteamientos de los responsables de Consumidores deberían moverse por la misma senda que transita el que es su público potencial.

Que coloquen a un clown al frente de la que fue una de las apuestas fuertes de la -ya no tan-nueva dirección de ETB me parece de todo salvo apropiado. ¿O es que tanto se confía en la imagen de un presentador que se vanagloria de haber puesto huevos en todas las cestas, de producir y presentar programas en otras cadenas, de ser un todoterreno… que también aquí había que colocarlo? ¿Realmente piensan los responsables de la cosa que el capital de imagen acumulado por este showman definitivo es el más ajustado a las características del programa? En serio, no había alguien más… o menos…?

Cuestión aparte es la decisión de programar Consumidores en la noche del sábado: una apuesta, una alternativa a la asentada parrilla de la competencia. Puede que salga bien. Puede que no consiga interesar a la audiencia. En cualquier caso, lo que podía ser un programa diferente no constituirá más que un “bolo” más para quien demuestra poco respeto por ETB cuando declara, con candidez, su gran cariño por la cadena, una “tele pequeña”. Mal andamos cuando la falta de ambición se evidencia con tanta claridad. ¿[Enlace roto.]?