Divinas y seductoras

Esta semana se ha celebrado el Día Internacional de la Mujer. Una excelente oportunidad para poner sobre la mesa la definición de mujer que la televisión contribuye a alimentar: una masa indefinida de compradoras potenciales de todo tipo de productos y servicios, y un target de espectadoras a las que, por muy “liberadas” que estén, les siguen interesando esos siempre útiles consejos de belleza y decoración. Como espectadora compulsiva de Decogarden, agradezco que el Do It Yourself haya superado ya hace tiempo lo del destornillador y la sierra de calar. Pero me parece una ofensa que, a día de hoy, los programas autobautizados como «para mujeres”, matinales y vespertinos, omnipresentes, sigan haciéndose acreedores de valoraciones peyorativas. Lo femenino sigue siendo lo banal: el cotilleo, la casquería, la dieta adelgazante  y las varices, y las últimas tendencias en bañadores.

A todo ello me refiero en este artículo (en PDF) que ayer (9) apareció publicado en [Enlace roto.].