Un ciudadano nada ejemplar

Ayer martes, 15 de octubre, se cumplían 30 años del secuestro y muerte de Lasa y Zabala. Por eso ETB2 programó una doble sesión al respecto para su prime time de la víspera, el lunes, una noche de mucho consumo televisivo en las que las generalistas españolas ponen toda la carne en el asador. Primero emitió una edición de 60 minutos centrada en la que fue la primera acción de los GAL, con bien de datos, reconstrucciones, entrevistas, y detalles sobre lo acontecido. El programa fue seguido por más de 300.000 espectadores, lo cual teniendo en cuenta el ámbito de difusión de la cadena está muy muy bien: implica un 11,1% de share y supera la media de audiencia de la cadena.

Fue la noche de Lasa y Zabala, pero también la de Juan Carlos Etxebarria (que me escribe para recordarme que como orgulloso giputxi, y aunque me disculpa, se apellida) Etxeberria, muy acertadamente recuperado para la conducción de un 60 minutos categoría txuleton. Porque tras 60 minutos llegó El dilema, esa tertulia informativa que Etxeberria presenta, que comenzó emitiéndose los viernes, ahora ha pasado a los lunes y es algo así como la respuesta a los gallineros de actualidad política en horario nocturno que en relativamente poco tiempo han proliferado en otras cadenas. El dilema ha tenido que mutar en algo un poco más gritón para llamar la atención del personal, pero aún así sigue siendo bastante menos vocinglero que el debate medio. La de ayer fue su emisión más vista, 194.000 espectadores y 12% de cuota de pantalla.

Por supuesto, hay que felicitar tanto a los responsables de los programas como a la propia cadena por haber elegido abordar un tema que, es evidente, conectó con los intereses de parte de la audiencia. Los programas de actualidad made in Euskadi no son necesarios. Son imprescindibles. Si sólo viésemos la televisión española hay mucha información, muchas perspectivas que quedarían al margen. Y qué les voy a contar cuando se trata de informar sobre la guerra sucia -esto… ¿hay alguna limpia?-.

Sin embargo hay algo de esta doble sesión que no me gustó. Que no me gustó en absoluto. Y fue el pábulo que se le dio a ese tipo siniestro que responde al nombre de José Amedo. Usted afirmará, con razón, que el ex subcomisario de policía tiene, sin duda, cosas que contar sobre el GAL. No lo discuto. Pero este personaje que fue condenado a más de 100 años de prisión por asesinato frustrado, lesiones, asociación ilícita y falsificación, que de hecho ha pasado 12 años entre rejas, está estos días a vender su libro, que acaba de publicar, que probablemente de vueltas a pájaros y flores y nada más, y que era, por cierto, bien visible en varios de los muchos planos que ETB2 le regaló el lunes.

El equilibrio entre satisfacer el interés informativo y la promoción de las obras completas de un  ciudadano nada ejemplar es complicado. Contribuir a que un poli corrupto y malencarado enseñe descaradamente su libro, recién presentado y listo para la promoción no me parece, en cualquier caso, la mejor de las prácticas profesionales.

Decía Miriam Duque ayer, cuando hablábamos de este tema en Graffiti, de Radio Euskadi -aquí, el podcast, en el que puede comprobarse, por cierto, que también comentamos temas menos densos-, que siempre es positivo que el público se decante por contenidos informativos. A ese mismo público le atribuyo criterio suficiente como para juzgar el mensaje en función de su emisor. Tampoco quiero pensar, ¡faltaría más!, que porque un libro aparezca en televisión pasará a convertirse en el bestseller de estas navidades. Pero ver a Amedo –y no es la primera vez– intentar aprovecharse de su tirón mediático para vender, aquí y allá, su versión de las cosas a mí me rechina. Y espero que a ustedes también.