Tele y Twitter: la escéptica y los folloneros

Estaba estos días dándole vueltas a un estudio que se hizo público hace unas semanas vinculando los ratings televisivos y el “ruido” en las redes sociales. Según la investigación, existe correlación entre los resultados de audiencia televisiva y el buzz que esos programas generan. Entre los espectadores de 18 a 34 años, los más activos en redes sociales, un 9% de incremento en el nivel de buzz implica un 1% más de rating para el programa en cuestión.

La verdad es que en principio soy un poco reacia ante estos estudios -muy serios y tal, pero con multitud de intereses creados a sus espaldas-. Al fin y al cabo, aunque internet haya modificado para siempre la manera de ver la televisión -para unos sectores sociales bien concretos-, me da la sensación de que el ruido internetero, como la mayoría de la publicidad, no hace sino convencer al convencido. Sí, es cierto que los blogs sobre televisión informan y crean opinión y predisposiciones, que los programas se lanzan como locos a los brazos de Facebook para alargar sus ciclos de vida e incrementar su notoriedad y que los más modernos de todos se hacen cuentas en Twitter, lanzan hashtags y suspiran por trending topics. Es el signo de los tiempos: no vale con hacer televisión. También hay que contar que se hace: se enriquece la experiencia del espectador pero sobre todo se busca visibilidad para el programa. En televisión. De toda la vida. Enfrentándose a audímetros.

En estas, nos enteramos que una de las apuestas estrella de ETB para esta temporada, Escépticos, no está cumpliendo con las expectativas de audiencia. Su director explica aquí cómo, aunque se mantiene la emisión a través de internet en el horario establecido, el programa pasa desde esta semana al late-night de los jueves. Escépticos ha sido un programa mimado y no solo en su trabajada fase de producción. Se ha promocionado, se ha relanzado en distintas plataformas, ha sido objeto de comentarios y post mucho más allá de los ámbitos de emisión de ETB, y… consiguió ser trending topic el día de su estreno pero su audiencia no alcanza la de la media de la cadena. Pelotas e interesados aparte, el flujo internetero satisface a quienes están detrás del proyecto tanto como supongo que les decepciona no encontrar un volumen de público que repique su éxito en televisión.

El programa del domingo de El Follonero, Borrando a ETA, con muy buen tino emitido en un momento tan delicado como esperanzador, superó el 16% de share en Euskadi -6,3% en España- y concitó la atención de casi 150.000 vascos, que son bastantes más que los que suelen seguir el programa. Y también la petó (perdón) en Twitter, porque #borrandoaETA fue trending topic hasta el día de ayer. Y sin valorar el programa, sigo dándole vueltas al binomio televisión-internet. Cuál es la causa y cuál la consecuencia. ¿El buzz genera espectadores? ¿O un espacio oportunamente programado y susceptible de generar reacciones las canaliza para su mayor gloria? ¿Un mal espacio puede dar mucho que hablar? ¿»Montar follón» en la red es suficiente para conseguir espectadores? ¿Ustedes que creen?