Paradojas

Ayer estuve aquí. Todo un día escuchando hablar de las bondades de la televisión pública a encorbatados de diversa procedencia, obedeciendo a distintos objetivos. Lo organizaba EITB en colaboración con la FORTA, que como sabrán es ese organismo que agrupa a casi todas las radiotelevisiones autonómicas que operan en el estado. Dicen algunas lenguas que el acto llevaba cocinado desde hace unos cuantos meses, que la cocina nos pilla un poco lejos -tanto como Madrid-, y que algunas de las intervenciones habían sido oportunamente colocadas para justificar algunas decisiones de EITB bastante cuestionables.

Sin embargo, no les negaré que, en general, me pareció interesante porque estuvimos todo el día reflexionando sobre lo que se le puede exigir a la televisión en general y a la televisión pública en particular. Además, por primera vez desde que lo recuerdo, los académicos participantes fueron con mucho los más concretos de los participantes. Después de disquisiciones sobre normativas, marcos, tratados y limitaciones presupuestarias, Enrique Bustamante, catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid dejó un titular apisonador: el mayor problema de la televisión pública no son ni la fragmentación de la audiencia, ni el desembarco de la TDT ni las limitaciones presupuestarias. La mayor amenaza para las televisiones públicas son -y les aseguro que esto lo dice un hombre muy serio y muy respetado-, los gobiernos de los que dependen.

Mònica Terribas, que además de dirigir TV3 es profesora de la Universidad Pompeu Fabra, también fue cristalina: TVE nunca ha tenido excesivo interés por atender a las realidades cercanas de las autonomías, regiones o nacionalidades. Y en este panorama, las televisiones autonómicas son piezas fundamentales para reflejar e interpretar la sociedad en la que surgen, para hacer país, para compartir emociones, puntos de vista, experiencias, un servicio público del que la audiencia espera y desea algo muy concreto: que respondan a la legitimidad que históricamente se han ganado.

Las televisiones autonómicas son algo más que lo que se ve; son la imagen labrada durante años. Y de ellas se esperan informativos que informen y entretenimiento que entretenga, que sean tan competentes como competitivas, porque si nacen con vocación minoritaria no cumplen su función. No incidiré más de lo imprescindible en las abiertamente desafortunadas decisiones que la dirección de EITB ha tomado en los últimos tiempos, o en el manifiesto descontento en el seno de su redacción de informativos -atención a la [Enlace roto.]-, o en la falta de atractivo de mucha de su oferta de entretenimiento -¿cuánto tiempo hace que no ponen ETB sabiendo que es ahí donde encontrarán lo que quieren ver?-. La pérdida de credibilidad de la televisión pública vasca va más allá de la caída de la audiencia. Pregunten a cualquier vendedor: recuperar a un cliente descontento es mucho más difícil que empezar de cero, y parte de la ciudadanía vasca está más que activamente insatisfecha con la televisión que financia.

Parece paradójico que después de todo un día oyendo declaraciones de intenciones, defensa de la diversidad, apoyo al pluralismo, laudos a la capacidad tractora de la economía de la televisión pública y reivindicación de la calidad frente a la banalización de los contenidos, hoy (4) [Enlace roto.] de que los presupuestos para el año que viene recortarán la dotación para EITB. El mismo Gobierno vasco que ayer hablaba de la necesidad de apostar por la producción propia, por modernizar los contenidos, por entretener y hacer pedagogía a través de los medios públicos, aboga por la austeridad. Y me pregunto: si este año ha sido complicado, ¿cómo conseguirá el equipo de Alberto Surio cumplir los objetivos que se plantearon ayer, con los 134 millones de euros, 6 menos que este año, que el Gobierno vasco le destinará durante el 2011? ¿O no sólo es cuestión de dinero?