Cámara aficionada

Llevamos unos días en lo que las protagonistas de la información televisiva, sin discusión, están siendo las consecuencias del temporal, galerna, maretón, olas, viento y destrucción. Llámenlo como quieran pero esas imágenes son pegamento para los ojos. Generalmente, cuando el mal tiempo arrecia -también, en parte, cuando nos asolan olas de calor- la televisión de proximidad cosecha muchos éxitos. En primer lugar porque la información sobre las consecuencias de un temporal es percibida como cercana y útil, porque puede condicionar nuestros planes. Por otra, porque también es muy espectacular. Es una mezcla perfecta de información de servicio y morbo.

Por eso, cuando hace unos días vimos que se anunciaba la superborrasca, ya nos atrevimos a augurar buenos datos de audiencia para ETB para esos días. Y lo cierto es que no nos equivocamos: la primera edición de Teleberri del domingo alcanzó el 31,5% de share en su territorio de influencia. El mejor dato del informativo en cinco años. Los destrozos que el fuerte oleaje ha provocado en la costa vasca atrajeron la atención de 365.000 personas.

Resulta llamativa la ingente cantidad de minutos que el temporal está ocupando en la televisión. Y en muchas ocasiones, se trata de minutos alimentados a base de grabaciones no profesionales, de testigos móvil en mano que pasaban por ahí y que subieron a Youtube imágenes, sin duda, espectaculares.

¿Sí o no al uso de vídeos de este tipo en los informativos… y de paso a su explotación en bucle en magazines de actualidad y reportajes al cabo de la calle? Pues sí y no. Porque en muchas ocasiones esas muestras de lo que habrá listillos que se empeñen en llamar “periodismo ciudadano” tienen un indiscutible interés documental. Pero generalmente la calidad de las grabaciones es terrible, el sonido es pésimo, son imágenes descontextualizadas -muchas, podrían ser de cualquier sitio, de cualquier día- y, desde luego, tienen un único valor informativo: la imagen impactante. Como espectadores no deberíamos permitir que anécdotas ocupen el lugar y el tiempo de las auténticas noticias elaboradas por profesionales. Si la cámara aficionada, ese clásico, sirve para ilustrar y complementar, poco que objetar a una nota de color. Pero estos días, sobre todo en algunos informativos de las privadas, he asistido a cómo a base de diez segunditos de aquí y otros diez segunditos de allá, la mitad del programa se hacía tirando de Youtube. Y oigan, eso no conduce a nada, por mucho que vaya precedido de un «y ahora presten atención a…».

Es evidente que la espectacularización de la información, el abuso de imágenes anecdóticas o llamativas pero sin valor informativo real o la relajación en los estándares mínimos de calidad de imagen y sonido no son invitados recién llegados a la televisión. No ha tenido que venir un temporal para marcar una tendencia. Pero sí que la ha visibilizado de manera impagable. Más, en La Caja Lista de esta semana. Y en sus televisores esta misma noche. Palabra.