Vuelve el hombre, vuelve Wyoming

Ayer comenzó en serio la Operación Retorno. Ayer regresó a los informativos de TVE1 el grueso de rostros habituales, comandados por Pepa Bueno y Ana Blanco -lo cual nos priva de la presencia a horas humanas de la presentadora más robótica del mundo, Susana Roza, cuya dicción, de puro perfecta, asustaría en un callejón semioscuro-. Y también [Enlace roto.], que a estas alturas tiene clara su condición de “buque insignia” de LaSexta.

En un verano plagado de actualidad informativa de la buena, apuesto a que Pepa Bueno se ha mordido los nudillos viendo desde el otro lado cómo desfilaban líderes vaticanos, desplomes bursátiles y reformas constitucionales por la vía rápida. No tengo tan claro que el Gran Wyoming haya sentido necesidad de interrumpir sus vacaciones -cosa que, sin duda, colisionaría contra su elaborada imagen de bon vivant-. Pero estoy segura de que a muchos les habría gustado conocer la visión de la actualidad que, entre broma y broma, asoma por el programa al que el showman presta cuerpo, cara y locuacidad.

Pues ya no hay más que esperar: anoche regresó a la pantalla. El intermedio es, obviando a los informativos, el único programa de producción propia que le queda a LaSexta; el más antiguo, en antena desde 2006; y en muchos días como el de ayer, su espacio más visto: 6,7% de share, 905.000 espectadores. Se incorpora al equipo habitual Dani Mateo y se anuncian novedades aunque es de suponer que el equipo pensará eso de que “si funciona, no lo toques -demasiado-”.

Reconozco que el programa me gusta: Wyoming es un tipo rapidísimo que interpreta con salero uno de los guiones más cáusticos de la televisión actual. Pero en ocasiones he percibido que sobran en El intermedio piezas de relleno, entrevistas callejeras sin demasiado fondo, polémicas con Intereconomía que sólo sirven para “engorilar” extremos, y en muchas ocasiones una deriva pijo-progre que, a las puertas de unas elecciones generales y si pretenden seguir definiéndose como “críticos”, deberían intentar mantener a raya. Porque para eso no vale sólo con hacer leña a base de árboles caídos y rancia derechona.

Por cierto, aquí otro análisis, de Borja Terán, que a veces también encuentra El intermedio un poco… «partidista»…, y al que sin embargo el programa le gusta tanto o más que a mí.

La espiral del silencio

Así se denomina uno de los fenómenos relacionados con la conformación de la opinión pública más fascinantes. Elisabeth Nöelle-Neuman se encargó de describirlo y analizarlo desde un punto de vista académico a mediados del siglo pasado. Anoche Gonzo, para El intermedio, y quizás sin habérselo propuesto, regaló a los televidentes un ejemplo práctico de cómo la percepción sobre lo que opinan quienes les rodean condiciona la libertad para expresarse de quienes se sienten en minoría. Difícilmente se sugerirá que el aborto es aceptable en un congreso de Nuevas Generaciones. 

Me gusta Gonzo. [Enlace roto.] al equipo que capiteanea el Gran Wyoming, se fue a Tordesillas, donde hace un par de semanas se celebró el famoso torneo del Toro de la Vega. Esta es una antigua tradición que se resume en que un grupo de lanceros a pie o a caballo hostigan a un morlaco y pelean por ser el primero en que le de muerte entre la alegría y el alboroto de los espectadores. ¿Les suena? El objetivo del otrora reportero dicharachero de CQC, que esta temporada repite rol en LaSexta, era -además de alimentar ese espíritu eco-progre que tan a gala luce su cadena-, el de poner de manifiesto una evidencia: ni los responsables políticos de la vallisoletana Tordesillas, ni los ciudadanos de a pie, se atreven a criticar lo que, por muy fiesta de interés turístico que se considere, es de un salvajismo difícilmente compatible con el respeto por los derechos de los animales

El ritual está profundamente arraigado en la ciudad, y lo que nos mostró ayer El intermedio fue que el debate tradición-brutalidad con el que puede que usted se encuentre en su entorno difícilmente se materializará en el lugar de los hechos: ningún tordesillano osará cuestionar la moralidad de la fiesta de manera pública, so pena, según parece, de arriesgarse al aislamiento social.

Como es probable que usted no provenga de Tordesillas y encuentre, como yo, inaceptable la tortura a la que se somete al toro con el pretexto de la costumbre, la fiesta y el negocio adyacente, quizás le interese observar cómo la espiral del silencio actúa de manera descarnada y ejemplar: quienes consideran que en su entorno su opinión es la mayoritaria, se sienten fuertes y expresan sus opiniones en público seguros de sí mismos. Quienes, aun sin renegar de ellas, piensan que sus ideas son minoritarias, prefieren quedarse callados, lo cual acrecienta la percepción de que, efectivamente, su opinión es residual porque nadie la defiende públicamente. Quienes no tienen claro qué pensar tienden a adherirse a aquellos cuya opinión parece más sólida, y como en una espiral, el tema ni siquiera puede ser objeto de debate porque quien lo hace puede quedarse al margen de la comunidad.

Felicito a LaSexta por haberse atrevido a ilustrarnos con un ejemplo tan plástico de un fenómeno comunicativo digno de estudio -merece la pena dedicarle un cuarto de hora al clip completo-. Los medios de comunicación también son responsables de amplificar las consideradas opiniones mayoritarias. Pero siempre es más fácil editorializar a partir de la paja en el ojo ajeno. Me gustaría saber si El intermedio, tan audaz él, se hubiese atrevido a cuestionar verdades relativas, traspasando la frontera de lo que va más allá de la anécdota.