El giro choni

Me preguntaba la semana pasada si el modelo de televisión pública debería pasar por la contención presupuestaria, arriesgando el atractivo de su oferta. Y hoy les propongo ahondar en la relación entre programación pública y gustos populares. Y lo hago a partir de un ejemplo muy claro: El conquistador del fin del mundo, que es sin duda uno de los espacios que más alegrías está proporcionando a ETB en los últimos años.

Desde que se estrenara en el 2005, uno de los realities más duros de la televisión mundial ha ido sumando ediciones, a la par que viraba a producto casi casi telecinquero. Las últimas temporadas, con su debate, sus famosos, su emisión de castings y su presencia constante y medida en Internet han evolucionado a imagen y semejanza de Gran Hermano, Supervivientes o Acorralados. A decir verdad, y aunque siempre hay diferencias y está bien presente la parafernalia Ternua, el modelo de explotación es muy similar. ¡Y funciona! El estreno de la séptima edición de El conquistador del Fin del Mundo tuvo una [Enlace roto.], y a medida que el programa avanza, el globo no se deshincha. De hecho, se alimenta a base de, entre otras cosas, lenguaje poco edificante, macarras de todo a cien, y edredoning -o casi…, no olviden la “euskal idiosincrasia”-.

No cabe duda de que en Hostoil, filial de Globomedia para operar en el mercado vasco y responsable del “universo conquistador”, saben lo que se hacen y se aplican con esmero para atrapar la atención del público. ¿Pero de verdad que no han sentido en ocasiones ni un pelín de vergüenza ajena?

Por cierto, Hostoil también es la responsable de Voy a mil, el nuevo concurso diario presentado por Patricia Gaztañaga en ETB2 para la franja de acceso al Teleberri. Nada nuevo bajo el sol, un programa sin más pretensiones que las de divertir al personal con preguntas, respuestas, concursantes un poco gamberros y toda la ligereza del mundo. Una vuelta de tuerca al mítico Rompecabezotas y al más cercano en el tiempo Date el bote. El regreso de Gaztañaga: a ETB después de diez años, y a un concurso después de alcanzar el Olimpo de los presentadores con un talk show de bandera. Bienvenido sea, bien aceptado -de momento, ha mejorado los registros de audiencia de la franja-. Pero cuidado con dar cancha al garrulismo a cambio del éxito.

El giro choni

Me preguntaba la semana pasada si el modelo de televisión pública debería pasar por la contención presupuestaria, arriesgando el atractivo de su oferta. Y hoy les propongo ahondar en la relación entre programación pública y gustos populares. Y lo hago a partir de un ejemplo muy claro: El conquistador del fin del mundo, que es sin duda uno de los espacios que más alegrías está proporcionando a ETB en los últimos años.

Desde que se estrenara en el 2005, uno de los realities más duros de la televisión mundial ha ido sumando popularidad y ediciones, a la par que viraba a producto casi casi telecinquero. Las últimas temporadas, con su debate, sus famosos, su emisión de castings y su presencia constante y medida en Internet han evolucionado a imagen y semejanza de Gran Hermano, Supervivientes o Acorralados. A decir verdad, y aunque siempre hay diferencias y siga estando bien presente la parafernalia Ternua, el modelo de explotación es muy similar. ¡Y funciona! El estreno de la séptima edición de El conquistador del Fin del Mundo tuvo una [Enlace roto.], y a medida que el programa avanza, el globo no se deshincha. De hecho, se alimenta a base de, entre otras cosas, lenguaje poco edificante, macarras de todo a cien, conflictos descontextualizados y edredoning –o casi…, no olviden la “euskal idiosincrasia”-.

No cabe duda del saber hacer de Hostoil, filial de Globomedia para operar en el mercado vasco y responsable del “universo conquistador”. Conocen bien su mercado, su producto y lo que se espera de ellos, y se aplican con esmero para atrapar la atención del público. ¿Pero de verdad que no han sentido en ocasiones ni un pelín de vergüenza ajena?

Por cierto, Hostoil también es la responsable de Voy a mil, el nuevo concurso diario presentado por Patricia Gaztañaga en ETB2 para la franja de acceso al Teleberri. Nada nuevo bajo el sol, un programa sin más pretensiones que las de divertir al personal con preguntas, respuestas, concursantes un poco gamberros y toda la ligereza del mundo. Una vuelta de tuerca al mítico Rompecabezotas y al más cercano en el tiempo Date el bote. El regreso de Gaztañaga: a ETB después de diez años, y a un concurso después de alcanzar el Olimpo de los presentadores con un talk show de bandera. Bienvenido sea, bien aceptado -de momento, ha mejorado los registros de audiencia de la franja-. Pero cuidado con dar cancha al garrulismo a cambio del éxito.