La tarde en Euskadi

Una de las cosas con las que más he disfrutado durante mi estancia en el ESC ha sido la conversación con Begoña Beristain, los miércoles por la tarde en Onda Vasca. Llegué a Oxford los primeros días de enero y desde entonces, semana a semana casi sin excepción, al otro lado del teléfono se abría una ventanita, una conexión Euskadi-Reino Unido que me ha obligado a abrir los ojos y las orejas para contar a los y las oyentes de La tarde en Euskadi todas aquellas cosas que me iban sorprendiendo, para bien y para mal, de la vida en el corazón de Inglaterra. Ha sido una ocasión impagable para ejercer de cronista relajada, corresponsal subjetiva, conversadora con altavoz.

Begoña y yo partimos de la suposición de que la conexión vasco-anglosajona podía ir un poco más allá del inglés que fue a Bilbao y al nacimiento del Athletic. Con ella, y en ocasiones también con el irremplazable Jon Martija, hemos hablado de noticias, políticos, moda, personajes, universidad, eventos sociales, y referendums de independencia. De fenómenos culturales, familias reales, turismo y hasta de televisión. Que es una forma, no menor, por cierto, de asomarse a la cultura y la vida cotidiana de los pueblos para descubrir, un dos tres, responda otra vez, que una sociedad en la que el tiempo doméstico dedicado a cocinar tiende a la mínima expresión, la inflación de programas de cocina se hace evidente al tercer zapeo.

Enlazo aquí la última de nuestras conversaciones, con la que me despedí de la audiencia y comencé las vacaciones. Ya en casa, de vuelta pero cargada de experiencias, recuerdos y planes, elaudimetro regresa a su terreno natural. Tradicionalmente el verano ha sido en televisión época de vacas flacas, repeticiones, sustitutos y riesgos mínimos. Minishorts y minipresupuestos. Quizá, entonces, la diferencia respecto al resto del curso no sea tan evidente.