Prime time

El prime time es el horario de máxima audiencia, el momento en el que más personas están delante de la televisión y aquel para el que, por tanto, las cadenas reservan sus espacios más ambiciosos. Eso justifica que las inserciones publicitarias sean más caras en esta franja.

En el resto de Europa el prime time comienza bastante antes de las 9. Spain is different: desde los años 90 el inicio del prime time se alarga, alarga, alarga hasta alrededor de las 10 y media. La serie de moda, el concurso de éxito, la película que lleva promocionándose toda una semana. Si son espacios de producción propia se estiran como chicles hasta pasadas las 12; si son ficciones made in USA, se ofrecen de dos en dos. “Quedarse hasta el final” y saltar de la cama con alegría a la mañana siguiente se hace incompatible. Cuanto más tarde lanza su artillería pesada una cadena, más tarde lo harán las demás, intentando no perder posiciones ni espectadores. Y los espectadores, en muchos casos, nos vemos atrapados por informativos eternos, predicciones meteorológicas redundantes, los mejores momentos del capítulo anterior, exasperantes bloques publicitarios o autopromociones en bucle. Esperando que empiece lo que querremos que termine cuanto antes para podernos ir a la cama a un horario prudencial.

De esto hablaba ayer por la noche con Miriam Duque y Juan Carlos de Rojo en la antena de Graffiti. Desde esta semana colaboro con uno de los programas bandera de Radio Euskadi y compartiré reflexiones televisivas en antena una vez por semana bajo el paraguas de una sección para mí sola. La Caja Lista, se llama. Y tiene una sintonía de lujo, por cierto. Ajá.

Por supuesto, los horarios televisivos que sufrimos sean los menos razonables de Europa está relacionado no sólo con la voluntad de los programadores sino también con los hábitos de la población. Pero como espectadores estamos a la merced de lo que las cadenas programen para nosotros, y de la hora a la que consideren adecuado darle al play. De hecho, uno de los usos sociales de la televisión ampliamente reconocidos es el de la regulación de los hábitos y horarios. No hablo de que el estreno de La Voz se plantee para las 8.30 de la tarde porque a esa hora quizá usted o yo aún ni hemos llegado a casa, y es obvio y lícito que cualquier cadena reserve sus mejores cartas para el máximo número de personas.

Pero sí agradeceríamos un poco de cordura porque, según la última campaña promovida por la ARHOE, “el 90% de los programas de máxima audiencia finalizan su emisión más tarde de las 23:30 y el 55% lo hacen después de las 24:00”. Y eso parece difícilmente compatible con el descanso, la productividad y el éxito en el trabajo y los estudios. Este toque de atención es tan bienintencionado como, auguro, falto de efectividad. Porque requeriría de un acuerdo, tácito o explícito, al que las principales cadenas parece difícil que incluso se planteen.

Y en estas resulta que TVE1 anuncia un programa para las próximas siete noches de miércoles. Hoy se estrena Código emprende, un docu-reality empresarial protagonizado por seis emprendedores. Ya saben, esa palabra hueca que sirve para todo y sirve para nada porque emprendedor es el parado “obligado” a buscar un hueco en un ecosistema laboral cada vez más inhóspito, y como “emprendedora” (¿?) es como en alguna ocasión han presentado en ETB2 a Isabel Muela, hoy tertuliana, en la anterior legislatura consejera de Turismo (¿en serio, “emprendedora”?). A lo que voy: un espacio “de servicio público, didáctico y positivo” que comienza, chachán, ¡a las 23:30! Será que esas mismas personas que aprueban la propuesta, la hacen posible, contratan a Juan Ramón Lucas para que la presente y nos la venden como apuesta seria consideran que su apuesta es tan seria que bien merece que nos desvelemos ante la televisión. ¿Ustedes creen?

Patio de vecinos

Que una de las funciones de los medios de comunicación es la de proporcionarnos material para engrasar eso de las relaciones sociales y el sentido de pertenencia es algo que se tiene claro desde hace mucho tiempo. Y la televisión, no nos engañemos, se sigue llevando la palma a la hora de proponer al vulgo, del cual tanto usted como yo formamos parte, un amplio abanico de tramas, historias y personajes sobre los cuales departir con mayor o menor entusiasmo.

 Ahora que con el fin del año -que no del fin del mundo, que ahí tienen, otra de esas “preocupaciones colectivas” alimentadas, en este caso, por las decenas de películas de desastres que todas las cadenas se han aprestado a programar esos días- es momento de balances, les sugiero que le echen una ojeada a este ranking de personajes televisivos “odiosos” que han preparado en Periodista Digital. ¿Trascendencia? Ninguna. ¿Importancia? Menor todavía. ¿Siente usted algo parecido a la culpabilidad porque conoce, al menos, a media docena de los mencionados? No se preocupe. Ellos forman parte del pegamento que le une al resto de los vecinos de este patio. Nos guste o no.

¿Vuelven los noventa?

Ha sido un camino largo en el que se han encontrado con algunas piedras, pero ya es oficial: ayer, miércoles, [Enlace roto.]. Como resultado, el nuevo grupo dispondrá de ocho canales de televisión: Antena 3, Neox, Nova, Nitro, La Sexta, Xplora, La Sexta3 y GolTV -en régimen de alquiler-.

Esto en inversión publicitaria es mucho. Tanto como que el año pasado supuso el 42% del total de lo invertido en el medio. Mientras, Mediaset se llevó un porcentaje equivalente. De hecho,  entre los dos grupos sumaron el 85,6% del dinero que durante 2011 los anunciantes dedicaron a aparecer en televisión. La otra consecuencia de la fusión la aventura Borja Terán: el regreso de los grandes índices de audiencia a favor de la programación estrella de las “cadenas madre” de cada grupo, Telecinco y Antena 3.

Con unas autonómicas desiguales -ETB ronda el 10%, pero depende del día- y TVE1 también irregular -¿qué va a ocurrir en su franja de tarde ahora que sabemos que la próxima temporada de Amar en tiempos revueltos se emitirá en Antena 3 a partir de enero?- , aquellas que durante años fueron casi las únicas televisiones privadas crecerían a costa de las cadenas que han asimilado con menos de dos años de diferencia. Borja pone como ejemplo el fulgurante y reluciente éxito de La Voz, cuya segunda edición alcanzó anoche un 31,8% de audiencia, 26,5% en Euskadi. Cifras, ambas, incluso la nuestra, que hacía mucho tiempo que no se veían, y que se deben al excelente planteamiento del show que presenta Jesús Vázquez pero también a una estrategia de programación conjunta que no permite que Cuatro haga sombra al programa.

A mí me gustaría no tener tan claro que las fusiones tendrán este efecto. Es evidente que Cuatro se telecinquizó a velocidad vertiginosa, pero no sé si LaSexta va a diluir su personalidad tan rápidamente, ni tampoco si acompasará su parrilla a la de Antena 3 para darle lustro extra a programas concebidos para públicos masivos. Si es cierto que volvemos al duopolio de los noventa, al Barça-Madrid, al Apple-Samsung,… ¡qué aburrimiento!