Jefas

El viernes celebré el 8 de marzo asistiendo a un seminario sobre la relación entre medios de comunicación y mujer que resultó de lo más esclarecedor. Christina Scharff aseguró que la prensa británica ve con buenos ojos el feminismo fuera -fuera del Reino Unido, fuera de las comunidades hegemónicas; esas africanas que se empoderan en sus comunidades y aprenden a leer y a escribir para aspirar a una vida mejor, esas inmigrantes que superan barreras y se oponen a imposiciones religiosas… Sin embargo, no le duelen prendas en dibujar al feminismo de dentro, al que la rodea, como un movimiento ni atractivo ni justificado.

Cynthia Carter presentó algunos de los resultados de Who makes the news, un proyecto internacional de monitorización de las noticias en las que las mujeres son fuente, protagonistas u objeto de interés. Pueden descubrirlo por su cuenta aquí, pero les diré que no me sorprendió comprobar que en el Reino Unido y en Irlanda se dibuja una tendencia peligrosa: en las redacciones los hombres tienden a hacerse cargo de asuntos económicos, política y sucesos, y las mujeres, de cuestiones… er… “femeninas”. Salud, hogar, celebrities… Esta desviación en origen delata presuposiciones, acorta perspectivas y exige una reflexión.

Hubo más voces. Sin embargo, el plato estrella lo sirvió Caroline Thomson, la mujer que más poder ha ostentado en el organigrama de la BBC: fue Chief Operating Officer, si bien sólo durante algo más de un año y de manera interina. Pueden imaginarse un discurso institucional, bonista, bienintencionado, reivindicando la independencia, la calidad y la responsabilidad de un grupo de comunicación cuyos servicios -radio, televisión o internet- son utilizados por más del 90% de la población al menos una vez a la semana. Las que hicieron diferentes la, aun obvia, interesante intervención de Thomson, fueron sus referencias a una indiscutible jerarquía masculina en la empresa para la que ha trabajado casi 30 años, la evidencia de que ante la cámara la edad no se juzga del mismo modo cuando quien cumplen años son ellas, y no ellos, y la asunción de que las jornadas parciales castigan más a las trabajadoras de la casa que a sus compañeros hombres. Dudo de que el resto de ex directivos de la BBC tengan estas reflexiones igual de presentes al valorar «su casa» en sus valoraciones públicas.

Todo esto lo decía una de las mujeres más poderosas de la industria audiovisual británica un día después de que [Enlace roto.]. Tradicionalmente, en la elección de ese puesto se ha cuestionado la filiación política del indicado, y parece que en este caso la profesionalidad de décadas de Iturbe ha prevenido valoraciones apriorísticas. No creo que nadie haya considerado a Iturbe en tanto que mujer y no en tanto que gestora. Pero pienso que ya era hora de que hubiera directora, y no director en EiTB. ¿Por qué? Porque yo sí estoy segura de que hay una manera femenina de hacer las cosas. El estereotipo de que somos más dadas al trabajo en grupo, a la empatía y a la practicidad es sólo eso, un estereotipo. Pero detrás de los estereotipos suelen aparecer trazas de realidad. Y estoy segura -y voy a tirarme a la piscina, en negro sobre blanco y sin red-, de que la manera de trabajar de las mujeres es mejor. Bastantes evidencias a lo largo de estos años me lo han demostrado. Iturbe tiene una difícil tarea por delante para volver a hacerlo valer. Suerte.

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.

La nada

Les aseguro que hoy pensaba hablar sobre lo sugerente que me parece que Maite Iturbe vaya a ser, según parece, [Enlace roto.]. Porque proviene de la producción audiovisual; porque es imposible no subrayar su perfil profesional por encima de consideraciones políticas; porque es “de la casa”, con lo cual se le entiende capacidad continuista para enlazar con la mejor tradición de EITB; porque ha dirigido el centro de Miramon, con lo cual es probable que tenga sensibilidad y determinación suficiente para dar impulso a la creación propia; y porque es mujer. Que aunque es un apriorismo, no me parece cuestión baladí.

También me habría gustado traer a estas líneas el estreno del programa de Ana García Lozano, que volvía ayer a las tardes de TVE1 con su eterno talk show sin, por lo visto, levantar muchas pasiones. Un 4,8% de audiencia no puede ser un buen comienzo. Sin embargo, voy a seguir con atención su evolución. Dediqué bastante tiempo al género de testimonios como para llegar a la conclusión de que una de sus características es que se intenta reinventar cíclicamente: lo hizo a finales de los 90, y es probable que tenga que volver a hacerlo ahora si es que pretende sobrevivir ofreciendo algo más que minutos de televisión a bajo coste.

Sin embargo, me encuentro con la noticia de que el programa de Antena 3 que pone a famosos a saltar en una piscina fue lo más visto ayer, y de que tenemos un nuevo artista multimedia dispuesto a dejarse despellejar a cambio de otro ratito más de gloria. Por supuesto que llevo tiempo leyendo informaciones, difundidas por goteo, referidas a Splash! -que, por cierto, se ha emitido en al menos otros siete países; en el Reino Unido por la ITV, cosas del formato (g)local-, sus participantes, su dinámica y su némesis en Telecinco.

Pero desde la distancia en la que me encuentro, sin posibilidad de tantear cómo respira el público, cuántas sonrisas displicentes provoca la sola mención de una recua de celebrities dispuestas a volver por sus fueros, o con cuánta intensidad se promociona el invento, les aseguro que el dato de audiencia no ha dejado de sorprenderme:  5.400.000 espectadores aguantando el bostezo a las doce y media de la noche para ver a Falete tirarse desde un trampolín. Así de trascendente. Ahí es nada. Esa es la nada. No tengo palabras.

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.