Más española que la tortilla de patata

Adivina adivinanza: ¿qué cadena de televisión ha doblado su audiencia en sólo un año y debe estar descorchando algún licor espiritoso bien ibérico para celebrar la triunfal acogida de su muy “edificante” programación? Bingo: Intereconomía TV alcanzó en noviembre el 1,4% de la cuota de pantalla media media global-, y para publicitar este hito les cedo amablemente como lema la frase que da título a esta entrada -y les recuerdo que ETB1 obtuvo en Euskadi sólo un 0,8% más-.

El logotipo de Intereconomía es un belicoso toro de color azul que parece presto a embestir al espectador incauto que por casualidad recale en alguna de sus tertulias. Dicen que adoptaron la imagen de éste animal como emblema en homenaje al toro de Wall Street. No en vano Intereconomía nació como televisión eminentemente financiera. Pero oigan, ya que tenemos el logo bien reconocible, aprovechemos para hacer unos contenidos igual de coherentes con esa agresividad extrema.

Intereconomía es un canal extremista, derechón, conservador a más no poder y si me apuran, un poco sectario: todos sus colaboradores están cortados por el mismo patrón, y todos sus programas son iguales entre sí -el presentador, sus tertulianos y la jovencísima becaria bien plantada salida de alguna universidad privada-, con lo cual es difícil encontrar voces que remen en dirección contraria. La derecha sin complejos está encontrando altavoces de lujo en la TDT, y pugnan por conquistar a una misma audiencia Veo7  y 13TV, pero está claro que la cadena del toro es quien mejor lo está haciendo: ha conseguido hacerse un hueco bien definido y con personalidad en medio del marasmo de las pequeñas cadenas casi intercambiables que ocupan más de un dígito en nuestro dial. Suyos son El gato al agua, Más se perdió en Cuba, o los programas de Juan Manuel de Prada, Cuca García Vinuesa o Manuel Torreiglesias -regular comunicador, pero ni médico ni doctor-. ¿A que les va sonando?

Por supuesto, puede que a usted también le dé pereza escuchar doctrinarias interpretaciones de la actualidad política de la mano de telepredicadores de tres al cuarto crecidos en su terreno. Pero tenga en cuenta el efecto de articulación que los medios de comunicación ejercen: tienen la capacidad de proporcionar a la ciudadanía argumentos en los que sustentar y defender sus propias opiniones. Y usted convendrá conmigo en que los aires neoliberales que soplan en toda Europa están plantando semillas también por estos lares. Propuestas radicales, críticas al desnortado gobierno Zapatero, y loas al catolicismo “bien entendido” no son del todo mal recibidas por una parte de la ciudadanía agobiada por siete años de gobierno socialista y más de tres de crisis económica, que encuentra la mesa camilla propicia para compartir vicariamente chivos expiatorios. Y que no duda en formar piña y sentirse respaldada por el peso de la comunidad virtual que tan bien maneja la cadena -y que se frota las manos con los ingresos atípicos que le llegan, por ejemplo, por la vía de los SMS-.

Puede que lo más divertido de Intereconomía sean algunos de los incendiarios mensajes de algunos de los espectadores más animados a compartir con el mundo su radical visión de la vida. Otra cuestión es si los gurús que han elegido son los más adecuados. Y para muestra les dejo este botón: